La AIE gira en un mes: del exceso de crudo a la escasez
En marzo de 2024 la Agencia Internacional de la Energía (AIE) se vio obligada a dar un giro de 180 grados a su diagnóstico sobre el mercado petrolero. El escenario pasó de estar protagonizado por un exceso de oferta a sufrir falta de crudo en cuestión de semanas. El detonante fue un error de previsión: el organismo esperaba en febrero un crecimiento de la demanda de
1,4 millones de barriles diarios (mb/d) en el primer trimestre; el dato real se disparó a
1,7 mb/d. Esos 300.000 barriles diarios de diferencia bastaron para romper el equilibrio. Los inventarios dejaron de crecer y empezaron a caer.
El
precio del petróleo respondió primero. El Brent, referencia europea, subía un 1% hasta rozar los
85 dólares por barril, cerca de máximos de seis meses, mientras el West Texas se colocaba por encima de los 81. Desde finales de 2023, el crudo acumula una subida superior al 10%.
¿Por qué la AIE se quedó corta en 300.000 barriles diarios?
La revisión tiene nombre y apellidos: Estados Unidos. La AIE atribuye el aumento a una mejora de las perspectivas estadounidenses y al tirón del etano para su sector petroquímico. Sobre esa base, el informe de marzo elevó el crecimiento de la demanda global para todo 2024 en
110.000 barriles respecto al mes anterior, hasta 1,3 mb/d, frente a los 1,2 mb/d que había pronosticado antes.
No es una cifra anecdótica. El crecimiento sigue sesgado hacia los países no pertenecientes a la OCDE, y cada décima de millón de barriles diarios que no se anticipa se traduce en tensión sobre unos inventarios que no estaban preparados para absorberla. El mercado pasó, literalmente, de acumular stock a vaciarlo. Cuando el ajuste llega por sorpresa, el precio lo cobra por adelantado.
La producción cae 870.000 barriles diarios pese al auge de EEUU
Aquí aparece la paradoja del trimestre. Con EEUU, Canadá y Guyana en pleno auge, la producción mundial cayó unos
870.000 barriles diarios entre el primer trimestre de 2024 y el último de 2023. El motivo no es geológico, sino climático y político: cierres por el
temporal invernal —frío, tormentas y nieve paralizaron pozos en Norteamérica— y las nuevas restricciones del bloque OPEP+.
Los principales productores del cartel, con Arabia Saudí, Rusia, Emiratos Árabes Unidos e Irak a la cabeza, anunciaron el día 3 de ese mes que ampliaban al segundo trimestre los recortes voluntarios de
2,2 millones de barriles diarios que ya aplicaban. La AIE espera que el relevo llegue después: para todo 2024 prevé un suministro global de
102,9 mb/d, 800.000 barriles más que el año anterior, con los países ajenos a la OPEP+ dominando el incremento a partir del segundo trimestre.
Los inventarios en tierra caen 180 millones de barriles desde julio
Las reservas mundiales de petróleo en tierra cayeron otros
38 millones de barriles el mes anterior al informe, lo que eleva la reducción acumulada desde julio hasta
180 millones. En paralelo ocurre algo menos intuitivo: el petróleo sobre el agua aumentó ligeramente, 115 millones de barriles, por los desvíos comerciales de los barriles rusos y por los disturbios en Oriente Medio.
Rutas marítimas más largas y velocidades más rápidas. El resultado es que el abastecimiento de combustible
búnker en Singapur alcanzó máximos históricos. La geopolítica no solo encarece el crudo: también consume más energía para mover el mismo barril.
Rusia exporta 140.000 barriles diarios menos y sus ingresos bajan un 1%
Las exportaciones rusas de petróleo cayeron en
140.000 barriles diarios en febrero respecto al mes anterior, hasta los 7,6 mb/d. Los ingresos por esas ventas disminuyeron un 1% intermensual hasta los
15.700 millones de dólares, con los menores volúmenes compensados solo en parte por los mayores precios del crudo.
¿Se está agotando el petróleo? Peak oil frente a las tesis que niegan el límite
La escasez de crudo reabre un debate que llevaba años aparcado. Una corriente de análisis lo enmarca en el
peak oil: el momento en que la producción mundial toca techo y ya no puede crecer, con el consumo empujando los precios por encima de la capacidad de extracción. Otra parte sostiene lo contrario: que no hay límite geológico real, sino decisiones regulatorias —moratorias nucleares, prohibición de prospecciones, fechas límite al motor de combustión— que convierten una restricción política en una escasez de mercado.
Y hay una tercera vía, minoritaria, que niega directamente el agotamiento: la hipótesis, defendida por algunos participantes del debate, de que el crudo se genera de forma continua en el subsuelo y sería prácticamente inagotable. Esa tesis se expone sin aportar ninguna evidencia que la sostenga. Quienes alertan del techo productivo recuerdan que hace dos o tres décadas apenas había conflictos abiertos por la energía y hoy se suceden. La discusión, en todo caso, no está cerrada.
Movilidad, queroseno y aviación: dónde se juega el consumo
Más de la mitad del petróleo va a movilidad, y ahí se libra la batalla. Las normas europeas sobre emisiones de los coches de combustión, con excepciones para fabricantes de nicho y retirada de vehículos con determinadas averías, se leen por parte de algunos foreros como un mecanismo de racionamiento encubierto. En aviación, el sector turístico ha alertado del impacto de un impuesto al queroseno en Cataluña, mientras algunas aerolíneas advierten de un
mazazo a la temporada.
La clave no es lo que cuesta un billete, sino cuánta demanda se destruye cuando el precio sube. Y ese ajuste no es lineal: sube, se cae el consumo, baja, vuelve a subir. Un mecanismo que amortigua la subida a costa de encoger la economía.
Con el Brent rozando los 85 dólares y los inventarios vaciándose, la pregunta de fondo sigue sin respuesta: si la economía puede soportar el coste de la transición energética sin romperse por el camino. Entre los foreros hay quien sostiene que la inflación da tregua y que los mercados descuentan bajadas de tipos mientras el problema del crudo continúa ahí, estructural. Nadie sabe si el ajuste llegará por precio, por regulación o por límite físico.