El peak oil silencioso: la escasez que se administra sin decirla
El petróleo barato pudo tocar techo antes de la pandemia y nadie lo anunció. Esa es la tesis que sostiene un ejercicio de economía-ficción que, a fuerza de encajar piezas, termina explicando casi todo lo que vino después: el confinamiento, la inflación energética, la guerra de Ucrania y el regreso del dólar como arma. El planteamiento no pide creer que ocurrió, sino imaginar el mundo que veríamos si hubiera ocurrido. Y lo incómodo no es el escenario, sino la cantidad de titulares que caben dentro.
La tesis: el techo llegó en 2018 sin avisar
El punto de partida es un número tozudo. La demanda mundial de crudo, en torno a
100-105 millones de barriles diarios, crecía de forma sostenida aproximadamente entre
1 y 1,5 millones de barriles al día cada año en periodos de expansión. No son un millón una sola vez: hay que añadirlos cada ejercicio. Sumando el declive natural de los yacimientos ya en producción, el sistema no solo tiene que encontrar ese extra, tiene que compensar lo que se apaga. Si ese techo llegó y se ocultó, el motivo sería tan simple como brutal: anunciar una restricción estructural dispararía el acaparamiento, el pánico financiero y una pelea inmediata por los recursos.
La escasez administrada sería preferible a la escasez conocida.
¿Por qué el crudo se hundió en 2020 si faltaba petróleo?
Aquí el ejercicio se pone interesante. Si acabara de producirse el máximo, lo lógico sería un petróleo carísimo. El confinamiento hizo lo contrario: destruyó la demanda tan de golpe que generó sobreoferta y desplomó el precio. Los datos físicos están ahí. En
2020 la demanda cayó unos 8,5 millones de barriles diarios, la mayor caída anual registrada; en
abril llegó a estar unos 29 millones por debajo del año anterior, según la IEA. En mayo, la producción mundial había caído alrededor de
12 millones de barriles diarios mientras la OPEP+ pactaba recortes cercanos a
10 millones. Lejos de refutar la hipótesis, el desplome del precio contribuiría a taparla.
¿Transición o miseria? El problema de saber por qué cae la demanda
Que la demanda baje no dice por qué baja. Si lo hace porque el parque se electrifica y en China se instalan renovables a mansalva, es transición. Si cae porque el gigante asiático entra en deflación, el ladrillo revienta y el ciudadano medio no tiene un yuan, entonces no se ha sustituido el petróleo: se ha matado la demanda por pobreza. Hay quien sostiene en el hilo que las cifras apuntan a lo segundo en el arranque: según un cálculo que circula en el debate, China recortaría cerca de un millón de barriles diarios este año y la OPEP esperaría una caída de
20 millones para 2030 sobre los 150 que se mueven. La duda no es si cae, sino quién la está matando.
Del crudo a los bioplásticos: hasta dónde llega el sustituto
Como se apuntó en el debate, el relevo tecnológico tiene límites que casi nadie menciona. La química fina, los plásticos técnicos, la farmacia y los disolventes no salen de un panel solar. La vía CO2 más hidrógeno verde da metanol y olefinas, funciona en planta, pero exige más energía y más pasos que la nafta del crudo:
la termodinámica no negocia. En sanidad, los PHA y el PLA llevan décadas dentro del quirófano en suturas y tornillos reabsorbibles, pero no sustituyen al PVC de tubos y circuitos de diálisis. Y la fusión, el as que siempre está en la manga, lleva setenta años estando a treinta años de distancia.
El ejercicio tiene un mérito incómodo: obliga a mirar cada titular de energía con una pregunta nueva. Y ahí se atasca. Porque si el techo llegó y nadie lo dijo, ninguna cifra oficial sirve ya para confirmarlo. Y si no llegó, hay demasiadas coincidencias para dejarlo pasar sin más.