Andalucía cierra el grifo a las piscinas privadas en plena sequía
¿Se puede llenar una piscina privada en Málaga o en el Campo de Gibraltar? No. La Junta de Andalucía ha prohibido el llenado de piscinas de uso privado y de comunidades de vecinos en esas dos zonas, las que arrastran una situación de sequía excepcional. La medida, adoptada por unanimidad en las comisiones de gestión de la sequía de las Cuencas Mediterráneas Andaluzas y del Guadalete-Barbate, deja fuera del veto a las piscinas públicas municipales, las de clubes deportivos o sociales, las destinadas a fines terapéuticos en centros sanitarios y las de alojamientos turísticos inscritos en el registro oficial de la Junta.
El secretario general de Agua, Ramiro Angulo, presentó la decisión como un ejercicio de «equilibrio y eficiencia» de los recursos disponibles. La letra pequeña importa: no se prohíbe el agua para refrescarse, se prohíbe el agua para el particular que tiene una piscina en su chalet o en su bloque. El turista, el club y el centro de salud quedan a salvo. La sequía, un año más, la pagan los mismos.
Qué se puede y qué no se puede hacer con el agua este verano
La norma distingue entre usos. El llenado de piscinas privadas queda prohibido en la provincia de Málaga y en el Campo de Gibraltar. Sí se permite, en cambio, el de piscinas públicas municipales, las de clubes deportivos o sociales, las que se destinan a fines terapéuticos en centros sanitarios y las de alojamientos turísticos que figuren en el registro oficial. Es decir, el agua sigue corriendo para el negocio turístico y para la administración, pero no para el vecino que quiere llenar la suya.
Las comisiones también acordaron revisar las medidas de ahorro vigentes tras las lluvias. El Guadalete-Barbate ha recibido 45 hectómetros cúbicos y las Cuencas Mediterráneas, 22. Angulo pidió esperar «un par de semanas» para estudiar la revisión con las escorrentías ya terminadas. Dentro de quince días volverán a convocarse las comisiones para evaluar la situación hidrológica y valorar una posible reducción de las restricciones.
El agua que se pierde por el camino y la que se gana en el pantano
Mientras la Junta anuncia restricciones al particular, hay quien pone el foco en lo que no se mide. Un cálculo que circula en el debate sostiene que durante las lluvias de febrero la cuenca del Guadalquivir no retuvo el agua y lo tirado al mar bastaría para abastecer durante un año, o varios, al resto de cuencas andaluzas, mucho más secas. La comparación no es menor: si el agua se desembalsa sin aprovecharse, la sequía deja de ser un fenómeno meteorológico y pasa a ser una decisión de gestión.
Otro dato que se repite: en febrero y marzo cayó agua suficiente para subir los embalses apenas un 8%, según los cálculos que manejan quienes siguen el asunto de cerca. El otoño estuvo dentro de la media y mayo y junio llovió por encima. El Guadalquivir llegó a desbordarse en algunos tramos. Y aun así, las restricciones siguen. La conclusión que sacan algunos es incómoda: el problema no es la falta de lluvia, es lo que se hace con ella.
¿Quién controla el agua y a quién le sube el precio?
La sospecha de fondo es económica. Si el agua escasea, sube. Y si sube, alguien gana. En el debate se apunta directamente a las eléctricas, a los fondos de inversión que gestionan explotaciones agrícolas y a la propia administración, que necesita justificar subidas tarifarias. La sequía, se argumenta, es también un relato útil: permite subir el recibo sin que nadie proteste demasiado.
Frente a eso, la versión oficial insiste en la eficiencia y en el equilibrio hídrico. El IV Decreto de Sequía, dicen, ofrece soluciones para que los sectores productivos puedan seguir operando. La agricultura, la industria y el
turismo tienen sus propias reglas. El ciudadano de a pie, no.
Piscinas de sal, agua de pozo y otras formas de esquivar la norma
En la práctica, controlar el llenado de una piscina privada es complicado. Hay quien sostiene que la mayoría se llena con agua de sondeo, no de la red. Y una piscina privada, una vez llena, conserva el agua: lo que se repone es lo que se evapora. Hay quien sostiene que la prohibición, en realidad, apenas cambia nada para quien tiene pozo. Para quien depende del grifo, sí.
El debate también ha dejado consejos prácticos: mantener la depuradora en marcha unas horas al día en invierno, usar invernadores, ajustar el pH a 7,4 y dar un tratamiento de choque con hipoclorito sódico antes del verano. Y una alternativa que se menciona: llenar la piscina con camiones cisterna, entre 400 y 500 euros por camión, dos camiones para casi llenarla.
La Junta revisará las restricciones dentro de quince días. Si las lluvias siguen aportando agua, es posible que se relajen. Si no, el verano volverá a ser el de siempre: piscinas públicas abiertas, privadas secas y una pregunta flotando en el aire. ¿Alguien ha visto realmente a un inspector midiendo el nivel de un chalet?