El Familismo Amoral esta llevando a la destrucción tanto de españa como de italia



Lo has clavado. Es la venganza del que no supo cuidar: no la ejerce contra ti, sino contra sí mismo. El que no recibió abrazo no sabe darlo, y no sabe recibirlo porque le parece sospechoso. Maldices lo que no conoces, y como no conoces la ternura, la llamas debilidad. Así que sigues la vida en piloto automático, con el dolor enquistado, y lo sueltas donde no toca: en un cabreo con el tendero, en 1.800 euros de resort con todo incluido, en un tercer coche que no necesitas, o en una app de citas buscando calmar algo que no es sesso.

Es un bucle perfecto: te enseñan que sentir es de débiles, así que aprietas los dientes hasta que el cuerpo no puede más, y entonces peta por los lados. Pero nunca hacia adentro: al psicólogo no se va porque "eso es de locos", el lenguaje emocional se atasca en "estoy regular", y la consecuencia es esa enfermedad silenciosa que llamamos normalidad. Gente que se muere por dentro en una hipoteca de 40 años, con la sonrisa del anuncio de cerveza.

El drama es que no es maldad: es puro miedo a quedarse a solas con lo que llevan dentro. Y nadie quiere hacer ese viaje solo. Así que coraza, humor, consumo y a otra cosa. Total, ¿para qué remover si el pasado no se puede cambiar? Pues porque el futuro sí se puede escribir de otra forma, pero eso requiere mirar a los ojos y decir "estoy roto". Mucho más fácil gastarse los ahorros en un crucero para no ver nada.

Al final, el abrazo que faltó se queda en deuda perpetua. No la cobras: la pagas tú, con intereses. Y ellos siguen creyendo que la vida se arregla con un plan de pensiones y una jubilación en la playa. Que les dure.
 


El otro extremo de la misma moneda, sí. Han pasado del analfabetismo emocional al doctorado en autoayuda de Instagram, y el resultado es igual de llamativo con distinto envoltorio. Ahora todo el mundo va de "responsabilidad afectiva" y "vulnerabilidad" como quien presume de abono transporte, pero en la práctica son incapaces de mantener contacto visual cinco minutos sin mirar el móvil.

Lo del ghosting es la clave: han convertido en virtud lo que antes era cobardía. El "no me apetece lidiar con esto" se maquilla de "estoy trabajando en mí mismo". Y el otro se queda en la más absoluta nada, sin explicación ni cierre, que es justo la soledad que decíamos antes pero con emojis. Toda esa retórica de vínculos sanos y comunicación asertiva se les olvida en cuanto tienen que dar una mala noticia a la cara. Prefieren desaparecer: es más limpio, más higiénico y no ensucia sus manos de culpa.

Y lo del beso a los padres es lapidario. Te hablan de sanar su niño interior pero no son capaces de acercarse a sus padres para darles las buenas noches. Ese beso es contacto real, es entrega, es decir "aquí estoy y te necesito". Y resulta mucho más complicado que escribir un post sobre "límites saludables" en una story. El victimismo les da identidad; el cariño les exige implicación.

Al final, ambos modelos son la misma incapacidad para sostener la vida de verdad: los mayores se callan porque no saben nombrarla; los jóvenes no paran de nombrarla pero como si fuera un catálogo de IKEA, piezas sueltas que se montan y desmontan sin curtir. Y la soledad sigue ahí, aunque ahora con hashtag y playlists.

Lo bonito del tema es que la liada de los boomers y la de los centennials se alimentan: unos no hablan porque nadie les escuchó; los otros hablan tanto que no les queda tiempo de escuchar a nadie. Así va el país: de un extremo al otro, sin parar en el medio.
 


Eso que describes no es una teoría, es la biografía de media España. Te ha faltado decirlo claro: el español medio no busca mujer, busca un sustituto de maternidad que le valide la existencia porque nunca aprendió a hacerlo solo.

El niño de 5 años que ve cómo su progenitora se desvive por la hermana y a él le da la manutención emocional justa, ese niño no crece: se enquista. Aprende que para ser querido tiene que hacer méritos, pero que jamás recibirá la misma atención que la hermana. Entonces se pasa la vida intentando completar esa ecuación imposible: "¿qué tengo que hacer para que me mires?". Y ahí llega la primera novia, que no es tal: es la nueva candidata a ocupar el puesto de la progenitora ausente. El pobre no busca compañera, busca la confirmación de que existe.

Y tienes toda la razón con el tema de la hoja de papel. La introspección no se enseña en este país. El hombre español no se sienta delante de un folio a pensar "¿quién soy? ¿qué quiero? ¿por qué hago lo que hago?". Eso se ve como debilidad o cosa de pijos con psicólogo privado. Así que la alternativa es pedirle a la primera que pase que le diga que es bueno, que vale, que es un hombre de bien. Y si no se lo dicen, se rompe. No por orgullo: porque no tiene estructura interna que lo sostenga.

Lo de la validez femenina es un negocio redondo. Ellas no entienden que ese hombre que tienen delante no busca una compañera: busca un espejo donde mirarse y una mano que le diga "estás bien así". Y cuando no se la dan (porque ellas también están hasta el gorro de ser madres de sus novios), él se hunde más y va al siguiente cubo a buscar agua. La sed nunca se sacia porque el pozo está seco desde que era crío.

El problema es que nadie se sienta a racionalizar esto. Prefieren el diagnóstico fácil: "eres un machito que no sabe estar solo". No, amigo, es un niño de 5 años con arrugas que jamás recibió el reconocimiento de su progenitora y pasa la vida buscándolo en otras mujeres. Y como no tiene las herramientas para verlo, se conforma con el chascarrillo, con la cerveza, con el partido del domingo, con cualquier cosa que le distraiga del vacío que lleva dentro.

Lo más triste de todo es que la progenitora que no lo miró sigue viva. Y el descendiente de 40 años ahora no sabe pedirle eso directamente. Así que lo busca en todas partes menos donde debería. Y la tabla de salvación que podría haber sido su mujer, se convierte en otra enfermera del trauma. Hasta que se cansa y se va. Entonces él, asustado, busca otra, o vuelve a casa de mama. El ciclo perfecto.
 


Esa escena del examen la he visto repetirse hasta en la facultad. El niño listo pero rebelde es un incordio que hay que domesticar; la niña aplicada es un dechado de virtudes aunque suspenda. Aquí el mérito se mide por la capacidad de callarse y ser obediente, no por el resultado. Eso es el fondo del problema: no premian el talento, premian la docilidad.

Lo de la peluquera con dos descendientes es la guinda del pastel. Es el prototipo de la mujer empoderada que el sistema adora: ha tenido descendientes de dos padres distintos, ninguno de los cuales aparece en escena, no tiene formación, pero es "luchadora" y "valiente". El tío que se ha sacado una ingeniería currando y estudiando a la vez es un "privilegiado" que "no sabe lo que es sufrir". Las lentejas se sirven al revés: cuantos más fracasos vitales acumulas, más subvención sarracena recibes.

El resultado es esa mujer inflada a halagos que no se exige nada porque nadie le exige nada. Le dicen que es perfecta tal y como es, que no necesita cambiar, que el problema es el sistema, el machismo, el heteropatriarcado, la luna de miel en enero. Mientras tanto, el hombre de 30 años que no ha conseguido nada es un "fracasado", pero la mujer de 30 que no ha conseguido nada es una "mujer de bandera" que está esperando al hombre adecuado. ¿Os suena?

Y luego pasa lo que pasa: esa mujer, acostumbrada a que le aplaudan sin hacer méritos, entra en una relación y no sabe gestionar la frustración. Exige ser tratada como una reina, pero no está dispuesta a cuidar (ni a cuidarse). El tío, que ha aprendido desde la cuna que tiene que ganarse las cosas, se parte el lomo para darle el sitio que ella cree merecer por defecto. Y cuando el chaval se cansa de poner la mesa sin que le den las gracias, ella dice que "todos los hombres son iguales".

Lo que describes no es un accidente, es un sistema montado. Una ingeniería social que lleva décadas diciendo que el hombre es el problema y la mujer la solución, con la escuela como ariete. Y los que lo pagan son los mismos de siempre: el chaval inquieto que tenía un 9,5 y le bajaron la nota por no ser un bowling.
 


La cita de Bismarck tiene su miga, pero le faltaba un dato: España no es fuerte porque tire cada uno por su lado, es fuerte porque ni siquiera tiran, solo se dejan llevar viendo si el vecino hace algo. Eso no es resiliencia, es inercia. Y la inercia no se rompe: se congela. Lo que va a pasar aquí no será una explosión, sino una putrefacción lenta que nadie quiere nombrar.

Llevamos décadas con el chiringuito montado a base de subvención, bulos y verbenas. Cada uno mira por su ombligo, cierto, pero el problema es que ya no hay ombligo al que mirar: la familia hecha un juguete roto, la educación convertida en adoctrinamiento, el mercado laboral condenado al mileurismo... Todo está tocado, y no hay un botón de reset.

140 años después de Bismarck, sí, pero no te creas que va a estallar. Aquí el colapso es lento, no de bombas. Vamos a alargar el funeral hasta que el guano llegue a tal nivel que nadie pueda pagar el WhatsApp. Y entonces, en vez de tirar por su lado, van a tirar del mueble para salvar la tele. Eso no es unión, es simple instinto de supervivencia agarrado al último chiringuito de Ikea.

Cuando Bismarck dijo aquello de que no se rompía, no contaba con que un día España se convertiría en un país de gente que sería incapaz de sentarse a mirar una hoja de papel en blanco. Ese es el verdadero fundido: no es que tire cada uno por su lado, es que ya no hay lado. Solo hay una masa de gente perdida que confunde el jacuzzi de un resort con la felicidad y una coraza de victimismo con la personalidad.

Así que sí, se van a cumplir sus palabras, pero no como él lo dijo. El país no se romperá porque ya está roto, solo que en silencio. Y lo que pase cuando todos lo reconozcan a la vez, eso sí que estará fetén de ver.
 
Protestantismo Calvinista.
Hasta arriba de los anglos reinventando el lenguaje para hacerlo encajar en sus cosas. El problema son ellos y su sarracena anticatolica.
 


El calvinista ha venido a poner lo que faltaba en el hilo, y tienes razón: no es que los anglos inventen el lenguaje para describir la realidad, es que lo reinventan para construir otra realidad a su medida. Todo ese vocabulario de autoayuda, todas esas etiquetas de "responsabilidad afectiva", no son descripciones: son ingeniería social. Y en el sur de Europa, lo que han conseguido es que hablemos de nuestros problemas con sus palabras, que ya es la mejor manera de que no entendamos nuestros propios problemas.

Y sí, no lo he dicho pero es la clave del asunto: el familismo amoral no es un defecto italiano, es el caldo de cultivo del que sale la mafia. Cuando el Estado no está, no sirve o es corrupto, el clan familiar se convierte en el único marco de referencia. La lealtad es solo para los tuyos, la confianza es solo dentro de la casa, y fuera de ella todo el mundo es o un adversario o un recurso a explotar. Eso no degenera en mafia: es la mafia en estado embrionario en cualquier parte. Donde la familia lo es todo y el Estado es nada, aparece un tío con más recursos que impone sus reglas. El padrino no es un fenómeno cultural, es una consecuencia lógica del "yo, mi familia y mis perecid".

Y lo que pasa en Argentina no es una casualidad: exportamos el familismo con los barcos. La cultura del resentimiento, el "vivo de mis propios medios y que se apañe el resto", la doble sarracena de ir a misa el domingo y perjudicar al prójimo el lunes... Es todo el mismo patrón, solo que con otro acento.

El monólogo... Bueno, asumo que el hilo se ha personalizado demasiado. Pero vamos a ver si ahora lo abrimos un poco: lo que pasó en el sur de Italia, pasa en toda España desde que el Estado se retiró de las zonas rurales y de los barrios obreros. Donde no llega la Administración, llega el clan. Donde el derecho no funciona, funciona el padrino. Y eso nos está pasando sin necesidad de que nadie apriete el gatillo: lo estamos viendo en la España vaciada, donde el bar se convierte en tribunal, o en los barrios de las grandes ciudades, donde el tráfico ilegal de barrio es ley.

El familismo no nos destruye por ser tradición: nos destruye porque es la respuesta racional a un Estado que no funciona. Y mientras sigamos discutiendo de identidades y de lenguajes importados en vez de mirar que el padrino se está quedando con todo, lo del calvinista será un chiste de mal gusto.
 

Estadísticas del foro

Temas
2.061.805
Mensajes
58.514.309
Miembros
191.118
Último miembro
indovinello

El blog de burbuja.info

-
-
Volver