Twitch definitivo y YouTube borra el histórico de Simón
La misma noche se caen dos cosas: el canal de Twitch y el grupo de Telegram. El hilo lo da por cerrado, cuarto ban y esta vez sin vuelta atrás, y lo confirma quien lo cuenta desde dentro. Días después llega la segunda estocada: YouTube elimina «SS Conexión», el histórico con cientos de vídeos y directos. Un participante lo resume como la pérdida de «miles de suscriptores, cientos de vídeos y un montón de horas editando». El canal respira ya solo en Kick, con el móvil y wifi ajeno, y con la impresora cayendo por la terraza en pleno directo.
Qué se ha sabido
El doble baneo entra en el tramo como una alerta que varios foreros dan por hecha:
Twitch y Telegram caídos la misma noche. El debate sobre si es recuperable dura poco: se impone la versión de que es el
cuarto ban de Twitch y que ya no hay vuelta. Al histórico de YouTube le dan por perdido para siempre. Un mensaje aparece para decir que su canal vuelve a funcionar; otro, para decir que no le sale por ningún lado.
Los medios siguen sumando. Se enlaza el reportaje de El País Icon del
18 de marzo sobre influencers autodestructivos, que entra con el enlace pelado:
🔗
elpais.com
También se cita a El Plural, que anuncia entrevistas para los próximos días, y aparece la
edición de papel de El Mundo, en su sección «La base», con el detalle de que han salido ahí «para más recochineo». La etiqueta «narcoreality» que trae uno de los artículos se queda pegada al hilo. Entra además el vídeo de estreno de Papanoel Recopilatorios, que la comunidad comenta casi en tiempo real:
Y un youtuber de fitness, John_mh, le dedica un vídeo que varios celebran.
Las cifras del tramo las va soltando el chat. Un recuento enumera lo que queda por tapar:
6 meses de alquiler a la madre,
400.000 euros reclamados por los socios tras el vídeo viral,
1.200.000 en el asunto de Macedonia,
359 euros de descubierto en el banco y
6.000 euros prestados a gente que no está ni en Twitch ni en YouTube. A eso suman el pufo del token y el de Neotecalia.
Del juego se apuntan cantidades que no cuadran:
200.000 ganados en un solo día, luego corregidos a
20.000 «ganados offline» de los que quedarían 7.500, pero el comprobante del retiro solo se enseña a quien dona. Otra noche se habla de
7000 euros que se van en apuestas de 15 euros lanzadas de dos en dos. El hilo no se pone de acuerdo en si esas cantidades existieron o fueron un cebo.
La escena más turbia la firma una visita. Dos hombres entran en pleno directo, uno de ellos apodado por el chat, y varios foreros leen el momento como una auditoría de deudas. Uno lo describe como una escena de cine; otro avisa de que con dinero de por medio «la cosa cambia». Esa noche, según cuentan, se levanta una barricada en la puerta por miedo a que vengan a cobrar.
Dónde está la bronca
Primera pelea: de quién es la culpa. Un frente sostiene que quien pone dinero en esto se merece lo que le pase, y lo compara con casos clásicos de ahorro popular que acabaron igual. El otro responde que la responsabilidad es de quien promete. El hilo no se mueve de ahí.
Segunda pelea, y la más larga del tramo: qué sustancia es la que aparece en pantalla. Dos participantes se enzarzan durante páginas sobre si dos formas fumadas de cocaína son lo mismo o no, con enlaces a un artículo para apoyarse y correcciones cruzadas sobre los términos que se usan en cada país. Terminan de acuerdo en la forma y sin ceder en el nombre: «dejemos las terminologías», zanja uno. En medio, otro forero cuenta su propia experiencia y avisa de que quien entra ahí «no sabe dónde se ha metido».
Tercera: si es teatro o está mal de verdad. Una parte defiende que hay algo de montaje para sacar donaciones y aun así reconoce que no se le ve bien. Otra lo tiene claro: «no creo que esté fingiendo». Se cuela un tercer debate, sobre la medicación que menciona en voz alta, con un forero explicando por qué un antipsicótico no es un simple tranquilizante y otro corrigiendo el nombre del fármaco. Sobre el reportaje de El País cae una bronca aparte: un participante lo llama directamente «una soplapollez mayúscula» y sostiene que el texto trata a la audiencia como si fuera cómplice.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el debate de la ruptura. Ya no se discute si hubo o no: un mensaje zanja que están juntos por la calle haciendo el loco, y el hilo pasa página. Lo que sí cambia es el suelo: sin Twitch y sin YouTube, la predicción que circulaba de que el directo aguantaría cae por su propio peso. Alguien lo escribe sin rodeos: «la derroición» ya no tiene dónde caerse.
Entra un asunto nuevo y feo: la presencia física de terceros reclamando lo que se debe. Un forero deja escrito que hace un mes él ya soñaba con que vinieran a hacerle daño, y ahora están en el salón. El hilo lo mira entre la ironía y el aviso.
Y una frase que recorre las últimas páginas. El propio protagonista, al verlo venir todo, contesta que «si ya estoy muerto». Nadie se ríe del todo.
Cómo se sostiene ahora mismo
El modelo se ha quedado en una sola vía: donaciones y juego en directo. Un mensaje lo escribe como etiqueta: «cibermendicidad». El pago de la factura, el tabaco, la cena, los bocatas de pollo: todo pasa por el chat. Un forero calcula que las pérdidas diarias del juego se cuentan por cientos, y que el dinero que entra sale el mismo día. El curso vitalicio aparece rebajado casi a nada, y quien lo comenta añade el motivo sin adornos: quien lo vende no cree que dure.
Hay quien ha llamado a familiares para intentar un ingreso. Otros lo dan por perdido y hablan de dos finales posibles, uno médico y otro peor. El hilo no cierra nada. Sigue contando lo que pasa, noche a noche, con la misma mezcla de chiste y aviso con la que empezó.