El 80% de las mujeres de 26 a 35 años no saldría con un desempleado
¿De verdad el amor lo puede todo? Una encuesta de la agencia de búsqueda de pareja Parship, publicada en 2009 y recuperada ahora, dejó un dato incómodo:
el 80% de las mujeres españolas de 26 a 35 años no iniciaría una relación con alguien que llevase meses o años en paro. Entre los hombres de la misma franja, el 68% no lo vería problema. La brecha de género en la pregunta es de 31 puntos en el cómputo general: 49% de ellas reacias frente al 25% de ellos. Quince años después, el asunto se ha reabierto con una pregunta de fondo: ¿sigue vigente aquel porcentaje o se ha quedado corto?
Qué decía exactamente la encuesta de Parship
La agencia online encuestó a
2.500 personas solteras mayores de 18 años y les planteó un escenario concreto: conoces a alguien muy afín, con quien podrías formar una familia, pero lleva mucho tiempo sin trabajo o tiene dificultades habituales para encontrarlo o mantenerlo. ¿Te plantearías no iniciar la relación? El 80% de las mujeres de 26 a 35 años respondió que sí, que no empezaría nada. El motivo que se desprende de las respuestas:
no se sentirían a gusto si uno mantuviese al otro la mayor parte del tiempo.
El contraste con los hombres del mismo grupo de edad es notable. Para un 68% de ellos, la situación laboral de la pareja no sería obstáculo: primarían el amor y el deseo mutuo. La propia agencia interpretó el resultado como confirmación de una visión tradicionalista de los roles: se acepta mejor socialmente que sea él quien aporte el ingreso principal al hogar. En el conjunto de todos los grupos de edad, la brecha se estrecha pero no desaparece: 49% de mujeres reacias frente a 25% de hombres. Y la resistencia femenina
pierde fuerza conforme avanza la edad.
Qué ha cambiado quince años después
El debate posterior al artículo apunta a que el porcentaje se ha quedado obsoleto por abajo. Hay quien sostiene que
hoy el rechazo alcanzaría al 100% de las mujeres, no al 80%, y que las jóvenes podrían tolerar un paro temporal, pero a partir de los 30 la tolerancia se desploma. Otros matizan: el rechazo no sería al desempleo en sí, sino a la falta de ingresos, con independencia de su origen. Un rentista con cinco pisos que no trabaja, señalan, no tendría problema alguno en encontrar pareja.
La discusión deriva hacia un asunto más incómodo: la relación entre dinero, estatus y atractivo. Se argumenta que la mujer se fija en la posición social y el empleo, mientras el hombre se fija en otros atributos. Un caso concreto que circula en el debate lo ilustra: una joven empezó a salir con un desempleado, él encadenó trabajos precarios, se recolocó como conductor de metro con complementos y ahora, según este relato,
sus amigas jipían al verlo. El cálculo completo, con las cifras de complementos incluidas, da para un análisis aparte.
La trampa del mercado laboral español
Hay un factor que la encuesta no aísla y que el debate sí pone sobre la mesa:
la calidad del empleo. No es lo mismo estar en paro que encadenar contratos basura. Se argumenta que en España un trabajo precario no permite ahorrar, no proyecta nada y desgasta física y moralmente, de modo que rechazar a un desempleado puede ser, en realidad, rechazar una vida entera de precariedad. La crítica apunta a que el mercado laboral convierte el empleo en un requisito de entrada a la vida adulta, no en una etapa.
A eso se suma la lectura demográfica. Un análisis recurrente en el debate sostiene que la soltería se concentra en dos extremos: hombres sin trabajo y mujeres con mayor formación.
Ellas exigen más cuanto más tienen, y ellos valen menos cuanto menos tienen. La combinación produce un desajuste que ninguna agencia de citas resuelve.
El contrato social roto
La conversación deriva hacia algo más amplio que una encuesta de citas. Se sostiene que el modelo de familia basado en el esfuerzo compartido y el proyecto a largo plazo se ha sustituido por otro de disfrute inmediato: si no hay diversión, hay patada. La falta de compromiso, la irrupción de aplicaciones de citas y la idea de que siempre hay una opción mejor en la siguiente pantalla alimentan esa lectura.
El que no puede pagar planes queda fuera del mercado, no por feo, sino por tieso.
La ironía final la firma el propio dato: una encuesta de 2009 sobre si saldrías con un parado sigue dando que hablar quince años después. Si el porcentaje se ha movido, ha sido para arriba. Y mientras tanto, el debate sobre por qué seguimos midiendo el amor en nóminas continúa exactamente donde lo dejamos.