Garzón renuncia a la consultora de Blanco y Alonso tras la polémica
Alberto Garzón, exministro de Consumo y excoordinador de Izquierda Unida, había aceptado incorporarse como socio a Acento, una consultora de asuntos públicos fundada por el socialista José Blanco y presidida por el popular Alfonso Alonso. El anuncio desató una tormenta en el espacio político de la izquierda alternativa, que durante años hizo de las puertas giratorias su principal arma arrojadiza contra el PP y el PSOE. Garzón terminó renunciando al fichaje «con la intención expresa de no dañar a las organizaciones a las que tanto tiempo y energía he dedicado», según comunicó él mismo.
Quién es quién en Acento: Blanco, Alonso y el exministro de IU
La consultora no es un despacho cualquiera. La fundó
José Blanco, exministro de Fomento del PSOE, conocido por el episodio del maletín en una gasolinera durante el caso Campeón. La preside
Alfonso Alonso, expresidente del PP vasco, exministro de Sanidad y exalcalde de Vitoria. Sobre el papel, Acento vende «asuntos públicos», un sector que, según algunos participantes del debate, depende del tráfico de influencias. El propio Alonso lo describía así: «Entendemos la política y comprendemos la empresa desde una conciencia abierta y un conocimiento profundo, y creemos en nuestra capacidad de contribuir en positivo a su interacción».
Garzón nunca había trabajado en el sector privado. Toda su trayectoria había sido política, institucional o académica. Su llegada a una firma dirigida por dos pesos pesados del bipartidismo era, para muchos, la prueba definitiva de que el discurso contra las puertas giratorias era una pose. En 2016, el propio Garzón tuiteaba: «Al PP no le basta con saquearnos, además nos toma por el pito del sereno con sus puertas giratorias». Ocho años después, el escenario era el mismo, solo que con él dentro.
La reacción: dimisión exprés y burla en el espacio político
La renuncia llegó rápido. Garzón publicó un mensaje en redes anunciando que daba marcha atrás. «Tras la incomprensión suscitada en el espacio político, y con la intención expresa de no dañar a las organizaciones a las que tanto tiempo y energía he dedicado de mi vida, anuncio mi renuncia a incorporarme como tenía previsto», escribió. La marcha atrás no calmó los ánimos. En el espacio de la izquierda alternativa, la sensación era de traición consumada. Quien fuera coordinador de IU durante siete años, el partido que se definía como comunista y anticapitalista, terminaba en la misma consultora que dos ministros del PPSOE.
La ironía era difícil de digerir. Durante años, Podemos e IU habían hecho bandera de acabar con las puertas giratorias. Garzón había prometido eliminarlas. Ahora, su nombre aparecía en la misma lista que la de los cargos que decía combatir. La consultora Acento, además, no es la primera puerta giratoria que se le atribuye al entorno. El caso Noos, la trama de Urdangarín, también era una consultoría. La diferencia, apuntan algunos, es que Urdangarín nunca fue ministro.
El precedente de Javier Solana y la memoria selectiva
No es la primera vez que un político español hace lo contrario de lo que predicaba. Javier Solana fue coordinador de la campaña contra la OTAN en 1982 y acabó siendo secretario general de la Alianza Atlántica. El giro de Solana se convirtió en el ejemplo canónico del cambio de chaqueta. El de Garzón es más modesto: no pasa de una consultora, pero el simbolismo es el mismo. Los que iban a terminar con la casta terminan en la casta.
La pregunta que sobrevuela es qué aporta Garzón a una consultora de asuntos públicos. No tiene experiencia empresarial, no ha gestionado presupuestos privados, no ha dirigido equipos fuera de la política. Lo que aporta es lo que aportan todos: contactos, conocimiento del BOE y capacidad de intermediación. Es el mismo perfil que Blanco y Alonso. La consultora no vende análisis técnico; vende puertas.
Qué pasa ahora con Garzón y con Acento
La renuncia deja el fichaje en el aire. Garzón no se incorporará, al menos de momento. Acento sigue con su plantilla de exministros. La puerta giratoria, en todo caso, sigue funcionando para otros. La política española tiene una larga tradición de reconversión: ministros que pasan a consejeros, consejeros que vuelven a ministros, y consultoras que sirven de sala de espera entre ambos mundos. Garzón quiso cruzar esa puerta y se encontró con que la puerta se cerraba de golpe. No por convicción, sino por cálculo. La dimisión no borra el intento. Solo lo pospone.
Nota: este artículo se basa en la información publicada en los medios citados y en las declaraciones públicas de los protagonistas.