De dónde sale el dinero cuando dos nóminas modestas pagan un Mercedes
Un repartidor de Correos que trabaja de lunes a viernes por la mañana y dos sábados al mes. Su mujer, de caja en Mercadona. Dos críos. Una casa apareada de unos 350.000 € con hipoteca. Y un Mercedes GLC 350d de matrícula que su conocido da por nueva o casi nueva, de
más de 60.000 € incluso con el descuento del concesionario, según su propio cálculo. El reencuentro entre dos conocidos que llevaban dos años sin verse terminó convertido en la pregunta que sostiene media conversación económica de este país: ¿de dónde sale la pasta?
No hay un único libro de cuentas. Hay cuatro, y casi ninguno pasa por la nómina.
Financiación: el banco pone lo que el sueldo no pone
La primera explicación es la más aburrida y la más probable.
El 75% de los coches nuevos se compran con financiación y solo el 25% se pagan al contado: así lo afirma un participante en el debate, sin más fuente. Traducido: el coche no se paga, se alquila con opción a todo. Hay casos citados de un Cupra Formentor entregado
sin entrada a cambio de 500 € al mes durante cuatro años, y al final se devuelve. 24.000 € fundidos en un coche que nunca fue tuyo.
El escenario que plantea otro forero es este: una pareja que ingresa 3.000 € netos, con
700 € de cuota del coche y 800 € de hipoteca, y 1.500 € para vivir. No sobra, pero da. Y esa es toda la matemática que necesita el concesionario. La carpeta se completa con la vieja costumbre que describe un participante: meter el coche y los muebles dentro de la hipoteca a treinta años.
¿Cuánto se ingresa de verdad en un reparto o en una caja de supermercado?
En Mercadona, dice un forero, se pagan
1.800 € netos nada más entrar. El empleo en Correos ya no es lo que era, según lo que se sostiene en el hilo: quien reparte hoy no tendría la condición de funcionario, y la parte rentable del negocio se habría ido a sociedades privadas mientras al tronco público le quedan las cuentas flojas. Con dos sueldos así, y según los cálculos que se manejan en el debate, una pareja se mueve entre 3.000 y 3.200 € netos al mes. Con casa pagada y dos nóminas medias, 3.500 € darían para viajes y caprichos; parejas con estudios y casa libre, se dice, manejan de 4.000 a 6.000 €.
Todo cuadra mientras nadie pierda el trabajo. Con una cuota de coche y otra de hipoteca encima, el margen real, según esos mismos relatos, se quedaría en un par de meses.
Herencias y ayuda familiar: el dinero que no aparece en la declaración
Aquí es donde se rompe la cuenta. Una
herencia de
150.000 € se describe como algo «normalito» y, según quienes lo cuentan, explica por sí sola un coche, una entrada o dos años de tranquilidad. Hay quien cuenta tres semanas en Universal Studios en Florida para cinco personas:
25.000 libras, con todoterreno nuevo incluido, todo de una herencia. Y quien relata cómo una vecina heredó junto a su marido un piso en el centro de Madrid, lo alquila por
2.500 € al mes y ha dejado de trabajar.
En Galicia, dicen, es un modo de vida: matrimonios de cuarenta y tantos que reciben de padres y suegros
más de 1.000 € al mes. Sumado a jubilados con pensiones altas, el resultado, según estos relatos, es una capa de consumo que las nóminas no justifican y que se concentra en coches, hostelería y viajes.
El carril que no se declara
Queda el tramo que nunca entra en un análisis de sueldos: economía sumergida. El propio autor del hilo cuenta que tiene un restaurante «casi todo negro», con trabajadores cobrando el mínimo, y que cierra caja con unos
12.000 € al mes. Otro participante describe a un empleado que cobra en negro 1.000 € y no computa para ningún préstamo. Nada de esto se ve en la estadística, y todo esto se ve en el aparcamiento.
¿Y si el problema es mirar el bolsillo del vecino?
Hay una corriente que sostiene que la pregunta está mal planteada: fijarse en el coche ajeno solo retrata a quien lo mira. Que la verdadera miseria es compararse, y que quien tiene la vida resuelta no va contando lo que ganan los demás. La otra mitad del análisis responde con dureza: esto es
pobreza mental financiada por la banca, dinero del futuro que convierte al que cobra en esclavo del que presta, y una fiesta que algún día pagarán los ahorradores.
Las dos cosas pueden ser verdad a la vez. Y ahí sigue el cartero con su Mercedes.
Lo que se repite en el hilo es un cálculo: de cada cuatro coches nuevos, tres irían financiados. El cuarto se paga con dinero que ya existía en algún sitio. Nadie termina de cuadrar de dónde.