La vivienda como eslogan: Sánchez mueve ficha
Un decreto que nace para facilitar el acceso a la vivienda y que, según sostiene un participante del hilo, al día siguiente de ver la luz deja la oferta disponible un 20% por debajo. La paradoja resume el pulso que ha estallado en torno a la campaña. La vivienda ha dejado de ser un problema social para convertirse en munición electoral, y la pregunta de fondo es vieja: quién quiere realmente que los españoles tengan casa.
El detonante es un lema. A un lado, la izquierda se atribuye el «sí» a la vivienda para los españoles; al otro, se coloca a PP, VOX y Junts en el «no». El marco tiene gancho de cartel y poca letra pequeña, y eso es justo lo que se le reprocha desde el primer minuto:
ocho años de Gobierno pesan más que cualquier eslogan.
¿Por qué la vivienda se convierte en arma electoral?
Una de las lecturas que circula en el debate sostiene que el asunto llega a la agenda cuando al Ejecutivo le conviene un tema capaz de tapar otros frentes. Hay quien lo formula sin rodeos: se busca un asunto que
desvíe el foco de los escándalos y de la presión mediática, y la vivienda es el candidato perfecto porque toca a todo el mundo. El problema, señalan, es que quien vende la solución lleva ocho años en el mismo despacho.
Ahí se abre la primera brecha. Frente al relato que presenta al Gobierno como alternativa y oposición a la vez, aunque ocupe el poder, una participante especula con que en un hipotético adelanto electoral no decidiría el programa, sino la necesidad de llegar a las urnas antes de que se complique la situación judicial que esa misma voz atribuye a personas del entorno del presidente. El adelanto es, por ahora, una hipótesis que circula en el debate.
La crítica: ocho años de Gobierno sin política de vivienda
El reproche se repite en el debate: la legislatura se agota sin una política de vivienda reconocible. Ni construcción, ni suelo, ni alquiler. La queja de que llevan años pidiendo medidas y el Gobierno responde con trámites y decretos aparece en distintos tramos. La sensación, según varios participantes, es que la oferta no ha dejado de encogerse mientras el problema crecía.
Expropiaciones y justiprecio: lo que fija la ley de 1954
Cuando el asunto se interna en la letra pequeña del suelo aparece una norma que, según se señala en el debate, casi nadie cita y que lo explica casi todo. La expropiación forzosa no permite pagar lo que uno quiera: el justiprecio se fija a precio de mercado, y esa obligación arrastra desde una ley de
1954. Traducido: expropiar barato para regalar o abaratar vivienda no es una opción legal salvo que se esté dispuesto a indemnizar de verdad.
La experiencia particular que relata un participante refuerza el punto: su familia lleva medio siglo reclamando terrenos expropiados en 1952 y pagados con calderilla en 1958, con resoluciones judiciales que dan la razón a la administración para no pagar. La teoría del justiprecio y su práctica tienen poco que ver, y ese hueco alimenta la desconfianza.
Más de 60 desahucios al día, según un participante
El dato que se repite como contrapunto al eslogan no sale de ningún mitin: en España se ejecutan
más de 60 desahucios diarios y la mayoría no genera titulares, según afirma un participante del hilo. No todo empezó con el caso que ahora llena telediarios. La crítica es incómoda para ambos lados: si el problema es la vivienda, el drama cotidiano lleva años sin solución.
A eso se suma el atasco judicial. No aprobar el decreto de desahucios en verano, se argumenta, ha llenado los juzgados de procedimientos y prepara un cuello de botella en los próximos meses. Se trata, por ahora, de la previsión de un participante.
El caso que se cuela en todos los mítines
En medio del ruido se ha colado un caso individual convertido en símbolo: una persona con movilidad reducida que reside en una vivienda de un barrio acomodado de Madrid y a la que se caricaturiza desde varios frentes. El uso del caso —presentado por algunos como prueba de manga ancha en la política de vivienda social— dice más del tono de la campaña que del fondo del asunto. Atacar el símbolo es fácil. Resolver lo que lo hizo visible, no.
¿Qué se juega el votante en un hipotético adelanto electoral?
Poco y mucho a la vez. Poco, porque la aritmética parlamentaria manda más que cualquier lema, y el votante lo sabe. Mucho, porque un adelanto en este contexto convierte la vivienda en moneda de cambio y deja el problema real —acceso, precio, oferta— aparcado hasta después de las urnas. Nadie pone un solo ladrillo durante una campaña.
Si el eslogan funcionara, el problema ya estaría resuelto: llevamos años oyendo la misma promesa. La pregunta que queda en el aire no es quién quiere vivienda para los españoles, sino por qué, queriéndola casi todos, sigue sin haberla.