Detenido Ballesta por robar 50 euros y una cazadora a un conocido
Una calle del distrito madrileño de Hortaleza, un martes por la mañana, dos conocidos que acaban a las manos. De ahí sale todo: un actor detenido,
50 euros y una cazadora. El relato policial apunta a un robo con violencia y el nombre que figura en el atestado es el de
Juan José Ballesta, el niño que protagonizó
El Bola y que un día decidió bajarse del escenario. A la fecha de los hechos divulgados, el intérprete había pasado la noche en los calabozos y quedaba pendiente su puesta a disposición judicial. Ninguna de las acusaciones que se le atribuyen cuenta con sentencia firme.
Qué se le imputa a Juan José Ballesta
La información publicada sostiene que el actor se enzarzó con un conocido en una pelea en la que se llegó a las manos y que, tras la supuesta agresión, se marchó con 50 euros y con una cazadora de la otra persona. La
Policía Nacional le detuvo al día siguiente por un delito de robo con violencia.
A esa acusación se suma otra más grave. Hay quien le atribuye un episodio de agresión sexual ocurrido en un cajero, en julio, y quien sostiene que la denunciante ha caído en contradicciones. Los datos disponibles sitúan el asunto en fase de investigación: hay versiones, hay denuncia y no hay resolución. Cualquier conclusión sobre el fondo, a día de hoy, es precipitada.
Conviene separar los dos frentes. El del robo es un asunto de dinero y de una prenda de vestir; el otro toca un terreno mucho más delicado, donde la palabra de una sola persona sostiene una imputación completa. Ninguno de los dos está cerrado.
El videoclip que la policía no se cree
La versión que él defiende es la del agredido: sostiene que fue la otra parte la que le atacó y le robó la cazadora, y que es él quien ha presentado una denuncia contra ese conocido. Ambas partes coinciden en un punto llamativo: quedaron para grabar un videoclip. La policía, según lo trascendido, no da por bueno ese relato, y en el entorno del caso se apunta a un asunto de drogas como trasfondo real del encontronazo.
Un programa de televisión anunció además imágenes de un comportamiento imprudente al volante del actor y de sus acompañantes, un material que alimentó la cobertura del caso. Todo esto construye un marco más mediático que judicial. La presunción de inocencia no siempre sobrevive a un titular.
De El Bola a dejar la profesión
Ballesta saltó a la fama siendo un crío con
El Bola, la película que le convirtió en el icono del niño maltratado, y después rodó
7 vírgenes, por la que recibió una concha de plata. Quien le descubrió, según se cuenta, fue Achero Mañas, un director del que hace años que no se sabe gran cosa.
¿Por qué desapareció? Hay dos lecturas. La más amable dice que se cansó de ser famoso, de la rima inevitable con su apellido y del circo del cine español, y que eligió una vida normal. La más incómoda sostiene que dejó de actuar porque dejó de recibir llamadas y porque, fuera del papel del Bola, su registro nunca dio para más. Con 35 años, y con lo que ha caído estos días, las dos explicaciones siguen vivas.
Quien defiende la segunda versión añade un detalle incómodo: la mayoría de los papeles que hizo después del Bola fueron malos, y el público que le adoraba de crío no le siguió de adulto. Eso no lo arregla ninguna teoría.
La carrera por el vídeo y la mano negra
El caso ha ocupado las parrillas de todas las cadenas durante una tarde entera. Y ahí empieza el segundo juicio, el de los platós: se habla de puertas cerradas, de trabajos rechazados, de una supuesta operación para evitar su salto al extranjero y hasta de una venganza con
mano negra detrás. Los paralelismos con otros nombres del espectáculo español que han vivido temporadas de acoso judicial se han repetido sin aportar una sola prueba.
El andamiaje no está respaldado por nada verificable. Lo único contrastable es que el actor arrastra antecedentes policiales, y eso hace que cualquier versión, incluso la más rocambolesca, resulte verosímil. Ahí está el problema, y también el negocio.
El cine quinqui y el actor que no interpretaba
Su caso ha reabierto una conversación vieja sobre cierto cine español rodado con gente que no actuaba, sino que se interpretaba a sí misma. El paralelismo con otros rostros del género
quinqui, que acabaron sus días en la crónica de sucesos, se ha repetido en cuanto se conoció la detención.
La diferencia, en su caso, es que sí tenía oficio delante de la cámara: hay quien sostiene que hacer de uno mismo es lo más difícil que existe, y que imitar a otro resulta mucho más sencillo. Ballesta hacía lo primero sin esfuerzo aparente. Lo segundo nunca llegó a intentarlo.
Al final, todo el despliegue —televisiones, platós, hipótesis de conspiración— se sostiene sobre dos objetos:
50 euros y una cazadora. Ese es el botín que figura en la versión policial, y ese es el motivo por el que se detiene a alguien y luego se le deja en libertad sin medidas. El resto es relato, y el relato, en este caso, cotiza al alza.