Francia se tambalea y los mercados ya la ven caer antes que España
¿Por qué los mercados apuntan a
Francia como la próxima gran economía europea en quebrar y no a España? La deuda pública francesa, las decisiones industriales alemanas y la sombra de un BCE que ya no puede sostener el castillo de naipes han encendido todas las alarmas. En el centro del análisis, un dato que sobrevuela la conversación: el gasto público francés se ha multiplicado por diez desde 1978, mientras la población apenas ha crecido un 27%. La fiesta parece tener fecha de caducidad.
El gasto público francés se multiplica por diez en cuatro décadas
La comparación es demoledora. En 1978, el gasto público total francés era de
173.000 millones de euros (80,1 + 65,5 + 27,3). En 2023, esa cifra alcanza los
1,76 billones de euros. La población pasó de 53,5 a 68 millones. El desfase entre lo que se gasta y lo que se ingresa ya no es un problema de ciclo, sino estructural. Y los mercados, que huelen la sangre, empiezan a posicionarse.
La deuda no es solo un número. Es la señal de que el modelo francés —estado hipertrofiado, servicios públicos costosos, burocracia densa— se sostiene sobre una promesa que ya no se puede pagar.
El show debe continuar, pero alguien tiene que pagar la entrada.
¿Por qué Alemania también preocupa en el tablero europeo?
Alemania no está mucho mejor. Empresas de bienes de equipo que antes fabricaban en suelo germano ahora trasladan toda la producción a China y dejan en Alemania solo una revisión de software. El resultado: fallos en serie, devoluciones masivas y una pérdida de control sobre la cadena de valor que antes era su fortaleza. La energía barata rusa se esfumó con el cierre del Nord Stream y las decisiones industriales se han vuelto, cuando menos,
surrealistas.
La pregunta que muchos se hacen es si esto es un error de gestión o una directriz superior. Lo cierto es que el motor alemán, que arrastraba a toda la eurozona, tose. Y cuando Alemania tose, Francia se resfría. Y España, con su dependencia del turismo y los fondos europeos, acaba en la cama.
El BCE y la trampa de la deuda: ¿quién rescata a quién?
El Banco Central Europeo ya no tiene el margen de 2012. En aquel entonces,
whatever it takes bastó para calmar a los mercados. Hoy, con la inflación en el punto de mira y los tipos en niveles que ahogan a los estados más endeudados, la artillería es más limitada. La amenaza del colapso, sostienen algunos análisis, es la antesala perfecta para introducir medidas impopulares: cuando estén aprobadas, el riesgo habrá desaparecido por arte de magia.
Mientras tanto, el euro se deprecia frente al dólar y la energía se compra en divisa estadounidense. El invierno se acerca y los precios energéticos volverán a apretar. La combinación es letal para una economía que ya carga con un estado que se come más de la mitad del PIB.
¿Qué papel juega la moneda CFA en la economía francesa?
Una parte del análisis señala que Francia ha sostenido parte de su posición gracias al control de la moneda CFA en África, un sistema que le garantizaba influencia económica sobre antiguas colonias. Con Rusia y China entrando en el reparto de esa tarta, el colchón se desinfla. Si eso se acaba, el agujero fiscal se hace aún más evidente.
No es un detalle menor: la pérdida de ingresos externos obliga a apretar más dentro. Y dentro, la presión fiscal ya está en máximos históricos. Subir impuestos otra vez es la salida fácil, pero cada subida erosiona más la base económica.
España no está a salvo: el efecto dominó
Si Francia implosiona, España va detrás. La integración económica es tal que un colapso galo arrastraría a la banca, al turismo y a las exportaciones. Algunos análisis históricos recuerdan que España ha sido tradicionalmente el socio menor en la relación con Francia, y que en las crisis anteriores el rescate siempre llegó con condiciones.
La pregunta no es si España aguanta más o menos que Francia, sino cuánto tarda el contagio en cruzar los Pirineos. Los mercados ya lo están descontando.
Al final, la única certeza es que alguien tendrá que pagar la fiesta. Y como siempre, no será el que la organizó.