Baño de masas en India: la letra pequeña del C-295 que firma Sánchez
El primer ministro indio, Narendra Modi, organizó a Pedro Sánchez un recibimiento multitudinario antes de inaugurar un complejo aeronáutico en el país asiático. La escena, convertida en vídeo, se difundió más por lo que sugiere que por lo que enseña. Y lo que sugiere es un negocio: detrás del aplauso hay una línea de fabricación de aviones militares, un reparto industrial entre España y la India y una letra pequeña que casi nadie ha detallado.
La visita se presentó como un gesto de alto voltaje simbólico. Para una parte del público, el despliegue se parece más a una operación de imagen que a un retorno económico medible. Para otra, es una jugada comercial que da salida al producto estrella de la antigua CASA.
Qué es el C-295 y por qué su fabricación importa
El aparato en cuestión es el C-295, un transporte táctico medio que arrastra una herencia larga: desciende del CASA Aviocar CN-212, un avión que tras décadas sigue operando en pistas precarias y que fuerzas especiales estadounidenses emplean en los escenarios más complicados. Quien conoce el sector no escatima elogios:
posiblemente el mejor transporte táctico mediano que vuela hoy. Su historial de seguridad aérea se describe como inmaculado y su libro de averías, anecdótico.
El único accidente mortal que se le atribuye se achaca a un error de pilotos polacos en medio de una niebla densa, según la versión que circula. Un avión, en suma, rentable y con demanda. De ahí que su cadena de montaje sea una pieza codiciada por cualquier país con ambición aeronáutica, y que su reparto entre dos países se lea como mucho más que una anécdota industrial.
¿Cuántos aviones del C-295 se fabrican en España y cuántos en India?
Aquí llega el punto que enciende el asunto. Según el reparto que se maneja,
16 aviones se montarán en España y el resto en la India. Al mismo tiempo, se apunta a un intercambio de empleo: unos 2.000 puestos en el país asiático frente a 2.000 despidos señalados en la planta de Getafe. La fotografía, para quien la lee así, es la de una producción que emigra mientras el titular celebra el recibimiento.
Los hay que replican que es la propia compañía india —se menciona a Tata— quien fabrica, y que España conserva el diseño y la ingeniería. El escenario pesimista sostiene justo lo contrario: que una vez afinados los procesos, el control europeo se diluye y lo poco que quede, la ingeniería, acabará cruzando también la frontera. Conclusión de ese bando: más miseria industrial para Europa y menos suelo productivo propio.
El recibimiento con retratos pintados y la lectura de frialdad
En medio del despliegue, una imagen se coló con nombre propio. Una estudiante con discapacidad presentó retratos pintados de Modi y de Sánchez, un gesto que se difundió bajo la etiqueta de la campaña del avión. Un participante del debate leyó en la reacción de Sánchez frialdad y falta de cercanía hacia la joven. Es una interpretación, no un hecho verificado, pero funcionó como termómetro emocional del resto del viaje.
El episodio ilustra bien cómo se consume hoy una visita de Estado: el detalle humano pesa más en la conversación que cualquier cláusula de un contrato. Un avión de transporte militar no genera titulares. Un retrato sí.
El trasfondo geopolítico: BRICS y transferencia de tecnología militar
El ruido de fondo añade capas. Se especula con que el viaje acerque a España a los BRICS, y con una posible transferencia de tecnología militar —se habla de submarinos y de barcos— a un país que, con ese empujón, se ahorraría años de desarrollo. También se recuerda el desaire previo a Israel y se apunta que ese flanco no se cierra gratis. Nada de esto está confirmado: son hipótesis que se cruzan, y conviene tratarlas como tales.
Lo que sí es un hecho es la puesta en escena. Una de las comparaciones que se hace es la de las visitas de Juan Pablo II a México o los recibimientos a Fidel Castro. Cuando un acto diplomático se parece a un mitin, la pregunta de fondo vuelve sola: ¿quién paga el montaje?
Cuando la catástrofe se coló en la conversación
Y en medio de la geopolítica, el asunto se torció hacia otra cosa. Los últimos tramos de la conversación cambiaron los aviones por el agua: imágenes de la DANA en la Ribera Alta y la Hoya de Buñol, con vídeos de Carlet, Alginet, Utiel, Chiva, Picanya y Paiporta, más de 180 litros registrados en Chiva y el derrumbe de un puente de viandantes. La actualidad impuso su jerarquía: del recibimiento con alfombra a los coches arrastrados por el barranco.
Ese giro deja el retrato completo. Una visita oficial que arranca como espectáculo, se discute como contrato industrial y termina compitiendo con una emergencia en casa.
Nadie sabe aún cuántos de esos aviones saldrán de una factoría española y cuántos de una india dentro de unos años. La única certeza provisional es que el baño de masas se olvidará bastante antes que el reparto de la cadena de producción.