Dos periodistas argentinos y el consejo de comer una vez al día
Un vídeo de dos periodistas en la televisión
argentina asegurando que parte de la población debe «aceptar» comer una sola vez al día ha desatado la polémica. El material circula en el contexto del arranque del gobierno de Javier Milei, que tomó posesión el 10 de diciembre, y de un ajuste económico que ya se traduce en menos consumo. La discusión no es tanto sobre el vídeo como sobre quién lo emite, qué pretende y por qué se ha convertido en el nuevo campo de batalla entre defensores y críticos del nuevo Ejecutivo.
Qué dice exactamente el vídeo y qué no
En el vídeo no se menciona a Milei ni una sola vez. Tampoco se pide literalmente a la población que deje de comer. Lo que hacen los periodistas es describir una situación: hay gente que, con los precios actuales, solo puede permitirse una comida fuerte al día. La diferencia entre describir una realidad y prescribirla es enorme, y ahí se libra buena parte del rifirrafe.
Hay quien sostiene que el tono del espacio televisivo normaliza la escasez y la presenta como un sacrificio inevitable, cada uno según sus posibilidades. En contra pesa el argumento de que un informador no está obligado a corear la catástrofe, pero tampoco a maquillarla con consejos de austeridad doméstica. El matiz importa: una cosa es contar que hay hambre y otra muy distinta es sugerir que el hambre es un trámite que hay que pasar con resignación.
El contexto: una semana de gobierno y veinte años de herencia
El nuevo ministro de Economía ya había ocupado ese mismo cargo durante dos años en el gobierno de Mauricio Macri. Ese dato, repetido hasta la saciedad en la discusión, sirve a unos para desmontar la tesis del borrón y cuenta nueva y a otros para recordar que el país arrastra décadas de desgobierno. La economía argentina no se rompió en siete días, pero tampoco se arregla en siete días.
El argumento más repetido por los defensores del nuevo gobierno es el de la inercia: los datos del gobierno anterior venían maquillados y lo que se está viendo ahora es la factura acumulada. El argumento contrario señala que las primeras medidas ya están empobreciendo a la población y que atribuir todo a la herencia es una forma cómoda de no asumir responsabilidad. Ambos bandos tienen su parte de razón y su parte de interés.
La comparación con España y con otros países
La discusión deriva rápidamente hacia la comparación internacional. Argentina tiene 46 millones de habitantes y España 48 millones, según los datos que se manejan en el intercambio. Ambos países rondan los 3,5 millones de funcionarios. La diferencia, sostienen algunos, es que España cuenta con el paraguas del euro y con un tamaño que la hace demasiado grande para caer, mientras Argentina carga con su propia moneda y su propia historia.
La comparación con Cuba, Corea del Norte o Venezuela aparece una y otra vez como argumento de cierre: los regímenes que han aplicado políticas de izquierda acabaron con la población comiendo menos, no más. Del otro lado, la respuesta es que el empobrecimiento argentino tiene raíces más antiguas y que atribuirlo todo a un signo político es simplificar una historia de cincuenta años.
El sacrificio según el bolsillo
Una de las derivadas más ácidas del intercambio es la del sacrificio asimétrico. Si unos tienen que aceptar dejar el coche en casa y viajar en transporte público, otros tendrán que aceptar comer una sola vez al día. Cada cual se ajusta según sus posibilidades, y ahí está el problema: las posibilidades no son las mismas para el que se baja del coche que para el que se salta la cena.
La clase media argentina también ha empezado a recortar. Cambia marcas conocidas por marcas blancas, reduce la compra de productos para el hogar y ajusta el carrito. El consumo se contrae en todos los tramos, aunque el golpe sea más visible en los que ya venían golpeados.
Lo que se juega en los próximos meses
El gobierno de Milei afronta su primer tramo con la inflación como marcador principal y con la calle como termómetro. Si las medidas empiezan a dar resultados visibles antes de que el descontento se organice, el relato del sacrificio necesario tendrá recorrido. Si no, el vídeo de los periodistas pasará de anécdota a símbolo.
Con estos mimbres, es probable que la discusión se recrudezca antes de calmarse. La televisión argentina ya ha demostrado que no hace falta mencionar a un presidente para hablar de él. Y la población, mientras tanto, sigue haciendo cuentas.