Almeida recorta tres carriles entre Cibeles y la Puerta de Alcalá
El anuncio lo hizo el propio regidor a través de una publicación en redes: un bulevar desde Cibeles hasta la Puerta de Alcalá que elimina tres carriles de circulación para los coches. La reacción no se hizo esperar. En el contexto de una ciudad que lleva años discutiendo qué hacer con su centro, el movimiento se lee como una pieza más de la misma partitura: menos asfalto, más acera, y un monumento que deja de ser rotonda para convertirse en paseo. Hay quien lo celebra sin reservas y quien lo interpreta como un ataque directo a la movilidad de los que vienen de fuera.
Qué supone perder tres carriles en ese tramo
El tramo afectado conecta dos puntos neurálgicos: la plaza de Cibeles y la Puerta de Alcalá. Para unos, es una vía de acceso importante al túnel de O'Donnell, y su recorte obliga a buscar rodeos que alargan el trayecto. Para otros, se trata de un espacio donde el coche nunca ha tenido sentido: un bulevar, no una autovía. La discusión no es nueva, pero el anuncio la ha reavivado con fuerza.
La Puerta de Alcalá funciona hoy como una rotonda. El proyecto, según se describe en el anuncio, permitiría llegar andando desde Cibeles por el centro de la calle, ampliando de facto el espacio del monumento. Esa es la parte que más consenso genera incluso entre quienes no comparten la política municipal: peatonalizar ese eje tiene una lógica urbanística difícil de rebatir. La acera sur, además, está incluida en el Paisaje de la Luz, lo que añade un argumento patrimonial al asunto.
Los que aplauden: turistas, paseantes y vecinos del centro
Una parte del vecindario lo tiene claro: el centro es para los turistas y para pasear, y todo lo que sea facilitar el tránsito a pie es bueno. Se apunta incluso que en el Paseo del Prado deberían quitarse carriles para ensanchar aceras que califican de raquíticas. La lógica es simple: si el transporte público funciona, un carril menos no debería ser un drama.
El argumento se refuerza con la idea de que muchos de los que usan ese tramo en coche vienen del extrarradio y no pagan impuestos en el municipio de Madrid. Con un carril menos se puede pasar igual, o buscar una ruta alternativa. Y para los que viven en zonas urbanas consolidadas, el coche es un complemento de ocio, no una necesidad diaria.
Los que se sienten expulsados: del extrarradio al centro en coche
La otra cara de la moneda es la de quienes ven en cada recorte de carriles un paso más hacia la expulsión del vehículo privado. El cálculo es sencillo: si se cierra una vía de acceso al túnel de O'Donnell, el rodeo resultante puede convertir un trayecto corto en una odisea. Y no todos tienen alternativa real en transporte público.
Hay quien sostiene que la peatonalización del centro convierte las ciudades en parques temáticos para visitantes, mientras los residentes de toda la vida se ven empujados a las afueras. La crítica no va solo contra el Ayuntamiento: también contra los propios vecinos que aplauden medidas que a ellos no les afectan porque no necesitan cruzar el centro en coche.
El trasfondo: quién puede permitirse renunciar al coche
El asunto de fondo es económico. Renunciar al coche es más fácil si vives en una zona con metro cada tres minutos que si tu casa está en un adosado a las afueras con un autobús al día. La peatonalización del centro beneficia a quien ya vive allí o puede permitirse vivir allí. Para el resto, es una traba más.
La discusión deriva a menudo hacia el turismo: vuelos low cost, viajes de fin de semana, consumo rápido. Quien defiende el coche señala la contradicción de penalizar el vehículo privado mientras se promueve un modelo turístico intensivo en emisiones. El debate se enreda y pierde el foco, pero deja una pregunta incómoda: ¿a quién se le está pidiendo el sacrificio?
El proyecto sigue su curso. Los carriles se quitarán, las aceras se ampliarán y la Puerta de Alcalá dejará de ser una rotonda para convertirse en lo que muchos creen que siempre debió ser: un monumento al que se llega andando. Queda por ver si el tráfico alrededor se reduce o si, como temen algunos, la contaminación se desplaza a las calles colindantes y el deterioro vuelve por donde solía.