Tener coche 15 años cuesta 195€ al mes, y la gasolina va aparte
Un coche de 17.500€ pagado a tocateja no cuesta 17.500€. Al menos, no para quien lo compró: quince años después, ese mismo vehículo le acumula 35.150€ entre compra, seguros, impuestos, ruedas, averías y visitas a la ITV. Repartidos entre 180 mensualidades, le salen 195€ al mes. Y la cuenta se queda corta: falta el gasoil. El coche tiene 240.000 kilómetros y quien lo conduce lo considera «muy bueno». Aun así, ya admite que su próximo vehículo será de
renting.
¿Cuánto se gasta en mantener un coche durante 15 años?
El desglose partida a partida es el que deja helado. De los gastos recurrentes, el seguro se lleva una de las mayores tajadas: una media de 550€ anuales durante tres lustros, aunque hoy la póliza esté en 300€. El mantenimiento, doce veces a 300€ —los cinco primeros años pasó por el taller de la marca por la garantía—, suma otro pellizco. Añádanse siete juegos de ruedas a 250€, nueve ITV a 50€, el impuesto de circulación a 50€ anuales y un rosario de averías: embrague, alternador, pinza de freno, más tres golpes leves de chapa. El desglose íntegro, con cada partida y cada media, es lo que convierte una compra de 17.500€ en una factura de 35.150€.
Hay quien rebaja la factura por la vía del taller. Quien hace el mantenimiento básico en casa y conduce poco cierra el mismo periodo en
145€ al mes, con un utilitario de gasolina de 12.000€ y apenas 80.000 kilómetros en 16 años. En otro caso, un descapotable matriculado en 2003 y comprado en julio de 2014 por 5.700€ suma 3.300€ de reparaciones y neumáticos, 1.400€ de seguro a terceros —140€ de media anual, con un año a 119€— y 370€ de ITV. Los cálculos completos, hoja de gastos incluida, dan resultados que sorprenden a quien solo mira el precio de compra.
El valor residual que nadie descuenta
Falta un ajuste en la cuenta original: el dinero que se recuperaría al vender el vehículo. El propio dueño lo estima en
1.000€ «con suerte», y su plan es aguantarlo un año más antes de mandarlo al desguace. Descontar ese valor residual rebaja algo el coste mensual, pero no cambia el diagnóstico. La misma lógica explica por qué los coches baratos salen casi gratis: uno comprado en 2015 por 2.800€ equivale a 28€ al mes si mañana acabara en la basura. Cuando el precio de entrada sube a 14.500€, como en una compra de segunda mano de 2019, el suelo mensual se multiplica por cinco antes de mover una rueda.
¿Es el renting la alternativa?
Aquí arranca la grieta. Hay quien sostiene que un renting de un coche similar cuesta hoy 600€ al mes y que el vehículo nunca llegará a ser tuyo. En el otro extremo, se citan cuotas de 400€, ofertas por debajo de 300€ sin entrada y hasta un
Toyota Yaris por 250€ mensuales con seguro incluido y 50€ de gasolina de regalo, previo estudio de solvencia, lo que deja fuera a buena parte de la población. Quedan preguntas sin cerrar: si la cuota se revisa como una tarifa telefónica, si el seguro a todo riesgo sin franquicia entra en el precio y qué pasa cuando llega la primera subida. La letra pequeña decide.
¿Se puede vivir sin coche?
Depende del mapa. En un pueblo a 30 kilómetros de una gran ciudad, con autobús cada 20 minutos y tren de cercanías, hay quien ha liquidado el vehículo y resuelve las cenas con Uber a 25-35€, dos veces al mes. En Zaragoza, 800.000 habitantes, el argumento se rompe: si trabajas en un polígono industrial, no hay transporte público que te lleve, y el coche deja de ser un capricho para convertirse en la llave del empleo. Entre los más jóvenes, además, la vieja ecuación entre coche y libertad se está deshaciendo, según los comentarios del hilo: en el entorno de una joven madrileña, casi todos sus amigos pasan de sacarse el carné.
El coche que muere por no cambiar el aceite
La otra cara del ahorro la relata un forero a partir de lo que le cuenta su mecánico: hay clientes que esperan que el coche les lleve gratis y no se averíe nunca, y llegan con vehículos que suenan a motocultor por no haber cambiado nunca las bujías o la correa de distribución. Coches con tierra dentro como para plantar patatas. Y problemas infinitos para cobrar la reparación.
Con estos números sobre la mesa, lo previsible es que el renting gane terreno entre quien puede pasar el filtro de solvencia y que la compra de segunda mano aguante por pura necesidad. Pero la cuota mensual del renting aún tiene que demostrar que no sube, y ese es un pronóstico que nadie firma hoy.