Yo tampoco lo sigo. Nada. Pero estos influencers, que tienen tanto tirón, no dejan de ser ingenuos, paniaguados, insulsos e insensibles a la situación actual.(mensaje citado en revisión)
Sin saberlo, han aceptado cierto umbral de aclimatación y permisividad con el relato dominante, junto al resto de la población.
Cada día, estas generaciones aceptan más el buenismo, socialismo, relativismo, socialdemocracia, estado de bienestar, etc.
Y han olvidado, o no han conocido, la integridad, la soberanía individual, la interrelación libre con el entorno, la independencia de factores externos para actuar, la acción social autónoma y el potencial de hacer y deshacer respetando al prójimo y al entorno, sin necesidad de leyes o reglamentos excesivos.
En definitiva, es lo que hemos perdido.
Estos influencers carecen de espíritu combativo y de alma libre. Priorizan el dinero, su estatus y lo material, evitando comprometerse en temas cruciales.
Lo peor es que cuando la gente los ve, los toma como rebeldes, disruptores, activistas o disidentes.
No me refiero solo a Jordi Évole, sino al fenómeno en general.
