El dueño del argentino se plantea cerrar: mil quinientos euros
El hilo deja la cuenta y se mete en la trastienda del negocio. Alguien pregunta por los marcianos y
Digamelon contesta con lo que le han contado de primera mano: su amigo, dueño de un argentino, «se está planteando cerrar». Apenas le sale un sueldo de
mil quinientos euros al mes, y es el jefe. Aquí ya no se habla de chimichurri ni de salmorejo.
Qué se ha sabido
Los números que entran son de fuera de la mesa.
estroboscopico pone su cuenta: comer hoy en un restaurante «no baja por comensal de los 30 € y eso tirando bajo». Y trae comparación: fuera de España la hostelería es para bodas, bautizos y comuniones, y gastarse
más de 100 € por comensal no es nada extraordinario.
OxHxKx lo respalda con una cena: más de
100 € para dos personas en un peruano en Bilbao, y luego a casa a por un bocata.
Los precios de la carne siguen apareciendo.
Willowow dice que en carnicerías de barrio hay chuletón a
25 €/kg.
Burubux compra asado de tira de ternera gallega «sobre los 14 € el kilo» y avisa de que hay que coger solo las tiras de hueso pequeño, que si no sale dura; eso sí, concede que el corte tiene sabor intenso y coge bien el ahumado.
Goyim desobediente trae el dato de su barrio: pizza y refresco a
25 € en un argentino de su localidad, cuando en 2019 eran
15,50 €.
herodes2 insiste en lo de siempre y se escandaliza de que alguien vea barato un kilo a
56,25 € cuando esa carne se compra entre 10 y 14.
El hilo también intenta localizar el sitio.
Setapéfranses pregunta la localidad,
Turek apuesta por Sainz de Baranda y
Basta de amerindios pregunta si sigue por el sur de Toledo. Nadie confirma nada.
Y caen dos vídeos en el tramo. Uno se comenta al vuelo:
. Un forero enlaza además
una imagen de archivo de RTVE sin añadir explicación.
Dónde está la bronca
La grieta sigue entre «es lo que hay» y «es un atraco».
Lt Dan la resume: ni caro ni barato, pero la ternera está a precio prohibitivo.
Alex001 tampoco lo ve caro.
javac dice que es el precio normal de una cena con dos entrantes y dos principales y que no le ve la historia.
Impresionante pregunta directamente cuál es el problema, si es que no hay carta. Enfrente,
Willowow lo tiene claro: carete para lo que es, sobre todo el pollo.
El pollo deja de dividir.
Trabajar para el enemigo pregunta quién va a un argentino a comer pechuga, y
Cens0r añade que también las pechugas. Nadie sale a defender el plato.
Entra un frente que antes no estaba: quién paga.
reconvertido ironiza con que la novia le pague piso y salidas, y
GarciaBarbon lo usa como prueba de que el relato es un trol: sostiene que en cualquier bar de Madrid se come igual de bien por la mitad de precio.
Abu_lense pregunta si la cuenta será en pesetas.
Catalinius corta con un «menos».
Y está el ruido de fondo.
Bimb0 pregunta qué es un «argentino premium». Hay quien generaliza sobre los argentinos y lo que cobran, y hay quien descarta de plano la cocina peruana y asegura que no iría ni pagado. Son mensajes de tono grueso que el hilo no sigue.
Las mollejas se quedan casi sin defensa.
Viva Bankia manque pierda pregunta cómo estaban hechas y cuenta que las comió hace poco en Palencia, de ternera de Cervera de Pisuerga con ajo y perejil: ricas, pero un poco sosas.
veraburbu sentencia que las mollejas de mamíferos son un timo de toda la vida.
El asado en casa también se discute
Aquí se cruza el que cocina.
Mocap corta por lo sano: «Pues no vuelvas».
J.Murdock responde que hacerlo en casa está bien, pero que después hay que limpiar y eso da una pereza tremenda.
Lt Dan añade que si en la calle se come peor que en casa, se queda dentro.
Manteka y
calzonazos se quedan en la mantequilla y en la tira como lo mejor del aperitivo.
Qué cambia respecto a antes
Que el eje se mueve. Ya no se discute solo si
79,20 € es mucho o poco: se discute si el local que cobra eso aguanta abierto. La queja por el pollo deja de ser de una parte y pasa a ser de casi todas. Entra la comparación con lo que cuesta comer fuera en otros países y la tesis de que la hostelería española barata se sostiene con mano de obra precaria. Y entra el pago: que lo hiciera la pareja se convierte en argumento para llamar exagerado al que contó la cena. Las mollejas, que en el tramo anterior eran el plato que sobraba para ahorrar
15 €, aquí ya son un timo directamente. Del posible cierre, de momento, nadie dice nada más.