Treinta puñaladas en el Viernes de Toros de Soria
La madrugada que va del Viernes de Toros al Sábado Agés dejó dos jóvenes heridos por arma blanca en pleno centro de Soria. Uno de ellos, de 17 años, recibió hasta
30 puñaladas, sobre todo en las extremidades. El otro, de 19, el más grave, fue apuñalado en el tórax con afectación pulmonar. Ambos siguen ingresados en el Complejo Hospitalario de Soria. La jueza de guardia del Juzgado de Instancia e Instrucción número 2 decretó el ingreso en prisión de los tres presuntos agresores, a los que se imputa un delito de
tentativa de asesinato.
La secuencia que reconstruyen las fuentes judiciales arranca sobre las cinco de la madrugada en un bar de la calle Rota de Calatañazor, donde se produjo una discusión. Las víctimas bajaron desde la Zona hasta la calle Mesta, perseguidas por los otros tres, y se refugiaron en un establecimiento de hostelería. Todas las puñaladas se produjeron dentro del bar. Los agresores huyeron después y fueron detenidos. La Policía Nacional instruyó el caso y los heridos acabaron en el Hospital Santa Bárbara.
Qué se sabe de los detenidos y de la calificación del delito
Los tres arrestados son dos personas de nacionalidad colombiana y una marroquí, según los datos publicados. La jueza barajó inicialmente la calificación de
homicidio antes de fijar la de tentativa de asesinato, en vista de la gravedad de las heridas de uno de los agredidos. Los agresores utilizaron una navaja y un cuchillo de grandes dimensiones, según confirmaron las mismas fuentes judiciales. El ingreso en prisión se decretó el martes siguiente a los hechos.
El suceso conmocionó a la ciudad en medio de unas fiestas de San Juan que, hasta ese momento, se estaban desarrollando con normalidad. El contraste entre la multitud en la calle y la escena del bar de la calle Mesta es lo que ha alimentado la conversación pública de los días siguientes.
El relato que se impone: la España vaciada ya no es refugio
Buena parte de las reacciones han girado en torno a una idea incómoda: que la violencia con arma blanca ha dejado de ser un fenómeno exclusivamente urbano. Hay quien sostiene que ya no se puede circular tranquilo ni por los pueblos más pequeños, y que la sensación de seguridad que se atribuía a la España vaciada se ha roto. Frente a eso pesa el argumento de que un caso concreto no permite hablar de tendencia general, por mucho que el impacto mediático sea enorme.
El debate derivó pronto hacia el perfil de los detenidos y hacia la política migratoria. Una corriente de opinión sostiene que la llegada de población extranjera está detrás del aumento de la delincuencia violenta; otra responde que vincular nacionalidad y criminalidad es una generalización sin base estadística y que la discusión debería centrarse en los hechos y en la respuesta judicial. Entre ambos extremos, el terreno donde más se repite la conversación es el de la sensación de inseguridad, difícil de medir y fácil de inflamar.
Las 30 puñaladas y el milagro de seguir vivo
El dato que más ha circulado es el número de heridas del menor: treinta. La lectura dominante es que sobrevivir a esa cifra es, literalmente, un milagro estadístico. También se ha discutido la calificación jurídica: hay quien recuerda que el ensañamiento es un agravante y que treinta puñaladas, en principio, apuntan a un ánimo de causar daño que los tribunales tendrán que valorar. La defensa de los detenidos, en su caso, sostendrá otra cosa.
La discusión sobre si hubo o no intención de matar es la que decidirá la condena. La diferencia entre homicidio y tentativa de asesinato no es semántica: cambia la pena y cambia el relato. Y ahí, con los heridos aún ingresados, el asunto sigue exactamente donde lo dejó la jueza de guardia.