Cuatro inmuebles del juez Peinado, adjudicados «por error grave»
El Registro de la Propiedad ha reconocido que adjudicó cuatro propiedades al juez Juan Carlos Peinado García mediante un «error grave». El dato completa la exclusiva publicada por
El Plural: a nombre del magistrado figuran catorce inmuebles inscritos con dos Documentos Nacionales de Identidad distintos, ambos con idéntico nombre y apellidos. En un país donde el DNI abre y cierra puertas, que el registro público que garantiza la propiedad cruce identificaciones es algo más que un desliz.
La historia arrancó como un señalamiento sobre el patrimonio de un juez y ha terminado en un expediente administrativo. Entre medias, dos números para una sola persona, nueve adquisiciones conjuntas y una palabra que el organismo ha puesto por escrito:
error.
Qué dicen los números del expediente
Catorce inmuebles a nombre de Juan Carlos Peinado García. Nueve de ellos adquiridos junto a una copropietaria que la documentación oficial identifica como su actual mujer. De esas nueve operaciones,
cinco arrastran un DNI rematado en la letra W y
cuatro otro terminado en P. Y de las catorce, cuatro son las que el Registro atribuye ahora a un «error grave».
La explicación que más circula es también la más prosaica: el funcionario no buscó el DNI del juez, sino el de un homónimo. Tecleó nombre y apellidos, la base de datos devolvió un tocayo y tiró de ahí. Lo llamativo no es el primer fallo. Es que se repitiera nueve veces.
¿Puede una persona tener dos números de DNI?
No. La identificación es única y el número se asigna una sola vez. Lo que sí existe son homónimos: ciudadanos con los mismos nombre y apellidos y distinto número, y ahí es donde la maquinaria administrativa se enreda. Ese es el escenario que encaja con lo ocurrido: un identificador ajeno colocado en la ficha del magistrado.
Con una salvedad incómoda. Si el error fuera de una sola vez, sería un descuido. Repetido en nueve inscripciones, empieza a parecer un procedimiento. Nadie ha explicado todavía cómo un dato verificado en origen acaba duplicado en un registro que se presume blindado.
El catastro y el registro no siempre cuadran
Quien haya tenido una propiedad sabe que los desajustes entre catastro y registro son el pan de cada día. Hay casos en los que una persona descubre que figura como titular de una finca urbana de 10.000 metros cuadrados en Salamanca, con el recibo del IBI reclamado año tras año, hasta que pide la escritura y descubre que la parcela no es suya ni lo fue nunca.
En los municipios pequeños la cosa es aún más espesa. Los planes urbanísticos nuevos rara vez actualizan la nomenclatura antigua, de modo que edificios enteros siguen inscritos como almacén, establo o pajar, tal cual quedaron hace siglos. La consecuencia es un sistema que se contradice a sí mismo y que exige al ciudadano demostrar lo que no es.
La causa que está detrás de todo el ruido
El juez Peinado es el instructor que ha citado a declarar como investigada a Begoña Gómez. Ese es el contexto que explica la temperatura del asunto. La formación que sostiene al Gobierno se hizo eco del asunto de los dos DNI para cuestionar al magistrado, y de ahí salió la acusación de manual: no se está informando, se está difamando a quien investiga al entorno del poder.
Hay quien sostiene que el origen del caso fue un bulo construido sobre un error administrativo. Y hay quien responde que un error administrativo de este calibre, aireado sin verificar, sirve igual para manchar el nombre de un juez. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez, que es lo que pasa casi siempre.
Las probabilidades que se echan a la cara
Cuando el azar empieza a encadenar coincidencias, los números se convierten en argumento. Los cálculos que circulan hablan de una probabilidad entre más de
40 cuatrillones para una sucesión semejante de casualidades. La comparación que más se repite estos días es otra: la de una cátedra universitaria sin título, valorada en una entre 3.000 millones de cuatrillones.
Son cifras de barra de bar, pero apuntan a algo real. La estadística no prueba intenciones; solo dice que hay cosas que no pasan por casualidad sin que alguien las empuje.
Quedan cuatro propiedades con un «error grave» reconocido por escrito, dos identificaciones para una misma persona y ninguna explicación de cómo el mismo fallo se repite nueve veces en un registro que se presume infalible. Con esos mimbres, el relato oficial del trámite tiene difícil sostenerse.