El hilo se enroca: «derribar casas» y el hermano tonto
El debate ya no va de si construir abarata. Va de quién es más tonto, de derribar pisos y de una cita de Garzón sobre extranjeros. El hilo se ha partido en dos y cada bloque tiene su receta. Una parte pide
construir más y expulsar; la otra responde que los fondos comprarían igual. En medio, una lluvia de descalificaciones y un tuit que lo enciende todo.
Qué se ha sabido
En este tramo se cita un
déficit de 205.000 viviendas anuales en España. Alguien pega un
enlace a la Wikipedia de Economía y otro a la de
Administración y dirección de empresas para discutir la formación de Garzón. También aparecen enlaces a la
Universidad de Málaga y a la
Universidad Complutense de Madrid. Y se pega un tuit de Eduardo Garzón: «¡Hay que seguir construyendo muchas más viviendas para que las sigan comprando extranjeros que no viven en nuestro país!». La fecha del hilo sigue siendo el
5 de octubre de 2026.
Dónde está la bronca
Un bloque repite la ley de la oferta y la demanda. Si hay
1.000 demandantes y se construyen
200 viviendas, el precio sube; si se construyen
1.200, baja. Varios foreros lo plantean como matemáticas puras y acusan a Garzón de manipular el gráfico. Uno sostiene que
Grecia es un dato atípico que distorsiona la muestra y que, sin él, la correlación se invierte. Otro añade que la
construcción se concentra donde hay más demanda, así que donde más se construye es donde más caro está.
El otro bloque defiende a Garzón. Sostiene que la demanda es infinita porque no son solo familias: son multipropietarios y fondos que pueden pagar cualquier precio. Uno afirma que España es el
segundo país con más SOCIMIS/REITs y que la especulación es el factor que los demás no mencionan. Otro responde que la vivienda pública no la puede comprar un fondo. Y un tercero insiste en que si se construyen
1.200 viviendas, un gran tenedor las compra igual.
La ironía se dispara. Varios llevan la tesis al extremo: si construir más sube los precios, derribar casas los bajará. Uno lo plantea como silogismo y otro pregunta si la solución es derribarlas todas. La respuesta de quien defiende a Garzón es que el problema no es la vivienda, sino otra cosa que no concreta.
En medio, el tono se rompe. Hay insultos directos entre foreros, descalificaciones por el título de economista y burlas sobre los hermanos Garzón. Alguien compara el mercado de la vivienda con un palomar: si hay más palomas que nidales, se reduce el número de aves, no se construyen más nidales. Otro responde que esa solución suena a expulsar a los más débiles. La discusión deriva hacia si los pisos públicos son para españoles o no, y hacia el gasto que supone llevar servicios a urbanizaciones nuevas. Se cita el ejemplo de los berrocales y de Seseña:
chorrocientas mil viviendas dejadas de la mano de dios, y luego a meterles transporte, colegios y hospital. ¿Quién paga eso?
Qué cambia respecto a antes
La pregunta «¿construir más abarata?» queda aparcada. Entra con fuerza la receta intervencionista: construir más, expulsar a quien no encaja y, en el otro lado, derribar casas. La cita de Garzón sobre los extranjeros reaviva la bronca y desplaza el eje: ya no se discute el gráfico, sino quién tiene derecho a comprar. El hilo acaba sin resolverse, con dos bloques que no se escuchan y una cifra —
205.000 viviendas anuales— que nadie discute.