Conozco a muchos (y cuando digo MUCHOS, me refiero a más de 200) ingenieros que, si nos ponemos a comparar currículums, tienen una trayectoria muy sólida en este sector.
Profesionales con un nivel de inglés muy alto. No el típico inglés de sacarse un B2 y ponerlo en LinkedIn, sino gente capaz de mantener una conversación técnica durante horas, discutir una incidencia compleja con un cliente extranjero y salir de una reunión con trece compañeros internacionales habiéndoles explicado cómo funciona un producto que se acaban de estudiar hace 15 minutos.
Ingenieros con una capacidad de resolución de problemas enorme. Gente que se enfrenta a documentación incompleta, productos mal diseñados, errores que nadie sabe reproducir, reuniones con un equipo de producto compuesto por muchos compañeros internacionales, y clientes que no tienen claro lo que necesitan. Y, aún así, sacan las cosas adelante, porque tienen conocimientos técnicos, capacidad de análisis, paciencia, cintura para improvisar y, sobre todo, determinación para meterse en una llamada con veinte personas esperando que resuelvas la papeleta.
Gente que es capaz de representar a su empresa ante clientes internacionales con solvencia. Profesionales que, sobre el papel, reúnen buena parte de las características que supuestamente demanda el mercado: formación técnica, idiomas, capacidad de aprendizaje, autonomía, resolución de problemas y habilidades comunicativas (lo que en RRHH y QA se llaman "soft skills").
Pues bien, hace seis años, muchos de ellos cobraban 18.000 euros brutos anuales. Hoy, el mejor pagado de los que conozco está en unos 23.000€. En doce pagas (1.500€ netos al mes). Y estamos hablando de profesionales con experiencia abrumadora, no de alguien que acaba de salir de la universidad y todavía está aprendiendo.
Haced las cuentas.
En seis años han pasado de 18.000 a 23.000 euros brutos anuales. Un incremento de 5.000 euros, aproximadamente un 20%. A primera vista podría parecer una mejora considerable, hasta que recuerdas que han pasado seis años, que los precios han subido y que el coste de la vivienda, especialmente en las ciudades donde se concentra buena parte del empleo tecnológico, se ha convertido en un problema serio. Hace 6 años estuve a punto de comprar un piso por 45.000€ (Sí, mala zona, no miento). Hoy en día ese mismo piso no está a la venta, y el piso más barato en la misma zona ahora mismo pinta así:
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La pregunta es: ¿para qué te vas a dejar los cuernos estudiando informática, aprendiendo inglés, formándote continuamente y acumulando experiencia si, después de todo eso, acabas cobrando un sueldo que no se corresponde ni de lejos con la responsabilidad y las competencias que has desarrollado?
Porque esa es otra. En informática se da por hecho que tienes que seguir estudiando toda tu vida. Que tienes que aprender tecnologías nuevas, certificarte, actualizar tus conocimientos, adaptarte a cada producto y mantenerte al día para no quedarte obsoleto. Todo eso, por supuesto, mientras trabajas ocho horas al día y resuelves los problemas que otros no saben resolver.
Pero cuando llega el momento de pagar, parece que de repente tus conocimientos dejan de tener tanto valor.
Te piden inglés, experiencia, conocimientos técnicos, habilidades sociales, disponibilidad para tratar con clientes internacionales, capacidad para trabajar bajo presión y autonomía para resolver problemas. Te venden la oportunidad de trabajar en un entorno internacional, de desarrollar una carrera profesional y de adquirir experiencia en productos punteros.
Y luego te ofrecen 23.000 euros brutos al año. Y aceptas, porque de algo hay que comer.
Eso sí, en la entrevista te hablarán de lo mucho que vas a aprender, del buen ambiente que hay, de las posibilidades de crecimiento y de que, si te esfuerzas, puedes llegar muy lejos. El crecimiento profesional, curiosamente, siempre parece estar a la vuelta de la esquina, mientras que la subida salarial nunca termina de llegar.
Y cuidado, porque siempre aparecerá alguien diciendo que conoce a un DevOpsFullStackConsultantProductManager que cobra 80.000 euros, a un arquitecto Cloud que gana seis cifras (Y en realidad es un account manager cobrando lo mismo que tú: Unos 20K) o a un colega que trabaja para una empresa estadounidense desde su casa en un pueblo de Teruel. Os voy a decir una verdad incómoda: La mayoría os están mintiendo. En este país nadie mete más de 30K si no es a base de aceptar condiciones poco éticas de forma deliberada y de vivir de una manera que no comparto.
Algunos (muy pocos) perfiles cobran muy bien. Y eso no invalida que haya muchísima gente cualificada trabajando por salarios bastante mediocres. Ni todo el mundo es desarrollador de software, ni todo el mundo trabaja en una multinacional que paga salarios internacionales, ni todos los puestos de informática consisten en programar para una empresa tecnológica extranjera.
El sector es mucho más amplio que eso. Hay soporte técnico, implantación de productos, administración de sistemas, consultoría, operaciones, mantenimiento, integración y un largo etcétera de puestos que requieren conocimientos reales y que, sin embargo, no siempre se remuneran como cabría esperar.
Y aquí es donde viene lo interesante: muchos de estos profesionales no cobran poco porque sean malos. Cobran poco porque trabajan en empresas, puestos y mercados laborales donde su capacidad de negociación es limitada, donde las bandas salariales están contenidas y donde siempre hay alguien dispuesto a aceptar el puesto por necesidad.
La empresa, mientras tanto, obtiene un profesional capaz de desenvolverse en inglés, resolver incidencias complejas, aprender productos rápidamente y dar la cara ante clientes internacionales. Un profesional que probablemente costaría bastante más sustituir de lo que cuesta mantenerlo.
Pero la nómina sigue siendo de 23.000 euros.
Por eso, cuando alguien me pregunta si merece la pena estudiar informática, mi respuesta ya no puede ser el discurso de siempre: «Estudia informática, que hay trabajo, se cobra bien y las empresas se pelean por ti».
¿Hay oportunidades? Sí.
¿Hay profesionales que cobran muy bien? También.
¿Es una garantía de tener un buen sueldo estudiar informática, aprender inglés y ser competente en tu trabajo? Ni de lejos.
Y eso es lo que me parece más sangrante. Que puedes hacer prácticamente todo lo que se supone que tienes que hacer para convertirte en un buen profesional y acabar descubriendo que el mercado no está dispuesto a pagarte por ello lo que tú esperabas.
Así que, si estás pensando en meterte en informática exclusivamente porque te han vendido que es una profesión con buenos sueldos, estabilidad y futuro, mi consejo es que investigues mucho más antes de tomar la decisión. Mira los salarios reales de los puestos a los que puedes acceder, pregunta cuánto cobra la gente con cinco o diez años de experiencia y no te quedes solamente con los casos excepcionales que aparecen en redes sociales.
Tienes que tener en cuenta que hay profesionales de otros países, sin formación y sin experiencia, cobrando más que tú, en tu país.
Si ya estás dentro, y llevas años formándote, hablas inglés, resuelves problemas que nadie más sabe resolver y sigues cobrando una miseria, quizá el problema no sea que tengas que estudiar otra certificación, aprender otro lenguaje o echarle todavía más ganas. Quizá estés en el puesto equivocado, en la empresa equivocada o en un mercado que no recompensa tus capacidades como debería. Y quizá haya llegado el momento de dejar de asumir que, si cobras poco, es porque todavía no eres suficientemente bueno.
Porque a lo mejor eres perfectamente bueno. A lo mejor eres exactamente el profesional que la empresa necesita.
Lo que pasa es que la empresa no tiene ninguna intención de pagarte lo que vales mientras pueda conseguir que sigas trabajando por menos.
Así que sí: deja la informática.
Profesionales con un nivel de inglés muy alto. No el típico inglés de sacarse un B2 y ponerlo en LinkedIn, sino gente capaz de mantener una conversación técnica durante horas, discutir una incidencia compleja con un cliente extranjero y salir de una reunión con trece compañeros internacionales habiéndoles explicado cómo funciona un producto que se acaban de estudiar hace 15 minutos.
Ingenieros con una capacidad de resolución de problemas enorme. Gente que se enfrenta a documentación incompleta, productos mal diseñados, errores que nadie sabe reproducir, reuniones con un equipo de producto compuesto por muchos compañeros internacionales, y clientes que no tienen claro lo que necesitan. Y, aún así, sacan las cosas adelante, porque tienen conocimientos técnicos, capacidad de análisis, paciencia, cintura para improvisar y, sobre todo, determinación para meterse en una llamada con veinte personas esperando que resuelvas la papeleta.
Gente que es capaz de representar a su empresa ante clientes internacionales con solvencia. Profesionales que, sobre el papel, reúnen buena parte de las características que supuestamente demanda el mercado: formación técnica, idiomas, capacidad de aprendizaje, autonomía, resolución de problemas y habilidades comunicativas (lo que en RRHH y QA se llaman "soft skills").
Pues bien, hace seis años, muchos de ellos cobraban 18.000 euros brutos anuales. Hoy, el mejor pagado de los que conozco está en unos 23.000€. En doce pagas (1.500€ netos al mes). Y estamos hablando de profesionales con experiencia abrumadora, no de alguien que acaba de salir de la universidad y todavía está aprendiendo.
Haced las cuentas.
En seis años han pasado de 18.000 a 23.000 euros brutos anuales. Un incremento de 5.000 euros, aproximadamente un 20%. A primera vista podría parecer una mejora considerable, hasta que recuerdas que han pasado seis años, que los precios han subido y que el coste de la vivienda, especialmente en las ciudades donde se concentra buena parte del empleo tecnológico, se ha convertido en un problema serio. Hace 6 años estuve a punto de comprar un piso por 45.000€ (Sí, mala zona, no miento). Hoy en día ese mismo piso no está a la venta, y el piso más barato en la misma zona ahora mismo pinta así:
(adjunto visible para usuarios registrados)
La pregunta es: ¿para qué te vas a dejar los cuernos estudiando informática, aprendiendo inglés, formándote continuamente y acumulando experiencia si, después de todo eso, acabas cobrando un sueldo que no se corresponde ni de lejos con la responsabilidad y las competencias que has desarrollado?
Porque esa es otra. En informática se da por hecho que tienes que seguir estudiando toda tu vida. Que tienes que aprender tecnologías nuevas, certificarte, actualizar tus conocimientos, adaptarte a cada producto y mantenerte al día para no quedarte obsoleto. Todo eso, por supuesto, mientras trabajas ocho horas al día y resuelves los problemas que otros no saben resolver.
Pero cuando llega el momento de pagar, parece que de repente tus conocimientos dejan de tener tanto valor.
Te piden inglés, experiencia, conocimientos técnicos, habilidades sociales, disponibilidad para tratar con clientes internacionales, capacidad para trabajar bajo presión y autonomía para resolver problemas. Te venden la oportunidad de trabajar en un entorno internacional, de desarrollar una carrera profesional y de adquirir experiencia en productos punteros.
Y luego te ofrecen 23.000 euros brutos al año. Y aceptas, porque de algo hay que comer.
Eso sí, en la entrevista te hablarán de lo mucho que vas a aprender, del buen ambiente que hay, de las posibilidades de crecimiento y de que, si te esfuerzas, puedes llegar muy lejos. El crecimiento profesional, curiosamente, siempre parece estar a la vuelta de la esquina, mientras que la subida salarial nunca termina de llegar.
Y cuidado, porque siempre aparecerá alguien diciendo que conoce a un DevOpsFullStackConsultantProductManager que cobra 80.000 euros, a un arquitecto Cloud que gana seis cifras (Y en realidad es un account manager cobrando lo mismo que tú: Unos 20K) o a un colega que trabaja para una empresa estadounidense desde su casa en un pueblo de Teruel. Os voy a decir una verdad incómoda: La mayoría os están mintiendo. En este país nadie mete más de 30K si no es a base de aceptar condiciones poco éticas de forma deliberada y de vivir de una manera que no comparto.
Algunos (muy pocos) perfiles cobran muy bien. Y eso no invalida que haya muchísima gente cualificada trabajando por salarios bastante mediocres. Ni todo el mundo es desarrollador de software, ni todo el mundo trabaja en una multinacional que paga salarios internacionales, ni todos los puestos de informática consisten en programar para una empresa tecnológica extranjera.
El sector es mucho más amplio que eso. Hay soporte técnico, implantación de productos, administración de sistemas, consultoría, operaciones, mantenimiento, integración y un largo etcétera de puestos que requieren conocimientos reales y que, sin embargo, no siempre se remuneran como cabría esperar.
Y aquí es donde viene lo interesante: muchos de estos profesionales no cobran poco porque sean malos. Cobran poco porque trabajan en empresas, puestos y mercados laborales donde su capacidad de negociación es limitada, donde las bandas salariales están contenidas y donde siempre hay alguien dispuesto a aceptar el puesto por necesidad.
La empresa, mientras tanto, obtiene un profesional capaz de desenvolverse en inglés, resolver incidencias complejas, aprender productos rápidamente y dar la cara ante clientes internacionales. Un profesional que probablemente costaría bastante más sustituir de lo que cuesta mantenerlo.
Pero la nómina sigue siendo de 23.000 euros.
Por eso, cuando alguien me pregunta si merece la pena estudiar informática, mi respuesta ya no puede ser el discurso de siempre: «Estudia informática, que hay trabajo, se cobra bien y las empresas se pelean por ti».
¿Hay oportunidades? Sí.
¿Hay profesionales que cobran muy bien? También.
¿Es una garantía de tener un buen sueldo estudiar informática, aprender inglés y ser competente en tu trabajo? Ni de lejos.
Y eso es lo que me parece más sangrante. Que puedes hacer prácticamente todo lo que se supone que tienes que hacer para convertirte en un buen profesional y acabar descubriendo que el mercado no está dispuesto a pagarte por ello lo que tú esperabas.
Así que, si estás pensando en meterte en informática exclusivamente porque te han vendido que es una profesión con buenos sueldos, estabilidad y futuro, mi consejo es que investigues mucho más antes de tomar la decisión. Mira los salarios reales de los puestos a los que puedes acceder, pregunta cuánto cobra la gente con cinco o diez años de experiencia y no te quedes solamente con los casos excepcionales que aparecen en redes sociales.
Tienes que tener en cuenta que hay profesionales de otros países, sin formación y sin experiencia, cobrando más que tú, en tu país.
Si ya estás dentro, y llevas años formándote, hablas inglés, resuelves problemas que nadie más sabe resolver y sigues cobrando una miseria, quizá el problema no sea que tengas que estudiar otra certificación, aprender otro lenguaje o echarle todavía más ganas. Quizá estés en el puesto equivocado, en la empresa equivocada o en un mercado que no recompensa tus capacidades como debería. Y quizá haya llegado el momento de dejar de asumir que, si cobras poco, es porque todavía no eres suficientemente bueno.
Porque a lo mejor eres perfectamente bueno. A lo mejor eres exactamente el profesional que la empresa necesita.
Lo que pasa es que la empresa no tiene ninguna intención de pagarte lo que vales mientras pueda conseguir que sigas trabajando por menos.
Así que sí: deja la informática.
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