De Prada "El deporte es malo para la salud, yo no lo practico"

Persona corriendo al amanecer en un parque urbano, imagen del pulso entre deporte de élite y ejercicio moderado para la salud
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Deporte de élite y ejercicio moderado: el error que sostiene la polémica El deporte de élite no se practica para estar sano, sino para rendir. Confundirlo con el ejercicio moderado es el error que sostiene cada discusión sobre salud y esfuerzo físico desde hace una década.

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Apología del rellenito (Juan Manuel de Prada)​

Basta observar la obsesión que hombres y mujeres muestran por mantener la línea para confirmar que la tan cacareada 'igualdad de sesso', lejos de 'liberar' a la mujer, ha igualado a hombres y mujeres en la servidumbre y el gregarismo, en la majadería y el sometimiento lacayuno a cánones estéticos grotescos y obsesiones salutíferas idiotizantes. Mens stulta in corpore sano, parece ser el lema epiceno o bisensbi de esta época calamitosa, en la que las mujeres, lejos de renegar de las dietas y de las fajas estranguladoras de sus mollas, se han apuntado también a esa modalidad quirúrgica de la faja llamada liposucción; y en la que los hombres, que antaño paseaban tan pimpantes sus orondas barrigas, se extenúan en esos manicomios con olor a sobaquina llamados gimnasios, para reducir su perímetro abdominal (a la vez que le ponen los cuernos a su mujer con una monitora machuna e inflada de anabolizantes). Ser rellenito, en fin, se ha convertido en un acto de distinción y aristocracia.

Decía Charles Laughton que los tiranos más crueles son infaliblemente flacos; y Balzac señalaba que, cuanto más delgado es el escritor, más propende a la envidia, el resentimiento, la infecundidad y el barullo sintáctico. Tal vez ambos (puesto que eran rellenitos apoteósicos) barriesen para casa, pero es una evidencia que todos los mandamases de la Unión Europea, esos tiranos disfrazados de eficientes burócratas, son flacos como anchoas; y también que los escritores más revirados y consumidos por los celos se preocupan mucho de mantener la línea. A los rellenitos, en cambio, nos asiste la virtud de la apacibilidad; y tenemos un aplomo, una forma de llenar el traje y de repantigarnos en el sofá que transmite confianza, empaque, sosiego y majestuosidad. No negaré que haya rellenitos histéricos y culebrillas, acomplejados y defecapoquitos; pero estos rellenitos indignos no son sino flacos que viven prisioneros dentro del cuerpo del rellenito, flacos disfrazados de rellenito a los que conviene encerrar de inmediato en un manicomio con olor a sobaquina, para que se froten la cebolleta con una monitora machuna e inflada de anabolizantes, mientras recuperan su verdadero ser. Dios pudo haber creado al hombre como un manojo de huesos tapizados de piel; pero quiso que la gordura protegiese nuestros huesos, los acolchase, los abrigase cariñosamente, dotándolos al mismo tiempo de estabilidad, pues sabía que los huesos son la parte más delicada de nuestra anatomía, y la más necesitada de una mullida amortiguación.

Pero las grasas abundantes no sólo sirven como almohadas de los huesos, sino que son un reclamo irresistible para el amor. Está demostrado que los hombres rellenitos somos los amantes más abnegados, pues nuestro abrazo siempre resulta más tierno y arrebatado (¡y también más arrebatador, porque arrebata el aliento!), e infinitamente más cálido (cosa que se agradece mucho en las noches más crudas del invierno). La mujer necesita sentirse acunada y arrullada por el hombre de sus sueños; y no hay mejor hombre de los sueños que un rellenito sin complejos, en el que la mujer puede envolverse como en un edredón nórdico, y arrellanarse sobre él como se arrellanaría sobre un confortable diván con cojines, y navegar dentro de él como si lo hiciese por el estómago de una plácida ballena. Nadie como el rellenito inspira estos sentimientos en la mujer, que además desconfía (¡y con razón!) del hombre que tiene menos centímetros de cintura que ella, obsesionado por mostrar dotes de acróbata o contorsionista. Frente a este tipo de hombre tarambana o espíritu de la golosina se alza el rellenito sin complejos, que pone toda su carne en el asador y se centra en lo que hay que centrarse, con insistencia y consistencia. Por último, aunque se diga que el hombre rellenito es una carga excesiva para el presupuesto doméstico por gastar mucho en comida, lo cierto es que sale mucho más caro el hombre obsesionado por guardar la línea, con sus suscripciones al gimnasio, sus ridículas ropas deportivas (¡esas zapatillas fluorescentes!), sus complejos vitamínicos y sus remedios contra la jaqueca. No hay hombre más amante, fiel y agradecido que el rellenito; y esto la mujer que lo probó lo sabe.

Yo doy todos los días gracias a Dios por hacerme y mantenerme rellenito y por permitirme disfrutar de delicias que están vedadas a los flacos. Y cada vez que un flaco me mira con tirria, recuerdo aquella anécdota de Bernard Shaw y Chesterton. «Si yo estuviera tan rellenito como usted bromeó Shaw, me ahorcaría»; a lo que Chesterton repuso, beatífico: «Tranquilo, si algún día decido ahorcarme, lo usaré a usted como soga». Dicho lo cual, siguió siendo su amigo, porque los rellenitos somos un cacho de pan.

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/juan-manuel-de-prada/apologia-rellenito-8230.html
 
Una tontería.

Estar rellenito es un problema. Sudas en verano, y te duele todo el resto del año. Lo dice un exgordo.

Pero tampoco es que la imagen lo sea todo. Hoy por hoy los graves problemas de salud, y difícilmente curables, son mentales o derivados del consumo de sustancias no probadas, por muy sanas que las quieran vestir.
 
Autocompasión vestida de piedad.

Con este tipo de cosas, De Prada es lo contrario de lo que supuestamente predica.

Intenta vestir su vicio (gula, pecado capital), como algo "cristiano" y "espiritual", cual Corbán farisaico que viste sus costumbres aberrantes de celo religioso (Marcos 7:8-13). Él, que a menudo tiene a Cristo en la boca, con sus obras y opiniones lo maldice.

El repruebo a la carne es una creencia gnóstica, de Prada propaga un sesgo dualista y espiritualista que no es cristiano sino herético y contrario a las bases del cristianismo ortodoxo. El cristianismo no es dualista, la doctrina cristiana enseña que el cuerpo es espíritu encarnado, cuerpo y alma son dos dimensiones interdependientes, y el espíritu no es una entidad atrapada en el cuerpo.

P.D. En lo que tiene razón es en la crítica al Madrid y en la ridícula costumbre de algunos de idolatrar a ciertos jugadores.​
 
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Apología del rellenito (Juan Manuel de Prada)​

Basta observar la obsesión que hombres y mujeres muestran por mantener la línea para confirmar que la tan cacareada 'igualdad de sesso', lejos de 'liberar' a la mujer, ha igualado a hombres y mujeres en la servidumbre y el gregarismo, en la majadería y el sometimiento lacayuno a cánones estéticos grotescos y obsesiones salutíferas idiotizantes. Mens stulta in corpore sano, parece ser el lema epiceno o bisensbi de esta época calamitosa, en la que las mujeres, lejos de renegar de las dietas y de las fajas estranguladoras de sus mollas, se han apuntado también a esa modalidad quirúrgica de la faja llamada liposucción; y en la que los hombres, que antaño paseaban tan pimpantes sus orondas barrigas, se extenúan en esos manicomios con olor a sobaquina llamados gimnasios, para reducir su perímetro abdominal (a la vez que le ponen los cuernos a su mujer con una monitora machuna e inflada de anabolizantes). Ser rellenito, en fin, se ha convertido en un acto de distinción y aristocracia.

Decía Charles Laughton que los tiranos más crueles son infaliblemente flacos; y Balzac señalaba que, cuanto más delgado es el escritor, más propende a la envidia, el resentimiento, la infecundidad y el barullo sintáctico. Tal vez ambos (puesto que eran rellenitos apoteósicos) barriesen para casa, pero es una evidencia que todos los mandamases de la Unión Europea, esos tiranos disfrazados de eficientes burócratas, son flacos como anchoas; y también que los escritores más revirados y consumidos por los celos se preocupan mucho de mantener la línea. A los rellenitos, en cambio, nos asiste la virtud de la apacibilidad; y tenemos un aplomo, una forma de llenar el traje y de repantigarnos en el sofá que transmite confianza, empaque, sosiego y majestuosidad. No negaré que haya rellenitos histéricos y culebrillas, acomplejados y defecapoquitos; pero estos rellenitos indignos no son sino flacos que viven prisioneros dentro del cuerpo del rellenito, flacos disfrazados de rellenito a los que conviene encerrar de inmediato en un manicomio con olor a sobaquina, para que se froten la cebolleta con una monitora machuna e inflada de anabolizantes, mientras recuperan su verdadero ser. Dios pudo haber creado al hombre como un manojo de huesos tapizados de piel; pero quiso que la gordura protegiese nuestros huesos, los acolchase, los abrigase cariñosamente, dotándolos al mismo tiempo de estabilidad, pues sabía que los huesos son la parte más delicada de nuestra anatomía, y la más necesitada de una mullida amortiguación.

Pero las grasas abundantes no sólo sirven como almohadas de los huesos, sino que son un reclamo irresistible para el amor. Está demostrado que los hombres rellenitos somos los amantes más abnegados, pues nuestro abrazo siempre resulta más tierno y arrebatado (¡y también más arrebatador, porque arrebata el aliento!), e infinitamente más cálido (cosa que se agradece mucho en las noches más crudas del invierno). La mujer necesita sentirse acunada y arrullada por el hombre de sus sueños; y no hay mejor hombre de los sueños que un rellenito sin complejos, en el que la mujer puede envolverse como en un edredón nórdico, y arrellanarse sobre él como se arrellanaría sobre un confortable diván con cojines, y navegar dentro de él como si lo hiciese por el estómago de una plácida ballena. Nadie como el rellenito inspira estos sentimientos en la mujer, que además desconfía (¡y con razón!) del hombre que tiene menos centímetros de cintura que ella, obsesionado por mostrar dotes de acróbata o contorsionista. Frente a este tipo de hombre tarambana o espíritu de la golosina se alza el rellenito sin complejos, que pone toda su carne en el asador y se centra en lo que hay que centrarse, con insistencia y consistencia. Por último, aunque se diga que el hombre rellenito es una carga excesiva para el presupuesto doméstico por gastar mucho en comida, lo cierto es que sale mucho más caro el hombre obsesionado por guardar la línea, con sus suscripciones al gimnasio, sus ridículas ropas deportivas (¡esas zapatillas fluorescentes!), sus complejos vitamínicos y sus remedios contra la jaqueca. No hay hombre más amante, fiel y agradecido que el rellenito; y esto la mujer que lo probó lo sabe.

Yo doy todos los días gracias a Dios por hacerme y mantenerme rellenito y por permitirme disfrutar de delicias que están vedadas a los flacos. Y cada vez que un flaco me mira con tirria, recuerdo aquella anécdota de Bernard Shaw y Chesterton. «Si yo estuviera tan rellenito como usted bromeó Shaw, me ahorcaría»; a lo que Chesterton repuso, beatífico: «Tranquilo, si algún día decido ahorcarme, lo usaré a usted como soga». Dicho lo cual, siguió siendo su amigo, porque los rellenitos somos un cacho de pan.

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/juan-manuel-de-prada/apologia-rellenito-8230.html

Menuda tontería más absurda,
Prada. Tontería colosal. Planetaria.
 

Apología del rellenito (Juan Manuel de Prada)​

Basta observar la obsesión que hombres y mujeres muestran por mantener la línea para confirmar que la tan cacareada 'igualdad de sesso', lejos de 'liberar' a la mujer, ha igualado a hombres y mujeres en la servidumbre y el gregarismo, en la majadería y el sometimiento lacayuno a cánones estéticos grotescos y obsesiones salutíferas idiotizantes. Mens stulta in corpore sano, parece ser el lema epiceno o bisensbi de esta época calamitosa, en la que las mujeres, lejos de renegar de las dietas y de las fajas estranguladoras de sus mollas, se han apuntado también a esa modalidad quirúrgica de la faja llamada liposucción; y en la que los hombres, que antaño paseaban tan pimpantes sus orondas barrigas, se extenúan en esos manicomios con olor a sobaquina llamados gimnasios, para reducir su perímetro abdominal (a la vez que le ponen los cuernos a su mujer con una monitora machuna e inflada de anabolizantes). Ser rellenito, en fin, se ha convertido en un acto de distinción y aristocracia.

Decía Charles Laughton que los tiranos más crueles son infaliblemente flacos; y Balzac señalaba que, cuanto más delgado es el escritor, más propende a la envidia, el resentimiento, la infecundidad y el barullo sintáctico. Tal vez ambos (puesto que eran rellenitos apoteósicos) barriesen para casa, pero es una evidencia que todos los mandamases de la Unión Europea, esos tiranos disfrazados de eficientes burócratas, son flacos como anchoas; y también que los escritores más revirados y consumidos por los celos se preocupan mucho de mantener la línea. A los rellenitos, en cambio, nos asiste la virtud de la apacibilidad; y tenemos un aplomo, una forma de llenar el traje y de repantigarnos en el sofá que transmite confianza, empaque, sosiego y majestuosidad. No negaré que haya rellenitos histéricos y culebrillas, acomplejados y defecapoquitos; pero estos rellenitos indignos no son sino flacos que viven prisioneros dentro del cuerpo del rellenito, flacos disfrazados de rellenito a los que conviene encerrar de inmediato en un manicomio con olor a sobaquina, para que se froten la cebolleta con una monitora machuna e inflada de anabolizantes, mientras recuperan su verdadero ser. Dios pudo haber creado al hombre como un manojo de huesos tapizados de piel; pero quiso que la gordura protegiese nuestros huesos, los acolchase, los abrigase cariñosamente, dotándolos al mismo tiempo de estabilidad, pues sabía que los huesos son la parte más delicada de nuestra anatomía, y la más necesitada de una mullida amortiguación.

Pero las grasas abundantes no sólo sirven como almohadas de los huesos, sino que son un reclamo irresistible para el amor. Está demostrado que los hombres rellenitos somos los amantes más abnegados, pues nuestro abrazo siempre resulta más tierno y arrebatado (¡y también más arrebatador, porque arrebata el aliento!), e infinitamente más cálido (cosa que se agradece mucho en las noches más crudas del invierno). La mujer necesita sentirse acunada y arrullada por el hombre de sus sueños; y no hay mejor hombre de los sueños que un rellenito sin complejos, en el que la mujer puede envolverse como en un edredón nórdico, y arrellanarse sobre él como se arrellanaría sobre un confortable diván con cojines, y navegar dentro de él como si lo hiciese por el estómago de una plácida ballena. Nadie como el rellenito inspira estos sentimientos en la mujer, que además desconfía (¡y con razón!) del hombre que tiene menos centímetros de cintura que ella, obsesionado por mostrar dotes de acróbata o contorsionista. Frente a este tipo de hombre tarambana o espíritu de la golosina se alza el rellenito sin complejos, que pone toda su carne en el asador y se centra en lo que hay que centrarse, con insistencia y consistencia. Por último, aunque se diga que el hombre rellenito es una carga excesiva para el presupuesto doméstico por gastar mucho en comida, lo cierto es que sale mucho más caro el hombre obsesionado por guardar la línea, con sus suscripciones al gimnasio, sus ridículas ropas deportivas (¡esas zapatillas fluorescentes!), sus complejos vitamínicos y sus remedios contra la jaqueca. No hay hombre más amante, fiel y agradecido que el rellenito; y esto la mujer que lo probó lo sabe.

Yo doy todos los días gracias a Dios por hacerme y mantenerme rellenito y por permitirme disfrutar de delicias que están vedadas a los flacos. Y cada vez que un flaco me mira con tirria, recuerdo aquella anécdota de Bernard Shaw y Chesterton. «Si yo estuviera tan rellenito como usted bromeó Shaw, me ahorcaría»; a lo que Chesterton repuso, beatífico: «Tranquilo, si algún día decido ahorcarme, lo usaré a usted como soga». Dicho lo cual, siguió siendo su amigo, porque los rellenitos somos un cacho de pan.

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/juan-manuel-de-prada/apologia-rellenito-8230.html

Está rellenito porque Dios le hizo así, no porque coma en exceso y se mueva poco.
 
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Deporte moderado; caminar, paseos en bici, natación. Pero nada de deportes de impacto a las articulaciones.

Eso, más una dieta que te mantenga con una "ligera sensación de hambre" continuamente. Nada de bollería industria, exceso de azúcar y grasas animales muy de vez en cuando.

100% salud
 
Este se licenció en derecho y escribe novelas. ¿No?
Pues lo que tenga que decir sobre el deporte está de más.
Estoy cansado de que todo el mundo tenga que opinar sobre todo.
 

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