La vivienda subirá sin control en cinco años, avisan los promotores
El precio de la vivienda subirá de forma desmedida en cinco años si no se corrige la falta de oferta. Lo dice la patronal de los grandes promotores, APCE, que sitúa el problema en dos frentes: una normativa urbanística que califica de obsoleta y restrictiva, y una mano de obra que se jubila sin relevo. «Llevo diez años alertando de que este problema se va a agravar», resume su presidente, Juan Antonio Gómez-Pintado, que coloca la preocupación en grado máximo por el cierre de la puerta a los jóvenes.
La advertencia no es nueva. Cada cierto tiempo, el sector inmobiliario anuncia el desastre si no se le despeja el camino. Lo que cambia ahora es el calendario: no hablan de un problema futuro, sino de una cuenta atrás que ya está en marcha.
Qué dice APCE sobre el precio de la vivienda en España
El diagnóstico de la patronal es una cadena de causas. La normativa urbanística no permite licencias rápidas ni industrialización, según su presidente. A eso se suma la falta de suelo finalista, que él mismo señala como uno de los factores que más impacta en el precio. Y por debajo de todo, el problema que consideran irreversible: los capataces y encargados que gestionan las promociones están en edad avanzada y no tienen sustitución.
«Cuando empiece a jubilarse la mano de obra como capataces o encargados, vendrá el problema grave», advierte Gómez-Pintado. Su horizonte son cinco o diez años. Para entonces, calcula, un enorme porcentaje de ese grupo de trabajo habrá desaparecido y la oferta de vivienda disponible se ajustará aún más a la baja. El resultado, dice, es que los precios de Madrid y Barcelona podrían alcanzar niveles de Milán, Roma o París.
La única salida que contempla es la industrialización de los procesos constructivos. Pero ahí choca con la financiación: la ley hipotecaria y las normas ECO, sostiene, no permiten pagar certificaciones de obra que no esté ejecutada en el sitio. «Queremos que se puedan aprobar las certificaciones de obra en fábrica», reclama, y apunta que entre el Ministerio de Economía y el Banco de España «se están pasando la pelota».
El aval a los jóvenes y el efecto contrario
Mientras la patronal pide suelo y financiación, el Gobierno mueve ficha por el lado de la demanda. El aval público del 20% de la hipoteca para jóvenes aparece en la conversación como el ejemplo perfecto de la contradicción: se ayuda a comprar sin haber resuelto antes cuánto se construye. La lectura más repetida en el foro es que ese dinero acabará en el precio, no en el comprador.
Hay quien lo formula sin rodeos: si el Estado pone el aval, el vendedor sube el precio. No es una ley económica, pero se parece bastante a lo que ha pasado otras veces. La propia patronal admite que el desajuste entre oferta y demanda es el problema de fondo, y avala un plan público de vivienda asequible solo si se ejecuta con criterio empresarial y colaboración público-privada desde el principio. Si se gestiona como administración, avisan, los concursos quedan desiertos.
La mano de obra que no llega y la que se jubila
El argumento de la falta de trabajadores tiene su propia réplica. Se señala que el país ha recibido un volumen elevado de población extranjera en los últimos años y que, aun así, el sector dice no encontrar gente. La explicación que se da en voz baja es que muchos de esos trabajadores no quieren quedarse en el andamio: prefieren puestos con menos desgaste físico o seguir su ruta hacia otros países europeos con mejores condiciones.
La patronal, en cambio, insiste en que el relevo no existe. No es solo cuestión de peones: faltan oficiales, encargados y capataces, los perfiles que organizan una promoción. La industrialización, dicen, permitiría producir vivienda con menos dependencia de esa mano de obra especializada. Pero la industrialización exige fábricas, financiación y normativa que hoy no encajan.
La comparación con la burbuja de 2008
El fantasma de la burbuja recorre cada conversación sobre precios. La memoria es selectiva: hubo pisos que se compraron a 220.000 euros y años después se vendieron a 115.000 en el mismo edificio. Eso pasó. Y también pasó que, tras el desplome, los precios volvieron a subir. Quien compró en el suelo y vendió después hizo dinero. Quien compró arriba, no.
La diferencia que se subraya ahora es el perfil del comprador. Antes el comprador objetivo era un trabajador solvente con nómina fija. Hoy, en muchas zonas, es un inversor extranjero o alguien que compra para alquilar por habitaciones. Eso cambia las reglas: el precio no lo fija el salario local, sino la rentabilidad esperada. Y mientras el Estado paga avales y ayudas al alquiler, la demanda no baja.
Qué puede pasar con el precio de la vivienda en los próximos años
La predicción de la patronal es de subida desmedida. La predicción de los escépticos es que el mercado se pare cuando el comprador no pueda pagar, como ya ocurrió. Entre ambos extremos hay un dato que no se discute: la producción de vivienda nueva lleva años por debajo de la formación de hogares. Si esa brecha no se cierra, el precio hace el trabajo solo.
Queda la vía de los fondos europeos, con promociones que deben estar terminadas en junio de 2026. La patronal pide agilidad administrativa y financiación para industrializar. Si no llega ninguna de las dos, su pronóstico es el mismo que llevan repitiendo una década: menos oferta, más precio y jóvenes fuera del mercado.