A eso lo llamábamos un obús. En séptimo de EGB, uno de clase lanzaba piedras a la pizarra desde los pupitres del fondo de la clase. Hacía un ruido muy fuerte al impactar, con el mosqueo del profesor, que no se imaginaba de dónde salían esos golpes. El profe creía que era alguien con una cerbatana de bolígrafo desde la primera fila, y estaba pendiente. Uno de los proyectiles le salió al "francotirador" un poco desviado, y le dio al profesor en un ojo. No se lo vació de milagro. El tipo se puso furioso y echó la culpa a un pobre diablo que estaba sentado enfrente de él. El francotirador, en su nobleza, se reconoció culpable, ante lo que el profe dijo que era imposible, que con una cerbatana no le podía dar tan fuerte desde tan lejos. Cuando vio el artilugio, se quedó alucinado. Se lo confiscó, y desde entonces lo llevaba siempre en una bolsa que usaba, y jugueteaba con él al dar clase. Decíamos que lo usaba de condón con una profesora...
Cada vez que me encuentro con el francotirador, de diez en diez años, nos reímos mucho por el tema.
Por cierto, además de la versión casera que ud. pone, vendían obuses de fabricación industrial en los kioscos sin problema, junto con navajas de plástico y cigarrillos de chocolate. Todo ello te lo compraba tu abuelo el domingo al salir de misa, y lo estrenabas enseguida en el parque.
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Ni kaleborroca ni guerrilla urbana: un niño en los ochenta (seguro que no lo es, la ropa es muy moderna) jugando en el parque. Si te sacaban un ojo, te quedaba otro.