Guerra en Ucrania_XIV

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Madmaxista
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Acerca del caso Aleksei Navalny

Álvaro Heredia.— El pasado 20 de agosto recibimos la noticia de que el político ruso Aleksei Navalny, según su portavoz, habría sido objeto de un envenenamiento cuando se dirigía en avión a Siberia. Aún queda por esclarecer dicha acusación, por probable que parezca, mas poco importó este hecho a los medios de comunicación occidentales: inmediatamente, engrasaron su maquinaria propagandística para ensalzar la figura de Navalny, como si de un mártir de la democracia se tratara. El Mundo, El País, The Washington Post, France 24, etc., declararon unánimemente que el “principal opositor a Putin” se encontraría al borde de la muerte, debido a su lucha contra “las corruptelas del gobierno ruso”.

Aclaremos, en primer lugar, una cuestión en la que inciden y mienten descaradamente los medios de propaganda occidentales: Navalny no es el principal opositor a Putin y su partido, Rusia Unida:

  • El revisionista y chovinista Partido Comunista de la Federación de Rusia sí constituye la oposición más relevante al gobierno: cuenta con un electorado de más de 7 millones de personas en las últimas elecciones legislativas (2016) y unos 170 000 militantes en todo el país.
  • El Partido Liberal-Demócrata de Rusia (de extrema derecha) cosechó algo menos de siete millones de votos; no obstante, rara vez se opone abiertamente a la política putiniana.
  • Rusia Justa, de ideología socialdemócrata, pese a perder más de la mitad de sus apoyos electorales respecto a las elecciones de 2011, recibió más de 3 millones de votos y conserva un músculo significativo en el territorio al oeste de los Urales.
  • Comunistas de Rusia representa una organización política que caracterizan tanto su retórica marxista-leninista, como sus planteamientos oportunistas y nacionalistas; está conformada por algo menos de 2 000 militantes, cuya base social la constituyen esencialmente obreros jóvenes del territorio siberiano. Cosechó 1 192 595 votos en las elecciones legislativas de 2016 y representa quizá la oposición materialmente más combativa, dada su constitución proletaria.
El partido de Navalny, Rusia del futuro, ni siquiera está registrado formalmente en el Ministerio de Justicia; de hecho, apenas lo integra un centenar de militantes. Tampoco alcanzó cotas de popularidad significativas cuando integró otras opciones políticas con cierta tradición en la Federación Rusa, como Yabloko. Es cierto que obtuvo el segundo mayor número de votos en las elecciones a la alcaldía de Moscú hace siete años, cuando militaba en el Partido del Progreso. Entonces, ¿con qué apoyos cuenta Navalny? Provienen fundamentalmente de su cuenta de Twitter (con algo más de 2 millones de seguidores) y de la Plataforma Anticorrupción, que despierta simpatía ciertos sectores de las masas populares, cansadas de la corrupción institucional en el estado ruso. Empero, media un abismo entre gozar de cierta repercusión en redes sociales y constituir una disidencia material contra Putin y Rusia Unida. De hecho, podríamos nombrar decenas de organizaciones políticas de todo signo con más representación material en la sociedad que el partido de Navalny. En otras palabras, dista de representar una oposición siquiera relevante en el imaginario social ruso; otra cosa es lo que predican los medios de comunicación en occidente.

Tras los datos expuestos en los párrafos superiores, cabe preguntarse: ¿por qué recibe Navalny una atención desproporcionadamente amplia en los medios de comunicación occidentales si nos atenemos a su moderada repercusión material en la política rusa? Examinemos sus planteamientos políticos:

El abanico ideológico en que ha desarrollado Navalny su carrera política gira en torno a la extrema derecha:

  • Económicamente, hablamos de un neoliberal cuyas preferencias, en la burguesía nacional, giran en torno a oligarcas que se enriquecieron a partir del derrumbe de la URSS, pero distintos de los predilectos del nepotismo putiniano. Es más, cuenta con apoyos empresariales tanto de la UE, como de EE. UU., especialmente a través de sus socios bancarios. Aquí encontramos la primera pista que nos conduce hacia la explicación del apoyo que recibe de los medios de comunicación occidentales: presumiblemente no vería con malos ojos que el capital occidental se introdujese en sectores privados y públicos estratégicos de la Federación Rusa. Ello le permitiría ganarse el favor de los Estados Unidos y la Unión Europea, a la par que desplazar a sus enemigos en la oligarquía doméstica. Naturalmente, la burguesía nacional rusa que se enriqueció al abrigo de Putin se opone en bloque a Navalny. En cambio, los patrocinadores de este último advierten ventajas comerciales en la apertura de sectores económicos al capital occidental. Cabe señalar que, a principios de los 2000, comadreó con Yeltsin, María Gaidar y el resto de “artífices” de la terapia del shock, que sumió a Rusia bajo el capitalismo a través del empobrecimiento más vil de la clase trabajadora. Asimismo, se antoja, cuando menos, interesante que los principales promotores económicos de la “Plataforma Anticorrupción” de Navalny sean dos banqueros: Vladímir Ashurkov y Mijaíl Fridman (propietario de los supermercados Dia). El programa electoral oficial del Partido del Progreso, que Navalny comandó hasta 2018, defendía la eliminación del sistema público de pensiones, así como una mayor libertad de acción para los empresarios extranjeros. Uno de los pocos “guiños” de su programa a la clase trabajadora consistía en aumentar el salario mínimo hasta el límite que marcaron las últimas reformas constitucionales de Rusia (2020). Ello, no obstante, resulta irrisorio, dada la incalculable preeminencia de la economía sumergida, especialmente entre los trabajadores jóvenes.

  • Ideológicamente, encontramos, según la propaganda occidental, un nacionalista liberal. Se trata, en realidad de un xenófobo quien, sin ningún pudor, participa en concentraciones ultranacionalistas, como la “Marcha Rusa”, la cual coorganizó en varias ocasiones. Durante esta, monárquicos y fascistas lanzaban proclamas antisemitas y en contra de la inmigración; tal era el hedor fascista de semejante marcha que Luzhkov, alcalde putinista de Moscú, la prohibió y Navalny fue expulsado del partido liberal Yabloko. En 2007, meditó la idea de conformar un frente unido de la extrema derecha, los liberales y varias organizaciones nazbol, cuyo eje programático se asentaría sobre el nacionalismo ruso y la defensa del neoliberalismo más salvaje. En 2008, durante la Guerra de Osetia del Sur, Navalny calificó a los ciudadanos de Georgia como “ratas” y “seres indeseables”. Esclareció aún más sus posiciones imperialistas cuando, en 2012, planteó la duda sobre la conveniencia de que las naciones ucraniana y bielorrusa poseyesen su propio estado. No obstante, tras el golpe de estado en Ucrania contra el presidente Yanukovich, aliado del Kremlin, Navalny declaró que comprendía las “aspiraciones europeístas” de los ucranianos, al tiempo que condenaba los levantamientos populares antifascistas en Donetsk y Lugansk. Tales alabanzas al fascismo camuflado de “europeísmo” implicaron otra caricia a la política exterior de EE. UU. En 2013, apoyó los altercados de Biryulyovo, donde fascistas rusos recorrieron barrios populares de Moscú en busca de inmigrantes a los que agredir. La retórica en contra de la inmigración del Cáucaso ha representado un elemento constante de sus campañas electorales. Igualmente, atañe a esta la responsabilidad del repunte en el consumo de narcóticos entre los jóvenes rusos. El programa electoral de Aleksei Navalny, a fecha de 2018, defendía que un ciudadano del Cáucaso solo podría acceder a territorio ruso en caso de disponer de un visado de trabajo. Nótese que muchos trabajadores de dicha procedencia entran en Rusia mediante un visado de turista, para después trabajar ilegalmente en las grandes urbes del país. Como muestra siguiente de su repugnancia ideológica, al igual que Putin, reclama a Iósif Stalin como un líder nacional de Rusia, de la misma forma que evidencia su anticomunismo recalcitrante al señalar a los bolcheviques como “estatistas ineptos”. Entre otras lindezas, asegura que solo Rusia (y no el resto de exrepúblicas soviéticas y populares) combatió contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
Su apoyo al libre mercado, la destrucción de los vestigios del sistema público de pensiones y la entrada de capital occidental en varios sectores estratégicos de Rusia lo convierten en un aliado predilecto de EE. UU. y la UE. Por otro lado, su componente racista, populista y supuestamente anticorrupción, que sufragan cariñosamente dos de los banqueros más pudientes del país, lo transforma en el ojito derecho de los nuevos oligarcas nacionales. Así las cosas, abordemos otras relaciones estrechas que Navalny ha tejido con occidente:

El ya mencionado Vladímir Ashurkov, uno de sus bienhechores más predilectos, cuenta con un historial para nada desdeñable de declaraciones a favor del acercamiento entre Rusia y la UE, para que la exrepública soviética se convierta en un “garante de la estabilidad en la región”. No en vano, sus estudios en la elitista Wharton School of Business, de la Universidad de Pennsylvania le permitieron desarrollar buenas amistades con los republicanos estadounidenses. Por otro lado, tanto Ashurkov, como Fridman, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de Rusia en EE. UU., son propietarios del banco AlfaBank, así como del Grupo Alfa, no pocas de cuyas acciones y participaciones se encuentran en manos de capitalistas occidentales. Ello choca con VTB y Sberbank, los bancos propiedad de los principales apoyos económicos de Rusia Unida, que restringen sobremanera la participación a los inversores extranjeros. La desregulación del sector bancario representa, naturalmente, otro de los pilares del programa económico de Navalny. Este, de la misma manera, arguye que Rusia debe retirarse de sus misiones bélicas en Siria, así como reducir cuantiosamente su número de bases militares en el extranjero.

Aleksei Navalny ha participado en numerosos foros de las élites occidentales. Uno de los más interesantes para nuestro análisis tuvo lugar en 2010, durante el “World Fellowship”, que organizó la Universidad de Yale. Navalny se entendió a las mil maravillas con centinelas del anticomunismo, tales como los representantes políticos y bancarios de los países bálticos, Polonia y Ucrania. Es más, se reunieron allí explotadores y populistas de toda calaña, que intervinieron significativamente en la neoliberal “Revolución Naranja” de Ucrania, en 2004, y el ascenso del fascismo en el mismo país gracias a las protestas del Maidán (2013-2014). Navalny demostró una clara sintonía tanto con Poroshenko, expresidente de Ucrania y valedor del mayor empobrecimiento del estado ucraniano desde el derrumbe soviético, como con los grupos de presión económicos que encumbraron en 2019 a Volodímir Zelenski. No es por capricho que critique duramente a los milicianos del Donbass a la par que ensalza la “voluntad democrática” del neoliberalismo y el fascismo en Ucrania.

Nada parece indicar que Putin, de 67 años, abandone el Kremlin antes de la década de 2030. Sin embargo, cuando ello suceda, Navalny, de 44 años, constituirá un candidato de ensueño para los intereses occidentales y los nuevos oligarcas rusos: conjuga a la perfección los elementos más útiles y reaccionarios de la nueva burguesía nacional y un fascismo en auge. Asimismo, su retórica anticorrupción puede seducir a ciertos sectores de la clase media y la pequeña burguesía, que pronto serán devorados por dos tigres: la mordedura definitiva al ya maltrecho gasto social y las fauces implacables de los oligarcas occidentales, que se unirán a las ya conocidas por todos los rusos. En un mundo donde el imperialismo estadounidense se resquebraja ante la pujanza del chino, Rusia desempeñará un papel fundamental: aquel que controle su gigantesca reserva de materias primas y recursos naturales, por la que ambos imperialismos salivan, se anotará un tanto importante en su marcador. Putin y Xi Jinping denotan una sintonía satisfactoria, de la misma forma que Navalny y Washington.

Sí, Navalny encuentra numerosos obstáculos a la hora de inscribir su partido en las listas de las elecciones. Ahora bien, esto sucede a numerosas organizaciones debido a la restrictiva ley electoral rusa, que favorece a los partidos de mayor militancia. Sí, no pocos organismos internacionales han denunciado sus encarcelamientos, a menudo acompañados de pretextos insólitos. No, Navalny aún no representa una alternativa material y plausible a Putin, si bien es cierto que cuenta con el beneplácito de socios muy poderosos tanto nacional, como internacionalmente. Finalmente, no, no representaría ningún progreso para las masas populares rusas y la clase trabajadora la llegada de Navalny al poder. Cuán interesante se antoja la elocuencia de los medios de comunicación occidentales, que presentan a un agente de la burguesía, Putin, como un enemigo de la democracia y los derechos humanos, mientras que, a otro burgués, Navalny, lo encumbran como poco menos que el mesías del pueblo ruso.

El estado autoritario que rige Vladímir Putin en poco se diferenciaría del que concibe Aleksei Navalny, puesto que los une un programa económico similar (aunque con distintos nombres), vocaciones neoliberales análogas, intereses de clase ecuánimes y la férrea tergiversación nacionalista de la historia reciente de Rusia. Putin y su caterva representan un capitalismo salvaje con los dientes bien afilados; Navalny y la suya poseen aspiraciones políticas, sociales y económicas calcadas a las putinianas, que continuarán martirizando al pueblo ruso con o sin Rusia Unida. Lo único que diferencia a ambos enemigos del progreso humano es que uno aún no ostenta poder material. Lo único que los enfrenta corresponde a tejemanejes burgueses de los que nada bueno recaerá sobre la clase trabajadora de Rusia, pues únicamente consisten en delimitar cuál es el nombre del siguiente capataz del capitalismo.

El único camino que representará un avance para el pueblo ruso se asienta sobre una oposición sin fisuras al nacionalismo chovinista, independientemente de que lo comanden Putin, Navalny o Grudinin. Las lecciones de la Revolución de Octubre, así como de la corrupción ideológica de la URSS con la traición jruschovista, dejan claro que solo la lucha de todos los trabajadores de Rusia contra la burguesía conduce a un escenario en que los derechos humanos se respeten, no solo en la teoría, también en la práctica.
Mira que te callo la boca con 3 frases.

1. Navalny es creación de FSB para canalizar y monitorizar grado de descontento social.

2. Navalny niega abiertamente la existencia del pueblo y la nación ucraniana con lo cual debéis estar dando palmos con las orejas ya.

3. Para FSB es llave de acceso para los oligarcas que viven fuera de Rusia, es decir para infiltrarse entre la disidencia rusa que vive en el occidente.

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Madmaxista
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Mira que te callo la boca con 3 frases.

1. Navalny es creación de FSB para canalizar y monitorizar grado de descontento social.

2. Navalny niega abiertamente la existencia del pueblo y la nación ucraniana con lo cual debéis estar dando palmos con las orejas ya.

3. Para FSB es llave de acceso para los oligarcas que viven fuera de Rusia, es decir para infiltrarse entre la disidencia rusa que vive en el occidente.

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O sea que en Rusia no hay oposición salvo los dos partidos comunistas
 

Harman

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Sin grandes avances


14/09/2020

Artículo Original: Izvestia



El hecho de que se haya producido una reunión de los asesores de los líderes del formato Normandía sugiere que el proceso de Minsk para la resolución del conflicto en Donbass continúa y que las partes, aunque con dificultades, siguen buscando un compromiso. Así lo han expresado expertos consultados por Izvestia, que apuntan que, en el contexto de otro empeoramiento en el este de Ucrania, es una buena señal. Sin embargo, como afirmó el representante de la Federación Rusa en estas conversaciones, Dmitry Kozak, la reunión no ha dado ningún avance y ni siquiera se ha discutido una posible cumbre con la participación de los líderes de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania. Al mismo tiempo, la parte ucraniana ha afirmado que los acuerdos de Minsk no pueden implementarse y que la salida debe buscarse en el formato Normandía.

El 11 de septiembre se produjo la reunión de asesores políticos del formato Normandía en Berlín, donde una vez más se discutió la resolución del conflicto en Donbass. Las conversaciones se prolongaron durante cuatro horas. Inicialmente, la reunión debía haberse celebrado el 28 de agosto, pero, según afirmó Kiev, fue pospuesta a causa de un viaje de trabajo del representante francés. En Moscú se explicó de otra manera: los participantes no habían acordado un borrador de documento final. La reunión anterior se había celebrado el 3 de julio en Berlín y, como afirmó el representante de la Federación Rusa, también terminó sin grandes avances.

Alemania, Francia, Rusia y Ucrania han acudido más preparados a esta reunión. Según Dmitry Peskov, secretario de prensa del presidente ruso, las partes habían “fijado e iniciado” la agenda de antemano y los homólogos europeos y ucranianos habían cumplido los requisitos de Dmitry Kozak de presentar sus propuestas para el borrador del documento final. El representante ruso expresó su esperanza de que, en esta ocasión, los negociadores de los consejos políticos llegaran a algún resultado tangible.

Sin embargo, como admitió Kozak más adelante, no ha sido posible conseguir tal progreso y la única noticia positiva es que las partes han acordado seguir observando el alto el fuego. “La cuestión clave, la cuestión fundamental es si se va a seguir trabajando en el Grupo de Contacto y en el formato Normandía en una solución basada en los acuerdos de Minsk o si va a haber una desviación de los acuerdos de Minsk”, afirmó Kozak ante los periodistas, cunado llamó la atención al hecho de que las autoridades ucranianas públicamente hablan de revisar los acuerdos.

A juzgar por las declaraciones de Kiev, la parte ucraniana tenía grandes esperanzas puestas en esta reunión: suponía que el resultado de las negociaciones iba a determinar cuándo se va a producir la próxima cumbre de líderes del formato Normandía. Sin embargo, Kozak negó esas perspectivas tras los contactos de París: ni siquiera se discutió una nueva cumbre de Normandía.

La parte rusa sigue siendo escéptica ante la posibilidad de celebrar otra cumbre. Moscú considera necesario que, antes de que se celebre una nueva cumbre, se hayan implementado todos los puntos acordados por los líderes en diciembre de 2019 en París. En primer lugar están las enmiendas a la Constitución ucraniana según la “fórmula Steinmeier” (garantizar el estatus especial para Donbass en primer lugar, después celebrar elecciones allí y solo entonces devolver el control de la frontera a Ucrania), así como el alto el fuego completo y la retirada de tropas en nuevas zonas.

En Berlín volvió a tratarse la cuestión. Como afirmó el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas en las conversaciones con su homólogo ucraniano el 24 de agosto, una nueva cumbre de ministros de Asuntos Exteriores deberá “no repetir lo que ya se hizo en la cumbre de París sino hablar de cómo esos puntos están siendo implementados”.

Hasta la fecha, Kiev y las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk han intercambiado prisioneros y han acordado medidas adicionales para garantizar el alto el fuego. El presidente ucraniano considera una gran victoria la introducción de esas medidas adicionales, acordadas el 22 de julio [aunque durante meses, sus delegados se negaron a aceptar esa idea, propuesta repetidamente por Donetsk, Lugansk y Moscú-Ed].

Según algunos expertos, el hecho de que la conversación continúe en las actuales condiciones es signo de que el proceso de Minsk sigue vivo. “Como aspecto técnico, estas reuniones apenas se notan cuando se celebran regularmente, solo es significativo cuando se detienen”, afirmó Kiril Koktysh, profesor asociado del departamento de teoría política del Instituto Internacional de Relaciones Internacionales de Moscú. “Es evidente que los contactos continúan, así que al menos hay un proceso en marcha. No se esperan grandes avances, pero el proceso de Minsk continúa y, en estas circunstancias, eso ya es buena señal”.

Mientras tanto, en la línea de contacto, la situación tampoco muestra signos de grandes avances en las negociaciones del Grupo de Contacto y la situación empeora. Por ejemplo, poco antes de la reunión de París, se registró actividad de construcción de fortificaciones ucranianas cerca de la localidad de Shumy en Donbass. Para impedir la reanudación de los bombardeos, las partes decidieron realizar una reunión extraordinaria del Grupo de Contacto, en la que participó Dmitry Kozak. En dicha reunión se acordó una inspección conjunta en la que participarían Kiev y Donbass junto con la OSCE.

Sin embargo, el 10 de septiembre no se produjo dicha inspección. Según afirmó el representante ruso en el Grupo de Contacto, Boris Gryzlov, la parte ucraniana impidió que se realizara. En Kiev, por el contrario, culparon al otro lado, afirmado que sus exigencias lo habían hecho “obviamente imposible”.

El mismo día de la reunión de Berlín, el líder de la delegación ucraniana en el Grupo de Contacto, Leonid Kravchuk, afirmó que no es realista implementar los acuerdos de Minsk “porque cuando se firmaron, ya estaba claro que no iban a ser implementados”. “Dirigidos por Poroshenko, escribieron una cosa y ahora exigen otra. Y quienes redactaron y firmaron eso nos recuerdan que hay unos acuerdos internacionales y que se tienen que cumplir. Actualmente estamos en una situación bastante difícil: hay unos acuerdos de Minsk, pero, por motivos evidentes, no se pueden implementar”, afirmó. “Según el derecho internacional, tales acuerdos no pueden ser cancelados unilateralmente por una de las partes, por lo que es necesario buscar una salida en el formato Normandía”, añadió Kravchuk.

“La negativa a realizar esa inspección muestra que, en cuanto hay un poco de histeria por parte del partido de la guerra, la Oficina del Presidente Zelensky se niega a cualquier compromiso”, afirmó a Izvestia el director del Centro de Análisis Político y Conflictos de Kiev Mijaíl Pogrebinsky. En su opinión, el debate sobre el alto el fuego no debería ser objeto para las negociaciones a nivel de asesores políticos, hay un grupo de contacto para ello. Debe de haber algo más que la parte ucraniana pretendía conseguir y por lo que fue a la reunión de Berlín, aunque, según el experto, es improbable que de dé a conocer al gran público.
 

Harman

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15/09/2020

Articulo Original: Alexey Zotiev


Siempre me gusta escuchar los argumentos filosóficos de los “ex”. Exmilitares, expolicías, exagentes de inteligencia, exoficiales y expolíticos. Me gusta ver a coroneles o capitanes saltar a la arena y empezar a hablar sobre lo mal que van las cosas en el país. Criticar a todo y a todos, estigmatizar el sistema, olvidando siempre que ellos mismos lo han servido fielmente durante décadas. Pero nunca les preguntes por qué no hicieron nada para intentar cambiar las cosas cuando tenían ese puesto. Hablarán de su juramento, de la necesidad de seguir las órdenes y de la alienación de los oficiales a los que se deben.

Pero, sobre todo, me gusta ver a los políticos que se han visto obligados a “retirarse”. Es un placer escucharlos. No solo saben cómo cambiar el país, sino que están dispuestos también a decirnos de quién es la culpa de que aún no vivamos en la felicidad y la abundancia. Escuchándoles, he llegado a hablar en voz alta a la pantalla del ordenador un par de veces intentado preguntar a estas inteligentes personas por qué no hicieron prácticamente nada cuando tenían el poder en sus manos.

Disfruto especialmente viendo a la élite política ucraniana. Allí todo está en la ruina. Cada político y oficial retirado habla del estancamiento económico, la crisis social y de todas las cosas desagradables que están haciendo esos colegas con los que hasta hace poco tiempo trabajaban codo con codo.

Tras escuchar mucho de la “sabia experiencia” de Poroshenko y de Turchinov, prácticamente sin querer me encontré con el argumentario del exministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Pavel Klimkin, que también ha pasado de la indiferencia al análisis. Por supuesto, Klimkin no se limita a hablar de la agenda política nacional y prefiere hablar de lo que está más cerca de su corazón: Rusia, las Repúblicas de Donbass y Putin.

El ataque contra las posiciones militares ucranianas en Donbass y la amenaza de las autoridades de la RPD son un claro ataque del Kremlin. Eso es exactamente lo que Klimkin afirma al describir lo que está ocurriendo en Donbass. “En el caso de Rusia, no se debe creer que haya ninguna coincidencia o casualidad. Las amenazas del Donbass ocupado de abrir fuego contra nuestras posiciones y realizar ataques selectivos son una parte de una cadena controlada desde Moscú”, afirmó el exministro.

Obviamente, me doy cuenta de que las palabras de Denis Pushilin sobre la posibilidad de realizar ataques contra las posiciones ucranianas en Donbass que se encuentran en lugares ilegales han causado excitación entre ciertos sectores de los patriotas de Ucrania, pero, ¿qué tiene que ver Putin con eso? ¿Qué relación tiene el Kremlin? Siempre ha habido una cierta lógica concreta en los actos del presidente ruso y no tiene ningún interés por reavivar el conflicto controlado, especialmente en un momento en el que se está empezando a discutir la posibilidad de celebrar una cumbre del formato Normandía.

Pero, según Klimkin, hay otra lógica en los actos de Vladimir Putin, que aviva el conflicto en Donbass. Klimkin opina que Rusia ha escalado la situación en Donbass, ya que el cumplimiento del régimen de silencio no ha dado el resultado que buscaba, concretamente la celebración de elecciones locales en los territorios ocupados de las regiones de Donetsk y Lugansk en sus términos. Las declaraciones del exministro Klimkin pueden sonar a anécdota, una ante la que los lectores recuerdan que es mejor reír.

Lo entendería si Klimkin dijera que Rusia busca deliberadamente escalar el conflicto en Donbass para presionar a Ucrania y acelerar el proceso de negociación. Al menos eso tendría alguna lógica. ¡Pero por las elecciones en Donbass!

Es posible que nadie haya informado a Klimkin de que se han realizado elecciones locales en los territorios ocupados de las regiones de Donetsk y Lugansk y no han sido realizadas por Rusia sino por el liderazgo de las Repúblicas. Si no, ¿cómo se puede explicar el sinsentido que presenta en directo y con una cara completamente seria?

Las elecciones son un proceso de trabajo. Se puede hacer elecciones en los territorios de las Repúblicas de Donbass una vez al mes si es necesario y eso no afectaría la situación en la línea de contacto. Si hubiera ese deseo, el mecanismo hace tiempo que está desarrollado y probado. Y para realizar comicios no hace falta ni la participación ni, mucho menos, el permiso de Ucrania.

Klimkin, que hace años que trata de descifrar el plan secreto de Putin, parece no ser en absoluto consciente de que Rusia ha insistido en el régimen de silencio únicamente por el bien del régimen de silencio. Créanme, es importante para nosotros que no haya un conflicto militar en las fronteras de Rusia. Es muy importante para nosotros que civiles y milicianos no mueran en el territorio de las Repúblicas. Ese es el plan secreto de Putin. Y la población de las Repúblicas puede celebrar elecciones locales en cualquier momento, sin informar a Kiev ni pedir permiso a Klimkin.
 

Harman

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Campamentos de odio




Campamentos de odio


16/09/2020

Artículo Original: Ukraina.ru



El fuerte deterioro de la situación económica ha supuesto un verano problemático para los ciudadanos ucranianos, especialmente para los niños. Con un salario medio que, según las estadísticas oficiales ronda las 10.000 grivnas, de las cuales la mitad se gasta automáticamente en las facturas de los servicios básicos, no es fácil encontrar las 7.000-15.000 grivnas que cuesta un campamento de verano. Esa pobreza es utilizada por los grupos de extrema derecha para reclutar sus futuras fuerzas de choque entre la infancia del país.

No es el primera año que operan en siete regiones de Ucrania (Kiev, Járkov, Chernigov, Cherkassy, Zaporozhie) los campamentos infantiles de las organizaciones del “Corpus Joven”, Yukorps. Los niños y adolescentes aprenden disciplina militar, táctica, cómo montar y desmontar armas y, por supuesto, una ideología muy concreta. En el campamento reciben regales gratis en forma de placas, libros, estandartes. Por supuesto, algunos padres hundidos en la pobreza son engañados para enviar a sus hijos allí.

“Acabé en este campamento porque no tenía otro sitio donde ir. En un caso pedían 7.000 rublos y en otro, 10.000. Y entonces papá encontró el campo de los Azovets, parecía un buen campo al que podía ir y aquí estoy ahora”, dice una niña de nueve años a la que le han dado el nombre de guerra Kitsia.

Algunos padres ingenuamente creen que en esos campos se enseña “patriotismo” y que no hay nada malo en ellos. Esa es la forma con la que intenta atraer a niños y monitores del campo de Kiev Burik, que lleva el símbolo fascista ocultista del sol negro en el codo: “Un enjambre (un destacamento) puede incluir de ocho a catorce niños. El programa es así: durante doce días en el campo, los niños pasan por diez disciplinas: historia de Ucrania, armar y desarmar armas automáticas, táctica, medicina, cuerda, escalar una pared, autodefensa, obstáculos, supervivencia y robótica. Muchos de los ataques dicen que entrenamos a los niños como las juventudes hitlerianas. Pero eso no es verdad. No preparamos a los niños para la guerra. Los preparamos para unirlos, para enseñarles a amar a la gente, para que no quieran la guerra”.

¿Está tan fuera de lugar hablar de juventudes hitlerianas, incitación al odio y entrenamiento de futuros militantes si el monitor del campo, que lleva un tatuaje Nazi, se ve obligado a refutarlo?

“Járkov tiene una reputación de ser una ciudad prorrusa, pero no así y hemos decidido probarlo. Estamos educando a verdaderos patriotas que defenderán a Ucrania”, afirma el coorganizador del campo Oleh Shiraev, que ha participado en disturbios fascistas en Finlandia que también estaban llenos de simbología Nazi.

Si se supone que el campamento tiene que enseñar a los niños a “amar a otras personas para que no quieran guerra”, no puede decirse que el éxito de su misión sea muy rotundo. “Todos nosotros crecemos algún día y puede que lo necesitemos en algún momento de nuestra vida, puede que alguien tenga que ir al frente a defender a la Patria”, afirma Ilya, de once años, que ha acudido al campamento de Zaporozhie.

Radio Svoboda publicó una información en profundidad sobre el campamento de Azovets de Kiev y los hechos planteados por los periodistas no pueden sino aumentar las preguntas sobre las juventudes hitlerianas. “La mañana comienza en el campamento con la formación y rezo de los nacionalistas ucranianos. Ucrania, santa madre patria de los héroes, desciende sobre mi corazón. Santa. Todopoderosa. Superior. ¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes!, gritan los niños con fervor. En este campamento, quienes cogen un catarro con afectuosamente calificados como trescientos [heridos en la batalla según la jerga militar ucraniana y rusa] y en lugar de nombres, los niños utilizan sus alias. Al principio de cada sesión, cada niño recibe un rifle de madera. Los niños más mayores van a la isla, donde reciben réplicas de armas reales, un rifle que dispara con láser. Para Vladimir, de trece años, fue su primer juego. “Me gusta luchar, soy francotirador”, explicó el niño”.

En su artículo, “Campamento de verano en Ucrania: aprendiendo a luchar”, The New York Times escribe: “Testigos del campamento de verano de entrenamiento militar infantil cerca de Kiev. Mientras continúa el conflicto entre Ucrania y los separatistas prorrusos, se anima a los niños a prepararse para defender al país”.

¿A quién engañan los organizadores de los campamentos, que alegan que enseñan la paz a los niños: a los ciudadanos ucranianos o a los periodistas? ¿No es incomprensible que niños sean obligados a repetir los eslóganes de una organización que colaboró con los Nazis en la limpieza étnica?

Sin embargo, los niños reciben una idea muy específica de esta organización. “Tenemos alrededor de tres conferencias sobre la historia de Ucrania para cada grupo. Sobre los cosacos, fundamentalmente analizamos Sagadaichy, Jmelnitski, la era de la ruina, Mazepa, Philip Orlik, la vida y las costumbres cosacas. Sobre el siglo XX, hablamos de Grushevsky, Konovalets, Bandera, Shujevich, OUN, UPA. En la situación actual, como nos llaman banderistas, a los niños les interesa qué es y de dónde viene”, afirma uno de los monitores del campamento de Kiev.

Hace tiempo que para los padres está claro que los niños han sido sometidos a años de propaganda sobre Konovalets, Bandera, Shujevich, OUN, UPA, figuras que son una vergüenza y no merecen enaltecimiento. ¿Pero el hecho de que los niños sean adoctrinados para ir a la guerra contra el Estado vecino y sus conciudadanos tampoco les confunde? Al menos habría que prestar atención a quiénes son las personas a las que están enviando a sus hijos.

Fijémonos en quien llevan, por ejemplo, el campo Sich cercano a mi ciudad, Zaporozhie. “Entre los monitores del campo hay soldados de la operación antiterrorista. Por ejemplo, el soldado Maxim Zaichenko fue al frente en 2014”, escribió una publicación ucraniana. Pero Zaichenko no es cualquier soldado de ATO, es el líder de la filial de Zaporozhie del grupo de extrema derecha Nazarus, cuyos miembros han apaleado a políticos y activistas de la oposición, han atacado a los tribunales, han cometido actos de vandalismo e incitación al odio étnico.

Los fundadores de la organización Yunkor Zaporozhie Rotislav Rasputny, Alexey Koritsky y Nikita Malnikov también son miembros del Corpus Nacional.

¿De verdad quieren los padres poner a sus hijos en manos de estos cuidadores? Parece dudoso. Pero no es difícil entenderlo teniendo en cuenta que, no solo la prensa, sino también las autoridades locales hacen propaganda de los radicales de extrema derecha.

Por ejemplo, en Zaporozhie, la administración regional ha aprobado la composición de un consejo de coordinación para la educación nacional patriótica que incluye a nuestros amigos Zaichenko y Dolinikov. Y también es importante el hecho de que el monitor del campamento Sich y actual líder de la Milicia Nacional en Zaporozhie Alexander Velikodny es el fundador de la ONG “Siempre Metalurg”, organización de fans del equipo de fútbol local. Velikodny también es el líder del club de fans Ultra Sich. Se trata de ultras y vándalos con ideología de supremacía blanca.

¿Profesores de patriotismo que participan en vandalismo e incluso terrorismo? El propio Corpus Nacional admite que Borisenko fue detenido por el ataque terrorista en Poltava (el lanzamiento de una granada contra la sede de la Plataforma Opositora), también miembro de Azov (la estructura madre del Corpus Nacional) entre 2014-2016. Por no hablar de la serie de ataques violentos contra los partidarios del partido de Sharii, que corrieron a cargo de miembros de Azov y de la Milicia Nacional en Vinnitsa, Yitomir, Járkov y otras ciudades. Miembros de estas organizaciones fueron detenidos por esos actos.

Es interesante que, según la declaración de la renta de Zaichenko, su puesto de trabajo está en la organización pública Asociación para la Cooperación Empresarial con la Oficina del Presidente, el Parlamento, el Consejo de Ministros de Ucrania, Centro de Coordinación. No hay más que imaginar qué presidente, Parlamento y Consejo de Ministros cooperaría con este tipo de personajes.

Pero en el contexto actual no es extraña la propaganda que reciben los campamentos radicales incluso de organizaciones locales. Por ejemplo, el Instituto Profesional de Zaporozhie: “Nuestros estudiantes tuvieron el placer de participar en un acto del centro de educación patriótica dedicado al campamento Sich. Impartió la conferencia Rotislav Rasputny, director del campamento, acompañado de miembros de su equipo. Es agradable que estos jóvenes presten atención a la educación patriótica y física de las generaciones más jóvenes. Todos los interesados recibieron invitaciones para participar”.

O el servicio de prensa del Centro Regional Akimov: “La administración de la institución municipal Centro para la Educación Patriótica del Consejo Regional de Zaporozhie informa del proyecto de Yukorps Zaporozhie Campamento Nacional patriótico Sich. El campamento se lleva celebrando durante cuatro años. En este tiempo, lo han visitado más de 400 personas. El campamento está situado entre la localidad de Stroganovka, en el distrito Priazovsky.

La principal pregunta que surge es a costa de quién se celebran estos banquetes. El líder del Corpus Nacional, Andriy Biletsky, afirmó: “Desde 2014, nos han ayudado a pequeñas y medianas empresas y ciudadanos ucranianos”.

Sin embargo, un exmiembro de la organización afirmó que el coste para el Corpus Nacional es de tres millones de grivnas. ¿De dónde sacan ciudadanos ordinarios tanto dinero? Sea cual sea el coste, solo en la región de Zaporozhie, más de 400 niños han sido adoctrinados por esos personajes ya mencionados y sus cómplices. ¿Cuántos más habrá en Ucrania?

¿Realmente quieren los padres que sus hijos sean ultras del fútbol, racistas y militantes que serán enviados a matar por los intereses de los “ciudadanos ordinarios” que tienen millones de grivnas en sus bolsillos? ¿O hay algo que los padres aún no comprenden? En ese caso, es la hora de que empiecen a comprender.
 

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Por los derechos laborales




Por los derechos laborales


17/09/2020

Artículo Original: Andrey Manchuk



Otra huelga ha comenzado en Ucrania. Siguiendo la estela de los mineros de Krivoy Rog, los trabajadores del puerto de Berdyansk y de la cuenca del Danubio, los obreros de la planta de Sumy han soltado sus herramientas y han comenzado a protestar. 300 personas, la mitad de la fuerza de trabajo de la fábrica, han dejado de trabajar exigiendo que el dueño abone los sueldos impagados.

“Tras los mineros de Krivoy Rog, en mi región natal de Sumy, los trabajadores han comenzado la lucha por sus derechos. La historia es la habitual. La planta fue construida en tiempos soviéticos, pero ahora es una empresa privada con sede en Chipre. El dueño se lleva los beneficios al extranjero y minimiza los costes a base de los salarios. Los trabajadores llevan tres meses sin cobrar”, escribió el conocido activista por los derechos humanos y exdiputado Vladimir Chemeris.

Los dueños deben un total de treinta millones de grivnas, alrededor de 35.000 grivnas a cada trabajador.

“Esta situación se remonta a febrero, la planta no ha dejado de trabajar, continúa produciendo sin parar, en tres turnos. Hay pedidos, la producción se envía, llegan órdenes, pero no los salarios. Nadie quiere responder adecuadamente a nuestras exigencias”, afirmó en la protesta Vitaly Petrenko. Los dueños ucranianos de la fábrica, que se esconden detrás de la bandera chipriota de la compañía, les obligan a trabajar gratis.

Lo peor de todo es que el pago de las deudas está en serio riesgo. Según el director, Sergey Shibisty, la planta debe unos 200 millones de grivnas y sus cuentas fueron bloqueadas a causa de las deudas el 10 de septiembre. Los productos de la fábrica, dirigidos a compañías mineras y de construcción, siempre han tenido demanda en el mercado, así que son las tramas oscuras de la dirección, que ha intentado ahorrar a costa de los trabajadores, las que han creado esta situación.

Los problemas de esta fábrica son los problemas de toda la ciudad, ya que es una de las pocas industrias estables que sobrevivieron a la privatización de los años noventa. Muchos residentes del centro regional dependen de la estabilidad de esas operaciones. Pero, en el contexto de esta huelga, ha surgido también otra crisis social en la ciudad. La compañía Sumyoblenergo advirtió que el 16 de septiembre cortaría el suministro eléctrico de la compañía municipal de aguas, que le debe casi seis millones de grivnas. Y eso dejará a muchos ciudadanos sin suministro de agua.

“Estamos en constante contacto con ellos, por correspondencia y en conversaciones personales, pero no tenemos pagos a tiempo. Según dicen, no tienen fondos para pagar las deudas, no hay fondos de los consumidores, ni de los ciudadanos ni de las empresas industriales”, afirmó Vladislav Kisel, representante de Sumyoblenergo.

El círculo se está cerrando: la crisis, agravada por la pandemia, ha arruinado a los negocios locales y ha destruido los ahorros de la población de la región. Ya no pueden pagar esos precios de los servicios básicos, que siguen subiendo, y eso provoca las deudas de la empresa de suministro de agua. No hay salida a esta situación y los insolventes ciudadanos se apresuran para llenar baldes de agua que tendrán que pagar.

Para el Gobierno ucraniano todo es más fácil: normalmente pretende que no hay ningún problema. Volodymyr Zelensky concedió una extensa entrevista al periódico austriaco Wiener Zeitung y no mencionó las protestas de los trabajadores ucranianos, sino que prefirió hablar de los problemas de los residentes de la parte de Donbass no controlada por Kiev. “Los mineros en el Donbass ocupado están en una mala situación: no tienen salarios normales y tienen que pagar precios muy altos por el agua y la electricidad. Si la paciencia de esas personas se acaba en algún momento, puede haber disturbios”, afirmó el presidente ucraniano a los periodistas internacionales.

Mientras tanto, en su ciudad natal de Krivoy Rog, continúa por segunda semana consecutiva la huelga de los mineros, a los que hace tiempo que se les agotó la paciencia, pero Kiev se ha puesto del lado de los oligarcas en este conflicto y no quiere interferir.

La situación de los mineros ucranianos probablemente sorprendería a los lectores austriacos. Un video reportaje de la periodista Antonina Beloglazova muestra las condiciones en las que trabajan los mineros en las minas de los oligarcas más ricos de Ucrania. Los mineros de Krivoy Rog se ven obligados a trabajar en turnos sin protección en la cara, con barro hasta los tobillos y con equipamiento obsoleto que, en muchos puestos lleva allí desde los tiempos totalitarios de las demonizadas autoridades de la Unión Soviética. Es más, los trabajos tienen que comprar las llaves, martillos, recambios y motosierras porque los dueños no les suministran siquiera un mínimo de material de trabajo.

“Todos prometen que va a llegar nuevo material a la mina, nuevas herramientas, nuevas locomotoras eléctricas. Todos nos dan de desayunar. Dicen que si queremos nuevo equipamiento, no esperemos aumento de salario. O salario o material. Violan las normas de seguridad. Los salarios son de entre 8.000 y 11.000 grivnas. Nos dejamos ahí la salud y arriesgamos nuestras vidas por nada. Es el sueldo que gana un vigilante de seguridad, alguien que se dedica a la costura gana más, 15.000 grivnas. En invierno, las facturas ascienden a 3.000 grivnas. Vivo endeudado todo el invierno. Todos tenemos créditos. Voy al supermercado ATB y solo compro lo que está de oferta. No me puedo permitir carne normal, ¿qué hay de eso?”, se quejó uno de los mineros que se encuentran bajo tierra de huelga.

El vídeo muestra claramente el extremo cansancio y la desesperación a la que se ha condenado a los trabajadores. “Nuestra causa es la mina”, tristemente bromearon los mineros a los periodistas.

Las huelgas que se están produciendo en Ucrania muestran cómo se ha deteriorado la situación de los trabajadores de los últimos remanentes de la industria de la era soviética que ahora desaparecen.

Los dueños de las fábricas solucionan los problemas robando a esta pobre gente y el Estado no está dispuesto a proteger sus derechos laborales. Es más, los libertarios de las filas de “Servidor del Pueblo” insisten en aprobar el nuevo Código del Trabajo, redactado únicamente para defender los intereses de las empresas. Aunque sus provisiones vayan a anular prácticamente todos los logros históricos de la clase obrera y hagan volver las prácticas antisociales de hace dos siglos. Pero esta situación anima a la población a protestar. Y antes de finalizar el año veremos más de una huelga resonante en Ucrania.
 

Harman

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La paja en el ojo ajeno




La paja en el ojo ajeno


18/09/2020



La costumbre de utilizar la guerra como argumento para ocultar todos los fracasos y para justificar todos los problemas en la esfera social y económica se ha convertido ya en la norma en Ucrania. Desde los tiempos de Poroshenko, la guerra era la escapatoria para justificar el descenso del nivel de vida de la población del país causado, no por el conflicto armado, sino por las reformas neoliberales que amenazan el tejido industrial que había sobrevivido a las reformas de los años noventa y que garantizaban una mínima estabilidad laboral y salarial.

En un nuevo guiño a la retórica de Poroshenko y su administración, el actual presidente Zelensky ha utilizado, en una entrevista concedida a un medio austriaco, el mismo argumento. Sin gran interés por analizar los problemas económicos del país, agravados por una situación epidemiológica complicándose nuevamente, el presidente de Ucrania prefiere centrarse en la situación en Donbass en unos términos muy similares a los de su antecesor, que ya en 2015 preveía el inminente estallido de unos disturbios por el hambre que jamás se han producido.

Así lo recogía esta semana Vzglyad:

En los territorios de Donbass no controlados por Kiev pueden producirse disturbios a causa de la insatisfacción de la población local con las condiciones de vida, afirmó el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. “Muchas de estas personas están enfermas de coronavirus, estamos lidiando con un desastre humanitario allí”, afirmó Zelensky en una entrevista concedida al medio austriaco Wiener Zeitung.

Según Zelensky, los residentes de la RPD y la RPL pueden ver que los ucranianos de la parte controlada por Kiev viven mejor. “Los mineros en el Donbass ocupado están mal: no reciben salarios normales y se ven obligados a pagar altos precios por el agua y la electricidad. Si la paciencia de esas personas se acaba en algún momento, puede haber disturbios”, cree Zelensky, que sin embargó afirmó que no Ucrania no está interesada en que se produzcan disturbios en la RPD y la RPL porque “el precio es demasiado alto”. “Sé que hay muchas personas allí que son ucranianas de corazón. No quiero que mueran”, alegó.

El jefe de Estado insistió también en que piensa cumplir con su promesa electoral de acabar el conflicto en Donbass con la vuelta de la región a Ucrania. “El cese de hostilidades y la vuelta del territorio ucraniano son mis principales prioridades. No se trata de promesas románticas. Por supuesto, no es fácil. Pero ya hemos conseguido mucho”, afirmó.


Vzglyad


Curiosamente, Zelensky utiliza contra Donbass dos argumentos que fácilmente podrían utilizarse en su contra. Las dificultades de los mineros en Donbass son evidentes. Los bajos salarios y las difíciles condiciones de trabajo son algo que las autoridades de la RPD y la RPL no han logrado solucionar. Sin embargo, la situación es la misma en Ucrania, donde continúa una huelga en la región natal del presidente Zelensky, con los mineros atrincherados en el subsuelo de la mina. La privatización de las empresas, que han quedado en manos de oligarcas que buscan beneficios a costa de los salarios de los trabajadores, y la situación de demanda del mercado nacional e internacional son las causas de las dificultades del sector minero a uno y otro lado de la línea del frente. Sin embargo, a esas dificultades hay que sumar el estado de guerra y bloqueo económico al que se enfrentan la RPD y la RPL, aspecto del que no tienen que preocuparse las minas bajo control ucraniano. Aun así, los impagos, los míseros salarios y las malas condiciones de trabajo son una exigencia habitual en las minas ucranianas, problema que el presidente Zelensky prefiere ver únicamente en las minas ajenas.

El otro ejemplo aportado por el presidente ucraniano es aún más claro. Ayer, Ucrania batió su “anti record”, registrando el número más alto de contagiados por coronavirus desde el inicio de la pandemia. Y pese a la facilidad con la que la prensa ucraniana busca problemas en Donbass, no ha habido en estos meses información sobre saturación de la sanidad en la RPD y la RPL, que con el cierre de fronteras y el embargo al que están sometidas, han logrado controlar el número de casos, que a pesar de haber aumentado ligeramente este mes, no ha causado la catástrofe que Zelensky parece querer ver.

Seis años después del inicio de la guerra, sin ninguna rebelión contra las Repúblicas Populares en todo este tiempo en el que la población ha sufrido la guerra, el hambre y la miseria, parece algo ingenuo esperar los disturbios por el hambre que esperaba Poroshenko en 2015. Sin embargo, es más sencillo ver los problemas ajenos que afrontar los propios.