El crimen 'casi-perfecto' de Anglés: sin huella 20 años después de Alcàsser (V)

Ahna Capri

Anna Marie Nanasi
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EL ENCUENTRO

EL 13 DE NOVIEMBRE, MIQUEL RICART NO HABÍA COMIDO MUY BIEN EN EL PISO DE LOS ANGLÉS, A PESAR DE QUE SIEMPRE DEVORABA ÁVIDAMENTE LOS BOCATAS TAMAÑO PORTAAVIONES CON QUÉ NEUSA ALIMENTABA LA TROPA. A TODOS, EXCEPTO A ANTONIO, QUE LO QUERÍA TODO AL ESTILO VEGETARIANO, CUANDO TENÍA HAMBRE. EL SISTEMA DE LOS BOCADILLOS, A MIQUEL LE PARECÍA PERFECTO, PERO AHORA NO TENÍA MUCHA HAMBRE, Y HABÍA RECORDADO LAS PAELLAS QUE PREPARABA ENRIQUE ANGLÉS PADRE. NEUSA TAMBIÉN COCINABA ALGUNA, PERO ENRIQUE FUE MUY BUEN PAELLER, Y EL RUBIO LO AÑORABA.

Después de comer, Antonio, Mauricio, Roberto y los otros hermanos se dispersaron por el piso. Ricart se quedó sobre una silla destartalada mientras fumaba un cigarrillo y miraba hipnotizado el aparato de televisión, que destacaba por su anchura y por la potencia de los altavoces en aquella sala de estar de paredes agujereadas.

Ricart se apoltronó, se sentía un poco cansado: había pasado una mañana. movida. Según habria de contar, al levantarse ese día, quiso recuperar un dinero que había dado a Kelly en quien confiaba del todo y a quien admiraba fisicamente, mentalmente, intimamente para que se lo guardara. Pero se encontró que la joven no estaba, y esto resultaba un problema. Porque, cuando se marchaba, Kelly cerraba su habitación con candado para evitar que nadie hurgara dentro. Tenía que pensar alguna otra solución para hacerse con pasta. Y le vino a la mente Jordi el Catalán, un colega que hoy celebraba su aniversario. Jordi: buen compañero de movidas. Sus hermanas también eran buenas tias. Imma y la Cinta. Las dos acabarían trabajando en Beniparrell, cerca de Catarroja, en una fábrica de colchones propiedad de la familia de Miriam García, a quien Ricart, sin saberlo todavía, iba a conocer esa noche.

La semana anterior, después de que asaltaron el banco de Buñol, Mauricio, Antonio y él se escondieron para repartirse el dinero en una caseta-corral que utilizaban como refugio en el término de Alborache. Miquel había dejado alli parte del dinero que le correspondía (contaría que el que le confió a Kelly tenía el mismo origen). Y se propuso ir a buscarlo a Alborache acompañado de Jordi: puesto que el Catalán tenía que ser el destinatario de unos cuántos de esos billetes transformados en regalos de aniversario, no podía negarse. Contaría que alli se encontraron con Mauri y Antonio, y que los dos hermanos rondaban esa mañana por aquel refugio. Después, Jordi y él se dirigieron hacia Valencia a comprar los regalos de conmemoración (unas botas y un reloj). A mediodía, volvieron a Catarroja. Quedaron en verse por la noche y celebrar el aniversario. Después se marcharon, cada uno a su nido.

Ricart, en declaraciones contradictorias, aseguraría que esa jornada, a media tarde, o había tomado rohypnol o bebido alcohol, sin decir si Antonio había consumido sus habituales rohypnols. Al final de la tarde, Antonio, que había llegado al piso antes de la hora de comer, le ordenó:

-Venga, a dar una vuelta.

Antonio se expresó, como siempre, en su castellano autoritario y muy suburbano. Tan suburbano como el que utilizaba la mayoría de sus hermanos, la mayoría de gente de su entorno. Muchos de los colegas de Antonio hablaban valenciano, pero lo hacían con la gente de fuera, no cuando se comunicaban entre ellos: no era un lenguaje de asfalto. De hecho, Ricart hablaba valenciano. desde niño. Pero no con los colegas de la calle. Ni con Antonio.

-¿Ahora mismo, Antonio?

-Ahora. Y Rubén. Soy Rubén.

Ah, si. Se olvidaba. Quería que todos le llamaran Rubén. De Antonio Anglés, el prófugo de la justicia, nadie tenía que hacer ninguna mención. No existía.

-Vale, Rubén, ¿a dónde te molaria ir?

-A Picassent, a Coolor.

jorobar, aquel ya lo tenía decidido y Miquel, a pesar de que hubiera preferido no moverse hasta llegar la hora de verse con el Catalán, no podía hacer nada. Por la noche, cuando volvieron, ya se encontraría con a Jordi. Ahora le convenía coger el coche y acompañar a «Rubén».

Picassent es más grande, abierto y visitado que Alcàsser, el pueblo del lado. Coolor era una sala con fuerte tradición en la zona. Antes se llamaba Al Loro Disco, pero Ramón Polo, el nuevo propietario, la bautizó como Coolor. En el año 92, florecian las llamadas disco-light, sesiones de tarde especializadas en público adolescente. Estas sesiones por la tarde se ganaron la fama de congregar las jovencitas más guapas de los alrededores. Esto lo sabía todo el mundo en la zona, e incluso en Valencia. Había autobuses para ir desde Alcásser a Coolor, pero a unas horas determinadas. Polo habilitaría un servicio de furgonetas para trasladar a los clientes. Si los jóvenes perdían estos medios, tenían que buscarse transporte propio. Y aquí entraba el popular autostop: para llegar a la sala desde Alcàsser, había que recorrer la carretera que une los dos municipios, atravesar Picassent y superar quinientos metros en medio de la oscuridad. Grupos de jóvenes, incluso del mismo Picassent, hacían dicho normalmente en uno u otro tramo del camino.

Miriam, Toñi y Desirée habían dejado atrás la calle de la casa de Esther, y se pusieron a andar en dirección a Picassent. Se pararon en el último semáforo para ver si pasaba algún conocido en coche. Levantaron alternativamente el pulgar.

Un vecino del pueblo, Francisco Hervàs, circulaba en su turismo en esa dirección acompañado de su novia. Se ofreció a llevarlas. Del trayecto, Hervàs sólo recordaría que «ellas reían».

El vehículo de Francisco tenía un escape en el depósito. Tuvo que dejarlas en la gasolinera Mari de Picassent, a poco más de medio kilómetro de Coolor. Continuarían a pie.

Y en eso estaban cuando vieron pasar a José Antonio-joven amigo de las tres, que le gustaba a Toñi-, que venía de la disco, Las saludó mientras conducía la moto. Toñi, al ver que él no iba a estar en la discoteca, se quedó decepcionada. A pesar de todo, continuaron andando hacia el local. Un coche blanco con dos ocupantes se paró muy cerca. Les habló el copiloto.

-Hola. ¿Vais a Coolor? Subid, que os llevamos,

Antonio se movió para que Desirée, Míriam y Toñi entraran en el Opel Corsa de tres puertas que conducía Ricart. Toñi miró la hora: cerca de las ocho y veinte. Cuando antes llegaran, mejor.

Una vez entraron en el coche, Ricart las saludó.

Antonio contuvo un gruñido.
 

Ahna Capri

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EL ORIGEN DE ANTONIO ANGLÉS

AQUEL GRUNIDO HABÍA EMPEZADO A FORJARSE EN OTRO CONTINENTE.

La madre de los hermanos Anglés, Neusa Martins, vino al mundo en 1940 en Pompeia, al estado paulistano, en Brasil, era la quinta de siete hermanos. Su padre trabajaba de sastre. Vivian en una antigua casa de campo hasta que una discusión con un vecino que acabó en una brutal confrontación física, empeoró la ya delicada salud del padre de Neusa. Después de un tiempo, cayó enfermo de los pulmones, y su rendimiento en el trabajo se arruinó, como su propia economía. Llegó un momento en qué ni podía seguir en activo, ni mantener la casa que tenía. Y él y los suyos se marcharon de Pompeia,

Acabaron en un terreno lleno de favelas de madera «en el mismo São Paulo, en una barraca al lao del río, ha recordado Neusa con el lenguaje que con los años ha construido, una mezcla de portugués y castellano, salpicado eventualmente de algunas palabras valencianas. Su padre había llegado al punto de necesitar ayuda para moverse y los hermanos Martins empezaron a pedir limosna: comian tierra para no morir de hambre y dormian sobre mesas.

«La mía madre encontró trabajo en un cabaret», añade Neusa, pero el padre murió joven, consumido por la debilidad.

Neusa se hizo niñera de la hija de un matrimonio asiático. Después conseguiria trabajos más estables, y el núcleo familiar se estableció en un nuevo domicilio menos miserable. Según algunas fotografias, Neusa se transformó en una joven de cabellos muy oscuros y un cierto atractivo elemental, el mismo que impregnaría muchos de sus descendientes. Cuando trabajaba en una factoría de prendas de ropa interior, una noche, una amiga la convenció para salir. Quería que fueran a un conocido salón de baile. Neusa se dejó convencer. Al poco de entrar, empezó a bailar mambo con un hombre. Mientras tanto, otro la observaba,

Era un tipo delgado de unos treinta años, que intentaba parecer un señorito. Cuando Neusa se separó del compañero de baile, aquel aprovechó para plantársele delante, Ella se extrañó del galimatías que hablaba. Pensaba que podía ser italiano. Pero él le dijo que era de Valencia, de España. Se intercambiaron los nombres. El decía ser Enrique Anglés. Neusa lo encontró agradable.

Enrique averiguó donde vivia ella y qué trayecto escogia para ir a trabajar. Cada día le salía delante para rondarla. Neusa empezó a interesarse por él. Se enteró que Enrique era cocinero de un restaurante italiano y que había llegado a São Paulo hacía unos cuántos años, a principios de los cincuenta, cuando Sudamérica era tierra de promisión. También habían emigrado a São Paulo sus padres y sus hermanos. Las citas entre Neusa y su pretendiente fueron a más, y Neusa perdió la virginidad con él. Cuenta que se quedó embarazada. Enrique la pidió en matrimonio. La boda se celebró el 1959. El novio tenía 33 años, y la novia 19. El 3 de agosto de aquel año nació una niña. La llamaron Divina.

Vendrían más hijos: Ricardo, en 1961, y Juan Luis, en 1963. Enrique trabajaba de cocinero eventual. Neusa hacía de costurera. Su marido, cuando el trabajo. escaseaba, marchaba una temporada a cazar caimanes para vender la piel. En uno de sus regresos dejó embarazada a su mujer. El 25 de julio de 1966 un niño vino al mundo. Lo llamarían Antonio. «Era un muñeco», recuerda Neusa.

Pero los meses siguientes, el trabajo se acabó del todo y los Anglés acabaron encontrándose en una situación desesperada. Enrique se daba cuenta que ya habia sacado lo que había podido de aquel pais. Y si había cambiado una vez de continente, estaba dispuesto a hacerlo de nuevo. Pensado y hecho. Avisaron a la familia de Valencia, a Concha, la hermana de su madre, y acordaron que ella los buscaría allá una casa barata. Los Anglés, con sus hijos, volvieron a España el 1967.

Los transportaría un transatlántico italiano. El barco era magnífico, y las esperanzas, también. Pero Antonio, con pocos meses de vida, empezó a preocupar a los suyos: sufría una grave erupción en la piel. Los médicos de la nave opinaban que era la viruela, pero Neusa tenía otra impresión: en la última. etapa de su tiempo en Brasil, los Anglés se mantenían sólo con una dieta de judias y arroz; Neusa guardaba un perol de este combinado a la intemperie para toda la semana. Sabía, sin embargo, que los ratones curioseaban en el perol, y <hasían cagadetes» dentro. Ella alimentaba a Antonio con un tipo de puré con restos de la judiada, y se esforzaba que el puré no llevara restos de ratas... Pero había tantas! Pensaba, y piensa, todavía apenada, que la enfermedad de Antonio fue provocada por este menú salpicado de deposiciones. El barco llegó al puerto de Barcelona y la familia, al tocar tierra, llevó al niño a un establecimiento médico. La infección y el viaje habían sido muy duros para él. Era tan frágil...

Cuando los doctores del hospital curaron a la criatura, Neusa y Enrique tomaron el tren hasta Valencia con sus hijos.

Allí se encontraron con la tía de Enrique, Concha. Les había apalabrado una caseta en régimen de alquiler en «Corea», una zona de barracas en Catarroja, pueblo considerado un satélite del área metropolitana de Valencia. En las afueras de la villa crecian bloques de pisos baratos y casas de protección oficial para los numerosos inmigrantes. Corea estaba en las afueras de las afueras: el territorio de los más pobres. Al instalarse en el barrio, Enrique buscó trabajo de cocinero, pero su hermano Ángel, que acudió desde América a visitarlo, lo inició en la fontanería. Los dos pasaban largos ratos bebiendo durante esas enseñanzas. Angel era bebedor, y Enrique, según Neusa, empezó a seguirle el ritmo. Pronto, la mujer de Ángel presionaría su marido para volver a Brasil, y los hermanos se separaron.

En Corea, la nueva descendencia Anglés llegaría en cascada. Enrique, en mayo del 69. Dolores, en junio del 71. Roberto, en septiembre del 72. Joaquín Mauricio, en mayo del 78. Y Carlos, en noviembre del 79. La situación económica de la familia no permitía más hijos, pero...

-...Si yo no quería haserlo explica Neusa- mi marido me lo hasia cuando estaba dormida, y me dejaba preñada.

La mujer sufrió abortos. Cuatro, cree. Poco después de llegar a Corea, pasó por uno de los más desagradables. Se encontraba alimentando a Antonio en la caseta, y Ricardo jugaba en un campo cercano cuando se comió un matojo venenoso. Volvió a la barraca echando espuma por la boca. Su madre lo cogió y corrió buscando ayuda, mientras ella misma sentía unas crueles punzadas que le quemaban el vientre. Finalmente, llegaron los médicos. Curaron a Ricardo, pero les inquietó la palidez mortal de la madre.

-Señora, tenemos que examinarla. Tiene mal aspecto.

A Neusa le parecía normal su apariencia: los estímulos que de soltera podia. transmitir su físico, se habían disipado de casada y la habían abocado a un aspecto bastante demacrado. El examen dictaminó que se llevaba meses. embarazada y había abortado. Ella ni se había dado cuenta. Su salud empeoró. Sentía que se corrompía. Llegó un momento en que no podía levantarse de la cama. Pero las inyecciones y las medicinas la hicieron revivir. Una amiga le dijo que, según los doctores le quedarían secuelas. «Es cuando me di cuenta que una de las mías orejas había muerto. La sordera todavía complicó más su integración social, además de las dificultades lingüísticas.

Los problemas de salud de la mujer no evitaban que Enrique pasara mucho tiempo fuera de casa. Por eso, Neusa se encontraba a solas cuando pasó aquello del «pobre Enriquito». Los Anglés no tenían cocina, y ella utilizaba leña para guisar. En una de las ocasiones en que, sentada, vigilaba una comida al fuego, sola, sorda y ausente como era, no se dio cuenta que el bebé Enriquito, que iba gateando, subía por el respaldo de la silla. Se levantó para lanzar más leña al fuego, y el niño cayó en tierra, y se dio un golpe fuerte en la nuca. Quedó extendido, con los ojos parpadeantes, temblorosos. Neusa sabía lo dificil que era encontrar un médico de urgencias. Histérica, se acercó a un pozo cercano con un recipiente y empezó a bañar la cabeza del niño en agua helada hasta que sus. manos ya no sabían hacer otro movimiento. De repente, el niño recobró el conocimiento.

Ella quedó muy agradecida a Dios. Tanto, que no se le acudió llevar después a Enriquito a ningún reconocimiento médico. Por eso, cuando ya de grande, su hijo, a veces dice que se nota «como una zona muerta dentro del cerebro», se siente un poco culpable, y piensa en aquel golpe, en aquella agua tan fría, en el hecho que no acudió con Enriquito al doctor. En aquellas cosas que tenía que haber hecho y no hizo.

Definitivamente, no podia ocuparse de los niños ella sola. Por eso, enviaría a Divina a la Beneficencia, al hospicio de monjas El Buen Jesús, y a Ricardo, Juan Luis y Antonio al colegio provincial de la Misericordia. Alli, Ricardo se clavó un cable metálico en el pie derecho. La herida no se le curó bien y cogió el tétanos. Sufriría varias operaciones, y la pierna le quedó siete centimetros más corta que la otra. Desde entonces, utiliza un gran zapato ortopédico.

Divina se quedó con las monjas, tutelada por la beneficencia, y después se fue a vivir con sus abuelos paternos cuando volvieron de Sao Paulo a Valencia. Sólo iba a casa de los padres en vacaciones. «La niña se asustaba mucho de un borracho que venía cono el mio marido a casa», cuenta Neusa, y no queria volver. Yo creo que pa ella fue lo mejor,

Y es que el panorama se ennegrecía. Enrique le había cogido verdadero gusto al alcohol. Incluso dominado por la bebida, había llegado a ser un buen fontanero. Pero no ejercía mucho. Una extraña expresión eufórica que gritaba cuando entraba en los bares¡Asuquiqui pa los calvos!»- fue el origen de su mote: Asuquiqui. Neusa acudía a buscar su hombre en los bares, y se lo llevaba a empujones. Enrique «en público no era violento», reconoce la propietaria de un bar. En cambio, su mujer dice que, cuando iba bebido, en la privacidad de su casa, se le iba la mano, pero tó venía por la bebida; no era él, era el alcohol, yo lo perdono. Sin embargo, Neusa no podía evitar sentir crecer la frialdad hacia su marido. Dice que se dio cuenta que Enrique sufría una enfermedad venérea. Desde entonces, cuando él, a la fuerza, se acercaba a ella por las noches, procuraba distanciarse, cosa que conseguía ocasionalmente, Recuerda que, con el tiempo, su marido se vería con una vesina que no estaba bien de la cabeza. Según Neusa, era una joven corpulenta, conocida en el pueblo por el hecho que se desnudaba en público y por sus estallidos de violencia (a un peatón intentó serrarle el cuello ante los vecinos). Neusa, con el tiempo, se desligó intimamente de su marido, y establecería relación «con un amigo. No sin trabas, lo ha mantenido hasta la actualidad.

Más allá de la quiebra conyugal, ella tenía que ocuparse de traer dinero a casa, por culpa del comportamiento de su marido. El matrimonio y los niños dejaron. Corea y acabaron después en una vieja planta baja de alquiler situada a la calle Colom de Catarroja.

Después de distintas ocupaciones, Neusa se pondría a trabajar en un matadero de aves que primero se llamó Saconda y después sería rebautizado como Uvesa, y en el cual continúa trabajando. El trabajo, nocturno y en cadena, es de matarife. Cuantifica su récord en 23.000 aves muertas en una jornada. Desde el principio, Neusa se sentiría a gusto en la empresa. Y la empresa con ella; es cumplidora, y sabe matar animales: pincha las aves con exactitud y no le quita el sueño el exceso de trabajo. Con las gallinas todo va bien, pero matar pollos le resulta más complicado.

-Acabo toa manchá de sangre precisa y también de la caca que no paran de haser los pollos, que se ponen muy nerviosos,

Cuando Mauricio y Carlos eran pequeños pasaban las noches arrullados por los cantos de agonia de los pollos. La madre se los llevaba al matadero para poder alimentarlos en un compartimento. No quería dejar a los niños lejos: Cuando Antonio era muy pequeño, cogía fiebres muy altas, y empezaba a moverse espasmódicamente en la cama, y no quería que a los otros hijos les pudiera pasar aquello sin que ella lo controlara. Porque piensa que aquéllas calenturas afectaron el cerebro de Antonio y sembraron la semilla que lo convertiría en un mal hijo.

A pesar de su fragilidad inicial, Antonio creció fuerte, sano y con rasgos fisicos agraciados. La expresión pícara que le desaparecería con los años daba sal a su mirada, que ya entonces destilaba una palidez lunar. La cara alargada, los cabellos medio rubios (después se le oscurecerían), le daban un aspecto de duende inquieto.

Era muy veloz. Le gustaba jugar con las niñas del barrio. Jugaba a atarlas.

Después se iha, dejándolas inmóviles hasta que alguien las encontraba y
deshacía los nudos de la cuerda. También le pedía a su madre que le dejara
atarla. «De pequeñito me hacía más caso, apunta Neusa con añoranza, «y me
desataba cuando se lo decía. Antonio también acataba la voluntad del padre
en la niñez. Él era, de hecho, el ojo derecho de Enrique. Esto no impedía que el
hombre le pegara cuando lo veía necesario. En una ocasión, empezó a dar golpes
de correa sobre Antonio y Enriquito porque los dos no dejaban de saltar sobre la
cama. Antonio lloró. No olvidó aquella correa.

La recordaba en unos años en que crecia en la escuela que tenía más a mano: el asfalto. La avenida Rambleta y lugares cercanos en la calle Colom, como por ejemplo la plaza de la Región, la calle Alicante o la calle Castelló, eran cuna para hijos de familias muchas, como la de Antonio, inmigrantes faltas de recursos. Muchos de esos niños pasaban el día a la intemperie.

Antonio rondaba a todas horas por aquel barrio que también atraía chavales de otras partes del pueblo. Algunas de estas amistades se estrecharian más en el colegio, del que todos hacían pellas cuando podian. Antonio, después de pasar por el centro de la Misericordia y otros patios escolares de la beneficencia fue a parar a la escuela catarrogina Esteve Paluzié. Cuando era niño, los otros nanos le pegaban», dice un antiguo compañero de vecindad, y él tragaba y lloraba. Pero, a través de las distintas humillaciones, su carácter introvertido fue endureciéndose, «Yo creo que así se sentía menos inseguro», añade este vecino suyo. Se fortaleció en varias peleas, como la que mantuvo con un niño que más tarde sería conocido como el Loco, El Loco le hinchó un ojo a Antonio, pero él le hinchó los dos al Loco: antes de los diez años, aprendió que un golpe sólo se enmienda devolviéndolo por duplicado. Que el dolor da la razón a quien provoca más. Y que esto equivale a poder. Y el poder, a respeto.

A verdadero respeto.
 

Ahna Capri

Anna Marie Nanasi
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LA NOCHE: PRIMER DOLOR

DESIRÉE HABÍA SIDO LA PRIMERA EN SENTARSE EN EL ASIENTO DE
ATRÁS DEL COCHE; DESPUÉS MIRIAM Y POR ÚLTIMO TOÑI, QUE SE SENTÓ DETRÁS DE ANTONIO, SE ADENTRARON EN LA RECTA OSCURA DEL CAMINO QUE SE INICIABA EN UN CUARTEL DE LA GUARDIA CIVIL PARA DESEMBOCAR EN COOLOR.

Al llegar a la altura del local, las adolescentes empezaron a prepararse para bajar. Cómo se esperaban, había mucho ambiente fuera de la sala. Pero el coche. continuó adelante. Antonio cuchicheó a Ricart en ese momento que siguiera conduciendo. Al ver como se pasaban su destino previsto, las pasajeras. empezaron a protestar.

Ricart narraría a la Guardia Civil que Antonio, al escuchar la reprobación de las tres amigas, respondió que tenían que pasar por su casa y coger una cosa antes de aparcar en Coolor:

-Vivo aqui, en una urbanización.

El conductor tomó un camino vecinal, maniobra que provocó que la extrañeza de las chicas se volviera, primero, recelo; después, miedo. Impulsivamente, empezaron a pedir auxilio.

Pronto se dieron cuenta del error que habían cometido.

Antonio se puso de rodillas sobre su asiento, girándose hacia ellas con el puño. levantado y un gesto de ardor de estomago.

Las tres lo miraban incrédulas.

Golpeó a las tres adolescentes como un martillo. Los puños se estrellaron sobre los maxilares de abajo arriba, como en los ganchos del boxeo. Antonio sentia el poder de los golpes que repartía, mientras Rubio conducía escuchando los impactos y el pánico.

Conducía con los ojos fijos, muy fijos en la carretera, como si asi pudiera eludir aquello que pasaba a su lado.
 

Ahna Capri

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Es que ya hay que tener atributos masculinos, es normal que cambie la plantilla por su contenido que para eso la compra, pero cambiar el copyright de Nazar Miller que dice que está diseñado por él para poner que la has diseñado TÚ... eso ya es de tener muy poca vergüenza.

•Wembley “Segunda Parte”....


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Será una trampa para ratas también, como lo del Wembley Stadium no?

Sin cumplir la ley ni nada y es su web corporativa de su super negocio.

 

Espartaco93

Forero Paco Demier
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Si fuera por la educación que te jactas tener en ese post hubieses respondido al email que te mandé en Noviembre cuando me bloqueaste, ayer te mandé el MD en cotilleando porque quería que vieras las partes del email donde Manu se refería a ti como hice con @PacoHolmes igual, no te he hecho tanto para que estés en ese plan por lo que lo tuyo es solo postureo barato, no te engañes tu casa es esta no hay mas que ver el tiempo que pasas aquí y el tiempo que pasa en cotilleando y como digo no es educación es que has visto que por primera vez he puesto en duda a Manuel Giménez y no has podido resistirte a escribirme ese extenso post bonita.

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El resto del post lo leeré tranquilamente mañaña, ya responderé el lunes a algo si lo creo oportuno que probablemente sea así.



Bona nit niñ@s!!


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Capitán Hidalgus

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Por mucho que le reventeis el buzón a MPs no os la vais a calzar, que es lo que estais deseando.
Por otra parte, en forocarros, hay un loco que afirma que 4 pelos es Esther tras haber pasado por el quirófano en sudamérica para injertarse las pelotas.
Creo que es el mismo que decía que Esther era Pablo iglesias hace un año o así.
 

Statik

Forero Paco Demier
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Será una trampa para ratas también, como lo del Wembley Stadium no?

Sin cumplir la ley ni nada y es su web corporativa de su super negocio.

Buena esa Capri.

Aunque es más preocupante que no sepa ni autofirmarse el certificado del SSL



Y aquí se le ha colado un huevo de textos por defecto, incluído el footer original con la dirección en USA:
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meparto:
 
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