El Peak Oil se esfuma mientras el consumo marca 106 millones
Durante años fue la advertencia de cabecera: el petróleo no se agota de golpe. La producción alcanza un techo, se aplana y empieza a caer. Hoy el término
Peak Oil casi no se pronuncia, y esa ausencia es lo que reabre el asunto.
Qué es el Peak Oil y por qué se dejó de nombrar
El concepto no habla del último barril, sino de dejar de disponer cada año de crudo abundante, creciente y barato. La tesis que circula sostiene que ese límite se está rozando justo cuando el discurso público lo ha archivado, y que las medidas climáticas, la electrificación y las restricciones al automóvil confluyen, por caminos distintos, en el mismo destino: consumir menos. La sospecha de fondo es que
alguien prefiere no llamarlo por su nombre. Enfrente, la réplica es gruesa: el consumo diario sigue en
106 millones de barriles, se siguen vaciando reservas y la escasez sería una narrativa de control, no un dato físico.
Una caída de la oferta del 20% que nadie confirma
Sobre la mesa hay una cifra incómoda: una caída de la oferta mundial en torno al
20%, atribuida a causas ajenas al cenit del crudo. La propia formulación admite dudas —
no sé bien— y ninguna fuente la respalda. Aun así, encaja con la tesis del pico. En paralelo, la geopolítica hace su trabajo: hay quien lee los conflictos en Ucrania o Irán como disputa por recursos estratégicos y quien sostiene que el detonante fue apuntalar el dólar. Dos relatos que rara vez comparten titular.
El diésel, la grieta que sí se nombra
Turiel lleva años señalando el diésel como el primero en apretar. Hay quien apunta a un litro a
3 euros o más en una década. Y ahí el problema deja de ser un debate de sobremesa. ¿Alguien sostiene todavía que el cenit del petróleo no tiene nada que ver con el precio de llenar el depósito?