Quemaduras graves por trepar a una torreta para colgar contenido en redes
¿Qué lleva a una niña de 12 años a subirse a una torreta eléctrica? La respuesta que se ha dado desde la Diputación provincial es incómoda: quería material para sus redes sociales. El suceso ocurrió a media tarde del lunes, en el número 10 de la calle de la urbanización Río Cedena, en
Navahermosa (Toledo), cuando la menor tocó los cables y quedó colgada de la estructura. La rescataron los bomberos de Talavera de la Reina y fue trasladada al Hospital La Paz de Madrid por las quemaduras.
Qué pasó en la torreta de Navahermosa
La información la dio el servicio de emergencias
112 de Castilla-La Mancha. No hubo caída: la chica quedó suspendida de la torreta hasta que llegaron los bomberos, un rescate que no admite improvisación. La gravedad de las quemaduras obligó a derivarla a Madrid.
La discusión que deja el caso no es sobre la imprudencia, que nadie discute, sino sobre si ese impulso es nuevo. Una parte del análisis sostiene que siempre hubo chavales buscando el límite, con o sin teléfono: en los 90 bastaba una apuesta, un «no hay huevos» o una carrera cruzando la autovía, hasta el punto de que la DGT grabó un spot para frenar a los críos. La diferencia, apunta otra corriente, es el destinatario: antes el riesgo se asumía ante cuatro amigos del barrio; ahora se asume ante un público anónimo que paga con likes y olvida en dos segundos.
¿Es nuevo que un adolescente busque fama con un vídeo?
La educación y la supervisión familiar entran aquí de lleno.
12 años es una edad en la que la cabeza todavía no mide consecuencias; lo que se cuestiona es quién estaba mirando. El resultado puede ser idéntico al de cualquier temeridad de hace treinta años. Lo que cambia es la escala del escaparate.
Con estas cifras de atención, cualquier reto absurdo encuentra público. Y algún día deja de encontrar cámara.