Vox y el pulso por los sillones que puede mantener a Sánchez en La Moncloa
Hay un cálculo que recorre los mentideros políticos y que estos días se discute con vehemencia: si
Vox vota no a una investidura de Feijóo, el bloqueo institucional se prolonga y
Sánchez permanece en funciones seis meses más. El gasto de una repetición electoral se cifra en
100 millones de euros. La tesis que sostiene el votante de derechas, según se argumenta en el debate, es que lo primero es desalojar al actual presidente del Gobierno, aunque sea con un Ejecutivo del PP. Frente a eso, hay quien defiende en el debate que sin sillones no hay votos.
Qué exige Vox para investir a Feijóo
El núcleo del conflicto está en la aritmética parlamentaria. En el debate se sostiene que la distancia entre ambos partidos supera los
cien escaños y que, por tanto, no puede regalar sus votos a cambio de nada. Hay quien pide entrar en el Gobierno con consejerías y ministerios, no solo apoyar desde fuera. El argumento que repiten algunos participantes es que en los ejecutivos autonómicos donde han pactado sin cargos —Madrid y Andalucía— el PP se ha pasado los acuerdos «por el forro» y no ha derogado ninguna ley de memoria histórica, ni la ley trans, ni ha tocado el sindicalismo subvencionado.
La respuesta del PP, según se recoge en la discusión, es que Feijóo no va a negociar nada con Vox porque su objetivo es gobernar en solitario o con apoyos puntuales. Hay quien sostiene que exigir sillones cuando el PP tiene casi mayoría absoluta da una imagen de «tíos pesados que no saben negociar». El contraargumento es que a ningún partido se le vota por los sillones, sino para aplicar sus principios.
El precedente de Bélgica y el Gobierno en funciones
Una de las corrientes más repetidas en el análisis es que un Gobierno en funciones no es una tragedia. Se cita el caso de
Bélgica, que estuvo dos años sin Gobierno y, según se afirma, fue cuando mejor iba el país. Se recuerda también el año de Rajoy en funciones: no subieron impuestos y no se aprobaron medidas que perjudicaran a los ciudadanos. La conclusión que se extrae es que un parlamento fragmentado e incapaz de articular nuevas normas es, en sí mismo, un freno al intervencionismo.
Frente a esta tesis, la objeción es que Sánchez en funciones sigue ocupando La Moncloa, se pasea en Falcon y mantiene la capacidad de repartir subvenciones a dedo. El cálculo que se hace es que
seis meses más de Sánchez en funciones equivalen a una campaña permanente con recursos públicos.
El coste electoral de bloquear la investidura
El debate deriva hacia el cálculo electoral. Una parte sostiene que Vox perdería votos si fuerza una repetición electoral, porque el votante de derechas es práctico y no entendería que se mantuviera a Sánchez por una pelea de sillones. Se compara con el caso de Castilla y León, donde Vox entró en el Gobierno y, según se dice, no se notó nada salvo un vicepresidente con perfil de familia bien de provincias.
La réplica es que Vox no va a perder votos, que su electorado no se mueve, y que la única forma de cambiar políticas es ocupar sillones. Se recuerda que en las elecciones de noviembre de 2019 Vox pasó de 52 escaños cuando todas las encuestas le daban menos. El argumento final es que si el PP quiere los votos de Vox, que entregue consejerías sin rechistar.
El dato que descoloca: en el debate se afirma que el voto a Vox apenas varía según la renta del votante, lo que rompe el cliché del partido de pijos cayetanos. Si eso es cierto, la pelea por los sillones no es una cuestión de clase, sino de pura aritmética parlamentaria.