VOX presenta su programa económico con Laffer como aval
Un economista estadounidense que trabajó en la administración de Ronald Reagan avala el programa económico de VOX. El partido lo difunde como un espaldarazo de autoridad: «Sus medidas son muy buenas y generarán prosperidad para España», sostiene Arthur Laffer, según el mensaje que abre la discusión. La reacción no se hace esperar. Hay quien responde con una lista de recortes imaginarios —copago en sanidad, copago en educación, tijera a las pensiones, tijera al paro— y hay quien directamente pregunta cuáles son esas medidas, porque el programa no lo ha leído ni quien lo defiende.
Qué dice el programa y qué se le atribuye
El texto oficial de VOX, enlazado en el propio intercambio, plantea «reducir drásticamente todo el gasto de la administración territorial del Estado» y limitar las transferencias a comunidades autónomas y administraciones locales «al mínimo constitucionalmente permitido». También promete eliminar «ipso facto todas las subvenciones y partidas presupuestarias dedicadas a sostener empresas o entidades públicas cuyas prestaciones ya se provean en el mercado», salvo que acrediten ser «estrictamente necesarias para el bienestar o el interés nacional». El mismo criterio se aplica a la cooperación internacional.
A partir de ahí, el programa se convierte en un campo de batalla donde cada cual pone lo que cree que va a pasar. Una parte de los mensajes atribuye a VOX el copago sanitario y educativo, la rebaja del IRPF a los tramos altos y el recorte de pensiones. Otra parte lo desmiente con el documento delante: no hay copago para sanidad ni educación salvo, matiza, para migrantes en situación irregular o con poco tiempo de residencia, y el IRPF no sube para el tramo hasta 70.000 euros, sino todo lo contrario. La confusión no es casual: el programa es genérico y cada lector lo rellena con su propio manual.
El aval de Laffer y el fantasma de Reagan
Arthur Laffer no es un nombre cualquiera. Es el economista de la curva que lleva su apellido y que asesoró a la administración Reagan. Para unos, eso es una garantía: «Prosperidad a cambio de trabajar», resume uno de los mensajes, con retintín. Para otros, es exactamente el problema: «Ya sabemos lo que trae la basura liberal», responde otro, que sitúa a Laffer en el equipo de Reagan y saca la conclusión sin más trámite.
La discusión deriva hacia los ejemplos internacionales. Argentina va «como un cohete», dice un mensaje, que añade Irlanda y Suiza a la lista de milagros liberales. La respuesta llega rápida: hay quien sostiene que la juventud vota a VOX de forma masiva y no está dispuesta a que le cuenten el pasado. El argumento se cruza con otro clásico: ¿hubo alguna vez una España decente que merezca ser restaurada? «No la hubo en la puta vida», zanja alguien. «Pregúntele a sus padres, abuelos y bisabuelos», contesta otro.
Inmigración, fronteras y el gasto que no cuadra
El programa económico se entrelaza con el discurso migratorio. Los mensajes que acompañan la discusión hablan de «casi 300.000 malienses esperando en Mauritania para llegar a la frontera sur de Europa» y de «casi 100 inmigrantes ilegales llegando en menos de 24 horas a las islas de Cabrera y Formentera». Son las cifras que el partido utiliza para justificar restricciones en el acceso a servicios públicos para quienes no llevan tiempo residiendo en el país.
Ahí se abre otra grieta. Hay quien defiende que la sanidad pública es línea roja y que debería aumentar el gasto y la investigación, no recortarse. Hay quien recuerda que en Castilla y León, donde VOX gobernó en coalición, las cosas fueron distintas sobre el papel y en la práctica. Y hay quien directamente sospecha del conjunto: «VOX es uno más de los partidos estatales cuyo objetivo común es succionar dinero de la base popular y entregárselo a las élites». La desconfianza no distingue siglas.
El cálculo que nadie termina de cuadrar
El punto más repetido es el de la viabilidad. Bajar impuestos a los que más tienen y compensarlo con menos sanidad, menos educación y menos servicios públicos suena, para una parte, a ecuación imposible. Para otra, es la única salida: «A currar, paguiteros», resume un mensaje, que celebra que por fin alguien se atreva a tocar el gasto. La discusión se enreda con el 5% de gasto militar, con las pensiones y con la edad de jubilación, y nadie logra cerrar el balance.
La anécdota la deja un mensaje que se pregunta si Laffer trabaja para un fondo buitre. La respuesta llega con corrección: es el de la curva de Laffer, no un fondo, y el que lo confunde se pone en ridículo solo. El programa sigue sin traducirse a números concretos. Y ahí, precisamente ahí, es donde el aval de un economista de la oferta y la lista de recortes imaginarios conviven sin tocarse.