Vox y el umbral de los 60 escaños: la predicción que no se cumplió
Un hilo abierto con la frase «Aquí queda dicho» y una predicción concreta —Vox superaría los 60 escaños— acabó convertido en uno de esos ejercicios de contabilidad política que dejan retratado a quien se atreve a poner cifras. La apuesta era clara: el partido de Abascal rompería el techo de los sesenta diputados. La realidad, según el propio desarrollo de la conversación, fue otra. Y el ajuste de cuentas llegó con la misma contundencia con la que se lanzó el pronóstico.
Qué decía la predicción inicial y por qué se desinfló
El mensaje que abrió el asunto no se andaba con matices: Vox obtendría más de 60 escaños. La cifra no era inocente. Situaba al partido en un umbral que, de cumplirse, habría cambiado el reparto de fuerzas y habría condicionado cualquier investidura. Durante las primeras respuestas, la predicción encontró acomodo entre quienes veían a Vox como la única opción útil para desalojar al PSOE del Gobierno. «Así me gustan los hilos», respondía uno, convencido de que el partido superaría esa barrera.
El problema llegó cuando los números no acompañaron. La conversación viró hacia el ajuste de cuentas. «El pitoniso que abrió el hilo tiene que venir a recoger su OWNED», reclamaba un mensaje. Y otro cerraba el círculo: «Y aquí tiene su owned». La predicción no se cumplió, y el asunto quedó zanjado con esa mezcla de sorna y contabilidad que caracteriza a los foros cuando alguien se atreve a poner una cifra sobre la mesa.
El argumento del voto útil y su trampa
Buena parte del análisis posterior se centró en por qué Vox no alcanzó ese techo. La tesis dominante apuntaba al voto útil. «Vox se va a ostiar porque todos sabemos que, en caso de que fuera necesario, va a dar los votos al PP», sostenía un mensaje. Es decir, el electorado que simpatiza con el partido pero prioriza desalojar al PSOE acaba votando a la opción que considera más eficaz para ese objetivo, aunque no sea su favorita.
Otro argumento recurrente fue el desgaste del propio liderazgo. «Vox rondará los 60 escaños. El Frijolito no es la Ayuso», sentenciaba un mensaje, comparando el tirón del candidato con el de la presidenta madrileña. La comparación no era gratuita: sugería que el partido necesitaba un perfil con más capacidad de arrastre para romper ese techo.
La paradoja del votante que se queda en casa
Uno de los análisis más lúcidos del hilo apuntaba a un fenómeno que los sondeos rara vez capturan: el votante que, pudiendo votar a Vox, decide no hacerlo. «Los trabajadores de a pie aunque estemos cansados del viruelo y en otras ocasiones vayamos votado a abascal, la gente reflexiona», explicaba un mensaje. El razonamiento era simple: si el peor jefe que has tenido votaría a una opción, por coherencia personal acabas descartándola. «Me quedo en casa me fumo 4 porros y que salga el sol por Antequera», resumía.
Ese abstencionismo selectivo explicaría por qué las encuestas más optimistas no se materializaron. No es que el electorado rechace a Vox de forma activa; es que una parte se queda fuera del circuito, convencida de que su voto no cambia nada o de que votar sería una traición a su propia biografía.
Feijóo, el PSOE y el cálculo de investidura
El hilo también abordó la aritmética parlamentaria que se derivaría de un resultado así. «60 escaños no pero que van a ser necesarios para que Feijo sea presidente Sí», apuntaba un mensaje. El análisis era que, sin esos sesenta diputados, la investidura del PP quedaría en manos de otras formaciones, y el partido de Abascal perdería capacidad de negociación.
La crítica más dura llegó contra la estrategia del propio Feijóo. «¿Cómo de útil para sacar del poder al socialismo es votar a Feijóo?», se preguntaba. El argumento: el líder del PP preferiría pactar con el PSOE antes que depender de Vox. «No llamaría a VOX, llamaría a Pedro Sánchez», sostenía un mensaje, describiendo un escenario en el que el partido de Abascal quedaría fuera de juego aunque sus votos fueran necesarios.
El pronóstico que sigue vivo en el imaginario
A pesar del ajuste de cuentas, la conversación no cerró la puerta a futuros escenarios. «Es lo que tiene infravalorar al Viruelo y sobrevalorar a Pagascal», apuntaba un mensaje, sugiriendo que el análisis había pecado de optimismo. Otro iba más allá: «Muchos de los que aún repiten sistemáticamente el mantra Sólo queda Vox volverán al redil del PP cuando Ayuso sea candidata a la presidencia del Gobierno».
La predicción de los 60 escaños quedó archivada como un ejercicio fallido. Pero el debate sobre por qué no se cumplió —el voto útil, el desgaste del liderazgo, la abstención selectiva, la aritmética de investidura— sigue siendo el mismo que se planteará cada vez que Vox se acerque a un umbral similar. ¿Es el techo de Vox un problema de candidato, de estrategia o de electorado?