Bertín Osborne: «Tienes dos opciones» frente a su discurso antiaborto
El hombre que ha defendido en televisión que
jamás aconsejaría un aborto por el trauma que supone habría respondido a la mujer embarazada por él con una frase de dos vías: «Tienes dos opciones, tenerlo o no tenerlo». La paradoja tiene nombre propio, Bertín Osborne, y una cifra que la vuelve más incómoda:
69 años, edad con la que afronta una paternidad que los mensajes difundidos presentan como no buscada. El asunto circula por redes sociales y medios digitales y ha reabierto una discusión vieja: qué significa exactamente estar en contra del aborto cuando el embarazo llama a la puerta de casa.
Qué dijo Bertín Osborne y qué se le reprocha
En televisión su posición era nítida: contra el aborto. Según los mensajes que se han hecho virales, sostuvo que
«jamás aconsejaría un aborto por el trauma». En privado, la conversación que se le atribuye con Gabriela Gillén, la mujer que espera un hijo suyo, fue otra: dos opciones, tenerlo o no tenerlo, sin decantarse. El reproche no es que mencionara la legalidad vigente. El reproche es el contraste: un discurso público que marca distancia moral y un mensaje privado que deja la decisión completamente abierta.
En los mensajes difundidos aparece además la palabra
accidente y la expresión hijo no deseado, referidas a un hombre de 69 años, edad más que sobrada para conocer cómo se llega a un embarazo. Ese detalle, más que el fondo jurídico, es el que ha encendido la polémica.
¿Es incoherente rechazar el aborto y aceptar las dos opciones legales?
Aquí el desacuerdo es real y no se resuelve con etiquetas. Una corriente sostiene que reconocer que la ley ofrece dos caminos no equivale a recomendar ninguno, y que quien está en contra del aborto puede —debe, incluso— respetar la decisión ajena sin dejar de opinar. Desde esa lectura, lo que se le reprocha al personaje público no es hipocresía, sino haber dicho en voz alta lo que dice la norma. El marco legal contempla esas dos vías y él no habría hecho más que enumerarlas.
La objeción es la contraria: si alguien considera que la interrupción del embarazo es un trauma, no se limita a enumerar opciones, argumenta. Y el silencio, en un asunto así, tiene consecuencias. Hay quien recuerda que durante décadas, cuando la ley lo prohibía, quien disponía de dinero resolvía el problema fuera de España. El reproche, entonces, no sería la contradicción personal, sino la doble vara según a quién le toque.
El frente que abre la ley: la mujer decide y también el hombre paga
El caso ha sacado a la superficie una queja que reaparece cada vez que se habla de aborto: la asimetría legal. Se plantea así: si la mujer quiere continuar el embarazo, el hombre no tiene forma legal de oponerse y responde económicamente, quiera o no; si ella decide interrumpirlo, él tampoco puede impedirlo. Dos escenarios, un solo titular del derecho. Es la línea argumental más repetida y también la más discutida.
Frente a ella, la respuesta habitual es que la carga física y sanitaria del embarazo no es simétrica ni puede serlo, y que el marco normativo no busca equilibrar voluntades, sino garantizar una decisión informada. Ninguna de las dos partes mueve a la otra. Y el asunto, mientras, sigue su curso.
El precedente que reaparece: Chabeli Navarro
A la polémica se ha sumado una acusación publicada por
20minutos: otra expareja del personaje, Chabeli Navarro, habría declarado que estuvo embarazada de él y que la convenció para abortar. Es un testimonio personal, sin resolución judicial, y se trata como tal: una declaración difundida en prensa, no un hecho probado. Sirve, eso sí, para que la discusión sobre la coherencia deje de ser abstracta y para que el foco pase del discurso al comportamiento.
Manutención, herencia y el reparto entre hermanos
En el terreno estrictamente económico, se sostiene que una pensión de alimentos resulta irrelevante para un patrimonio de ese tamaño y que el verdadero asunto es otro: el reparto. Hay quien calcula que, si el embarazo llega a término, el recién nacido entraría en la herencia junto a los otros hijos. No es una tesis jurídica cerrada, sino un cálculo especulativo, y conviene leerlo como tal.
Lo que sí está sobre la mesa es el argumento de que el dinero nunca fue el problema. Esa parte del análisis —la que sostiene que la manutención es calderilla frente a la fortuna— es, curiosamente, la que menos discusión genera.
Queda la pregunta incómoda. ¿Se puede defender una cosa en televisión y dejar abierta la contraria en privado sin que pase nada? Nadie lo ha respondido, y probablemente nadie lo hará.