Solidario García
Madmaxista
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Si nos ponemos a pensar en rascacielos, quizás nos vienen a la mente esas imágenes de obreros desayunando sin medidas de seguridad sentados en vigas a varias decenas de metros del suelo en Nueva York. O a lo mejor nuestra mente se centra en el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo, con 828 metros de altura.
Lo que es prácticamente seguro es que nadie pensaría en una época muy antigua. Más allá de las pirámides, pocas grandes construcciones han llegado hasta nuestros días, si es que existieron. Pero resulta que, en África, sí hubo “rascacielos” de varias plantas hace 2.800 años, según señala un nuevo artículo publicado en la revista Heritage.
Investigadores de la Universidad Técnica de Brandeburgo y del Instituto Arqueológico Alemán han descubierto que el palacio de Grat Be'al Gibri, situado en Yeha, en las tierras altas entre Etiopía y Eritrea, habría alcanzado las 19 plantas de altura “sin derrumbarse” gracias a su sólida estabilidad estructural.
Grat Be'al Gibri, con una superficie de unos 60 por 60 metros, está considerado el mayor palacio conocido de su época en el sur de Arabia y el este de África. Datado en torno al año 800 antes de Cristo, fue destruido por un incendio en la antigüedad. Hoy en día solo se conservan partes de la planta baja y del podio.
La antigua construcción levantada en la región de Tigray, al norte de Etiopía, coincidía en el tiempo con el inicio de la Antigüedad Clásica (Homero escribió su mítica obra La Odisea más o menos en esta época) y los fenicios controlaban el Mediterráneo y comenzaban a dominar el alfabeto.
Para su construcción se utilizó una combinación de madera y piedra, pero lo que hace que esta construcción sea históricamente singular es su sistema de muros: en la mampostería de piedra irregular unida con mortero se insertaban sistemáticamente vigas de madera, dispuestas exclusivamente en horizontal, a modo de nervaduras de refuerzo.
Estos y otros estilos constructivos similares, conocidos como “mampostería con entramado de madera” (timber-laced guasonry), estuvieron muy extendidos en el sur de Arabia y el noreste de África durante el primer milenio antes de Cristo para edificar estructuras de varias plantas.
“Recuerdan a las modernas construcciones híbridas con madera que hoy en día se emplean —o están en fase de proyecto— en ciudades como Sídney, Hamburgo o Berlín para la construcción sostenible de edificios en altura”, explican el doctor Martin Drieschner y el ingeniero Mike Schnelle, los autores del estudio.
Los modelos en 3D que han creado indican que los antiguos etíopes contaban con la tecnología necesaria para levantar altos edificios, auténticos “rascacielos” de la época. Recrearon dos secciones de los muros del palacio —una esquina y un vano de puerta— y analizaron su capacidad de aguante.
Hasta ahora solo se conocía la solidez y la altura de Grat Be'al Gibri a través de las fuentes históricas y representaciones gráficas. Los historiadores árabes, por ejemplo, mencionan palacios de hasta 20 plantas, mientras que las pinturas rupestres y murales del sur de Arabia muestran edificios de varias alturas con aspecto de torre.
Drieschner y Schnelle no conocían con exactitud muchas de las propiedades de los materiales de construcción antiguos. Por eso aplicaron un procedimiento para tener en cuenta la incertidumbre polimórfica de los parámetros del material. Para los cálculos se utilizó la herramienta de software PolyUQ, desarrollada específicamente.
El resultado obtenido es que la variación en las propiedades de la madera apenas influye en la capacidad portante de los muros. El sistema estructural analizado demostró ser robusto. Según los cálculos preliminares, habría sido estructuralmente viable construir un edificio de al menos 19 plantas. Incluso en la simulación menos favorable, llegó a las 16 plantas antes de colapsar.
De este modo, el palacio de Yeha habría alcanzado dimensiones propias de un rascacielos. Asimismo, los expertos deducen que un suceso extraordinario —probablemente el gran incendio documentado históricamente— debió de ser la causa del derrumbe del edificio.
“Este proyecto es un ejemplo de los conocimientos que puede aportar la colaboración interdisciplinaria”, afirma Martin Drieschner, de la Universidad Técnica de Brandeburgo. “Para nosotros resulta especialmente fascinante que nuestros métodos de la ingeniería estructural moderna puedan trasladarse directamente a una construcción de 2800 años de antigüedad”, concluye.