El BCE insiste en que bitcoin vale cero mientras pierde 1.266 millones
El Banco Central Europeo ha vuelto a la carga. En un informe que ha caído como una bomba en los mentideros financieros, la institución que preside Christine Lagarde sentencia que bitcoin «sigue valiendo cero», que no ha logrado ser una moneda digital descentralizada y que la reciente aprobación de un ETF no cambia nada: sigue siendo caro, lento e inconveniente. Hasta ahí, el guion habitual. El problema es el contexto: el BCE acaba de entrar en números rojos por primera vez desde 2004, con pérdidas de 1.266 millones de euros en 2023, y no repartirá beneficios a los bancos centrales nacionales por segundo año consecutivo. La institución que pontifica sobre el valor de los demás es la misma que no puede repartir dividendos.
Qué dice exactamente el BCE sobre bitcoin
El informe del BCE no se anda con paños calientes. Afirma que bitcoin no ha cumplido su promesa fundacional —ser una moneda digital descentralizada de uso global— y que su recorrido ha estado marcado por el fraude y la manipulación. La aprobación de los ETF al contado en Estados Unidos, lejos de legitimar el activo, es para Fráncfort una bendición involuntaria que podría relanzar una burbuja con la ayuda de legisladores despistados. La advertencia es explícita: si el lobby de bitcoin logra su objetivo, el daño colateral será masivo para la sociedad y el medio ambiente. Y el mensaje de fondo es otro: mientras tanto, el euro digital avanza.
Las cuentas del BCE no cuadran
Hay un detalle que el informe omite y que la comunidad financiera ha subrayado con retintín: el BCE perdió 1.266 millones de euros en 2023 y arrastra un segundo año sin distribuir beneficios a los bancos centrales nacionales. La subida de tipos, que debía ser su herramienta de control, se ha vuelto contra su propio balance. La institución que califica de «costoso e inconveniente» a bitcoin es la misma que ha visto cómo su política monetaria le generaba números rojos. No es un detalle menor: cuando el vigilante tiene agujeros en su propio tejado, sus advertencias suenan menos a autoridad y más a estrategia.
La ley de Gresham y el argumento del medio de pago
Uno de los reproches más repetidos contra bitcoin es que no se usa para pagar. Y aquí es donde el análisis se parte. Hay quien sostiene que precisamente eso demuestra su éxito: si nadie gasta bitcoin, es porque se prefiere ahorrar en la moneda que no pierde valor y gastar la que se deprecia. Es la vieja ley de Gresham —la moneda mala expulsa a la buena— aplicada al siglo XXI. El argumento tiene su lógica: si el euro pierde poder adquisitivo cada año, ¿por qué desprenderse del activo que se revaloriza? La paradoja es que el BCE usa como arma lo que algunos consideran una virtud.
¿Se puede prohibir bitcoin?
La pregunta sobrevuela el informe. El BCE no pide una prohibición explícita, pero advierte contra dar «una supuesta bendición» a lo que considera una burbuja. La aprobación de los ETF en Estados Unidos ha otorgado a bitcoin una condición de facto de activo financiero, lo que complica un veto frontal. La estrategia más plausible no es prohibir, sino regular hasta ahogar: obligar a tributar cada operación, controlar los exchanges, eliminar el efectivo y empujar al euro digital. La infraestructura para pagar con criptomonedas ya existe —tarjetas regalo, exchanges con tarjeta de crédito, compraventa de inmuebles—, pero la pregunta es si sobrevivirá a la asfixia regulatoria.
El minado, la escalada del hash rate y el pequeño inversor
Hay un dato que desmonta otra de las promesas fundacionales. La escalada del hash rate ha dejado el minado en manos de grandes granjas. Lo que empezó siendo una afición de foros y colegas con ordenadores domésticos es hoy un negocio industrial donde solo los profesionales con acceso a energía barata pueden competir. Quedan por minar 1.469.878 BTC de los 21 millones, y la pregunta sobre qué pasará cuando se agoten —previsto para 2033— sigue sin respuesta clara. Mientras tanto, se estima que casi 5 millones de BTC están perdidos en carteras inactivas durante años. El oro digital también tiene sus fantasmas.
La CBDC como telón de fondo
El informe del BCE no se entiende sin el euro digital. La institución lleva años preparando su propia moneda digital y necesita despejar el terreno. Si bitcoin queda arrinconado como activo especulativo y el efectivo desaparece, el ciudadano no tendrá más opción que operar dentro del sistema. La advertencia sobre el «daño colateral masivo» suena a justificación anticipada. Y la pregunta que queda flotando es incómoda: si bitcoin vale cero, ¿por qué el BCE le dedica informes, advertencias y estrategia regulatoria? ¿O es que el cero es una forma de hablar?
Este artículo se basa en el análisis del informe del BCE y en las reacciones del sector financiero. No constituye asesoramiento de inversión.