El rascacielos de Telefónica en Gran Vía: 200 millones que levantan sospechas
El precio parece un regalo. Pero la letra pequeña urbanística puede explicar el descuento. Telefónica ha cerrado la venta de su edificio en la Gran Vía madrileña por 200 millones de euros, una cifra que, a simple vista, choca con los 32.000 metros cuadrados y las 15 plantas más torre que suman el inmueble. La comparación con la venta del edificio de Primark en 2015 –400 millones– dispara las alarmas: ¿se ha devaluado tanto la zona o hay algo que no se está contando?
Los números que no cuadran
El edificio, situado en pleno corazón de Madrid, tiene 32.000 m² y una torre. A 200 millones, el precio por metro cuadrado ronda los 6.250 euros. En una ciudad donde un ático de mala muerte en Tetuán puede costar un millón, la cifra parece irrisoria. Pero hay un matiz clave: la clasificación urbanística del inmueble no permite uso residencial. Está adaptado a uso terciario, es decir, oficinas u hoteles. Y eso cambia todo.
La normativa actual exige adaptaciones costosas: salidas de incendios, accesibilidad, eficiencia energética. En edificios antiguos, lo caro no es comprar, es rehabilitar. Se ha apuntado que una reforma integral podría superar los 500 millones, una cifra que, sumada al precio de compra, hace que la operación solo tenga sentido para un operador hotelero o un fondo que busque rentabilidad a largo plazo.
La comparación que enciende el debate
La referencia al edificio de Primark, vendido por 400 millones en 2015, es inevitable. Pero hay diferencias: aquel inmueble tenía un uso comercial consolidado y una ubicación más privilegiada para el retail. El de Telefónica, con su torre y su historia, arrastra un problema añadido: muchos elementos interiores están protegidos, lo que limita cualquier reforma. Además, no tiene garajes, un hándicap en una zona donde el tráfico y el ruido hacen poco atractiva la vida residencial.
Mientras tanto, la pregunta sigue en el aire. Si el comprador es un fondo hotelero, el precio tiene lógica. Si es un promotor de vivienda, habrá que esperar a que cambie la normativa. Y si nadie explica la operación, la sospecha de que algo no cuadra seguirá alimentando el escepticismo.