Bad Bunny factura 200 millones en España mientras la "casita" indigna
¿Cuánto vale la dignidad de un acompañante? Por lo visto, unos 200 millones de euros. La gira del puertorriqueño por España ha dejado una cifra mareante: 600.000 entradas vendidas y un impacto económico estimado en 200 millones entre entradas, patrocinadores y merchandising. Pero el ruido no lo hacen solo los euros. Una controversia llamada "la casita" ha copado la conversación.
El negocio del reguetón: 600.000 entradas y 200 millones
Las cifras son toscas pero elocuentes. Seiscientos mil asistentes repartidos en varias fechas, con entradas que rondaron los 100-150 euros de media. Sumando gastos indirectos, el circo de Bad Bunny mueve en España una cantidad que pocos artistas pueden igualar. Quien lo ve como negocio lo celebra; quien lo ve como síntoma, se agarra la cabeza.
La "casita": ¿derecho de pernada 2.0?
En los conciertos, el artista instala una pequeña estructura donde selecciona a muyer del público para que pasen un rato con él y su séquito. Varios testimonios y un artículo de Libertad Digital confirmaron la presencia de caras conocidas como Ester Expósito y Cayetana Álvarez de Toledo en la edición de Madrid. La práctica ha sido calificada como "adaptación del derecho de pernada" y ha generado un coro de críticas que mezclan sarracena, feminismo y pura da repelús social.
¿Pogre de etiqueta?
Bad Bunny se ha vendido como icono pogre, voz de minorías y aliado feminista. Sin embargo, la casita retrata otra realidad: la de un artista que convierte a sus fans en mercancía disponible. Las contradicciones del discurso proge nunca fueron tan rentables. Al cierre de esta edición, ni el artista ni su equipo se habían pronunciado. La indignación, en cambio, llenaba los timelines.
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