Telefónica vende su sede histórica de Gran Vía por 200 millones
Telefónica ha cerrado la venta de su histórica sede del número 28 de la Gran Vía de Madrid. El comprador, el empresario inmobiliario Tomás Olivo, pagará 200 millones de euros por un edificio que ha sido testigo de cien años de historia de la compañía. La operación, escriturada esta semana, se enmarca en el cambio de rumbo impulsado por Marc M, el actual presidente de la teleco.
Una venta que no sorprende a todos
La decisión tiene lógica desde el punto de vista corporativo. Telefónica ya dispone de un campus empresarial de primera al norte de Madrid que, según algunas informaciones, hasta se le ha quedado grande. El edificio de la Gran Vía, levantado en 1920, es un armatoste incómodo, pequeño y en una zona saturada y poco empresarial. En los últimos años, apenas se utilizaba para exposiciones, conferencias y entrevistas. Su interior, eso sí, había sido renovado con esmero, tanto el Espacio de la Fundación como la zona comercial del Espacio Movistar.
Críticas y especulaciones
No todo el mundo aplaude la operación. Hay quien recuerda que Movistar se ha convertido en una empresa más centrada en vender alarmas y espiar a sus clientes que en mantener su patrimonio. Otros apuntan a que la venta huele a chamusquina, a falta de liquidez. Y no faltan las críticas políticas: algunos ven en el gobierno un control sobre Telefónica que estaría disolviendo el patrimonio nacional. La pregunta que muchos se hacen es qué pasará con el edificio. ¿Un hotel? ¿Pisos de lujo? La Gran Vía ya ha visto cómo otros iconos se convertían en viviendas para millonarios.
Si el edificio acaba convertido en un hotel de lujo o en pisos para millonarios, la Gran Vía habrá perdido otro trozo de su historia. Pero si la venta sirve para sanear las cuentas de Telefónica, quizá sea el precio de la supervivencia.