Soylent Green: la distopía de 1973 que hoy parece un documental
Hay una escena que lo resume todo: un anciano prueba un filete de verdad y llora. No es metáfora. En un mundo donde la proteína fresca es un privilegio de ricos, masticar carne auténtica se convierte en un acto revolucionario. Esa es la potencia de
Soylent Green, una película de 1973 que muchos ven hoy como una profecía incómoda y otros, sencillamente, como un bodrio lento y oscuro. La discusión está servida.
La trama que anticipó el debate sobre la alimentación artificial
La película plantea un Nueva York superpoblado donde la comida real escasea y la mayoría sobrevive con unas galletas verdes procesadas por la corporación Soylent. La carne, la fruta y las verduras frescas solo están al alcance de las élites, que viven en barrios amurallados con foso y luz eléctrica. El resto se apelotona en portales y acepta la eutanasia como salida digna cuando deja de aportar valor al sistema.
En el centro de la trama está el asesinato de un directivo de Soylent, un caso que destapa una verdad incómoda:
las galletas están hechas con restos humanos. La revelación, que en 1973 era pura ciencia ficción, hoy resuena con los debates sobre carne artificial, insectos como alimento y la creciente desigualdad en el acceso a recursos básicos.
¿Por qué algunos la ven como una profecía y otros como un tostón?
La división es total. Hay quien sostiene que la película anticipó con décadas de antelación fenómenos como la superpoblación, el control corporativo de la alimentación y la aceptación social de medidas extremas. «En la película convierten a los muertos en galletitas verdes... superpoblación... etc. La película exagera pero en realidad en el mercado laboral de eso que llaman el primer mundo poco menos que nos comemos los unos a los otros», resume un participante.
En el otro extremo, están los que la consideran un producto de su época, lento, oscuro y mal narrado. «Lenta, oscura, aburrida, como todo lo que se hizo en los nefastos 70s», sentencia el mensaje que abre la discusión. Para este sector, la nostalgia no debería nublar el juicio: una película debe funcionar como entretenimiento, no solo como profecía.
El cine distópico de los 70: ¿obra maestra o reliquia?
La discusión deriva pronto hacia el valor del cine de ciencia ficción de los 70 en general. Se mencionan títulos como
Blade Runner,
Rollerball,
Operación Capricornio,
El planeta de los simios,
La fuga de Logan y
Zardoz. Para algunos, estas películas comparten un mensaje crítico que trasciende su estética cutre y sus efectos especiales rudimentarios. «Si las ves con los estándares actuales, pues claro, no dejan de ser pelis de los 70, con la tecnología y efectos especiales de los 70 y con ese color pálido de la época», admite un participante, antes de reivindicar que «lo que hace que esas pelis sean míticas es el mensaje, no el atrezzo».
Otros van más allá y sostienen que el cine distópico de aquella década no solo anticipó el futuro, sino que parece haber servido de guion para él. «Es como si los que mandasen en la sombra dijesen: VAMOS A HACER REALIDAD ESTO QUE VIMOS EN EL CINE», apunta un mensaje. La idea de que la ficción se ha convertido en manual de instrucciones para las élites es una corriente recurrente en el análisis de estas obras.
De la pantalla a la realidad: mascarillas, carne artificial y familias desestructuradas
La conversación salta de la pantalla a la actualidad. Varios participantes conectan la película con fenómenos contemporáneos: la pandemia de 2020, el uso de mascarillas, la carne artificial, los insectos como alimento y la desestructuración familiar. «Yo en 1973 tenía 16 años, y no sabía ni que existían las mascarillas, fuera de un laboratorio... Cuando empezaron con la plandemia en 2020, enseguida me acordé de esta película», relata un participante.
Otro hilo dentro del hilo es la crítica social: la aceptación de la eutanasia para los mayores, la pobreza normalizada y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. «A mí lo que me preocupaba no eran las galletas, sino la pobreza que había, y que la gente lo había aceptado, eso sí me acojonaba», confiesa un mensaje. La idea de que la sociedad acepta lo que sea con tal de sobrevivir es, para muchos, el verdadero mensaje de la película.
El legado de Soylent Green: entre el culto y el olvido
A pesar de las críticas, la película ha mantenido un estatus de culto. Se recuerdan escenas como la de la carne custodiada entre rejas y en caja fuerte, o el momento en que el protagonista descubre la verdad sobre las galletas. También se menciona su influencia en la cultura popular: el término «mobiliario» para referirse a las conejas que se heredan de un inquilino a otro, o la frase «Soylent Green is people!» que se ha convertido en un meme recurrente.
La discusión también toca la figura del director, Richard Fleischer, y el reparto, con Charlton Heston y Edward G. Robinson en su último papel. Para algunos, es una obra maestra de la ciencia ficción; para otros, una reliquia sobrevalorada. Lo que nadie niega es que, 50 años después, sigue dando de qué hablar.
¿Es Soylent Green una profecía que deberíamos tomar en serio o simplemente una película de su tiempo que envejeció mal? La respuesta depende de si uno cree que el cine puede anticipar el futuro o solo reflejar los miedos del presente.