Alan Greenspan: el legado de un líder monetario que no deja indiferente
La actual coyuntura de inflación desbocada ha reabierto viejas heridas. El nombre de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006, vuelve a ser invocado con una mezcla de veneración y execración. En las trastiendas digitales del análisis económico, su figura se ha convertido en el símbolo de lo que pudo haberse hecho de otra manera.
Hay quien le considera el artífice de la estabilidad de los noventa y quien le acusa de haber sembrado las semillas de la crisis de 2008 con su política de tipos ultrabajos. Las críticas más ácidas sostienen que Greenspan optó, con conocimiento de causa, por destruir la moneda, alimentar al Estado y empujar a Occidente hacia el socialismo. Un anticristo económico, en palabras de sus detractores. En el lado opuesto, algunos le recuerdan como un gran estadista, un forjador de oro que expandió los billetes verdes con mano firme.
El debate no es nuevo, pero la inflación actual le da un marco de referencia inesperado. Mientras unos ven en su gestión el origen de los desequilibrios actuales, otros señalan que supo mantener una economía boyante durante casi dos décadas. Lo que está claro es que su paso por la Fed sigue dividiendo aguas, y que la cuestión no es menor: ¿hasta qué punto un banquero central puede moldear el futuro de una nación?
Al final, el legado de Greenspan es un rompecabezas en el que cada pieza encaja según la ideología de quien la coloca. Con la vuelta de la inflación, el puzzle se ha vuelto a desparramar sobre la mesa.