Imaginarium cierra: 30 años, 420 tiendas y dos puertas cerradas
¿Cuánto aguanta una juguetería que paga 30.000 euros al mes por un local en el centro de Barcelona? Más de tres décadas, a juzgar por el final de Imaginarium. La compañía nacida en Zaragoza en octubre de 1992 ha anunciado en sus redes sociales que «llega a su fin», con la web ya caída y un correo de atención al cliente como única vía para incidencias. El símbolo de la casa, esa doble puerta —una para adultos, otra más pequeña para niños—, se queda sin nadie al otro lado. La empresa considera
«inviable» mantener el negocio en España, donde conserva cerca de una treintena de tiendas.
Qué dice el comunicado de despedida de Imaginarium
El tono es el de quien apura hasta el último segundo: «Hemos aguantado hasta el último momento, hasta nuestro último aliento, para pulsar el botón y decir adiós». La marca agradece la «lealtad, fidelidad y apoyo» de las familias y presume de haber contribuido «a hacer de este mundo algo mejor». Dedica también una línea al equipo, ese que «han luchado hasta el final». Traducción sin adorno:
ni cierre ordenado ni comprador a la vista. Solo una persiana bajada y una dirección de correo, customercare@imaginarium.es, para quien tenga una incidencia abierta.
De 420 tiendas en 20 países a una treintena en España
En su mejor momento, la juguetera llegó a contar con cerca de
800 trabajadores y más de 420 tiendas en unos 20 países, casi todas en franquicia. Por detrás había una máquina de marketing notable: ya en 1998 manejaba una base de 400.000 personas registradas para recibir sus acciones comerciales y abría un par de tiendas por semana, con Francia y Portugal como primeras escalas. Cotizó en el Mercado Alternativo Bursátil hasta que fue excluida el 2 de febrero de 2022. Desde entonces, integrada en Teal Group Holdings —la familia que también agrupa a The Entertainer, Early Learning Center y Addo—, ha ido apagando escaparates uno a uno.
¿Por qué cierran las jugueterías en España?
El cierre de Imaginarium no llega solo.
Poly Juguetes presentó en marzo concurso voluntario de acreedores y abrió un despido colectivo para los 186 trabajadores de la plantilla. El patrón se repite y la causa principal que señalan quienes han seguido el sector es el comercio electrónico: la tienda física funciona como sala de exposición y la compra acaba en una plataforma con envío en 24 horas. Hay quien compra el juguete en el centro comercial y lo pide después por internet con un descuento que la tienda no puede igualar, y quien directamente asume que la diferencia de precio compensa la espera. Toys R Us recorrió ese camino antes.
El precio, la natalidad y el mando de la consola
La otra mitad del diagnóstico es la caja. Imaginarium vendía producto de fabricación asiática con marca propia y un margen alto, en ubicaciones caras y con una clientela de poder adquisitivo medio-alto. Un triciclo de madera podía costar varias veces lo que costaba uno de metal años atrás, y personalizar un peluche con un bordado disparaba la factura. A eso se suma la demografía:
los niños que nacen son menos, aunque los que llegan reciban más juguetes que en los ochenta. Y compite un rival que no se cansa nunca: el videojuego, que se lleva las horas y el presupuesto. El cálculo de cuánto pesa cada factor, desglosado, da para discutir largo.
Una agonía que se veía venir
Los avisos venían de lejos. La salida a bolsa de 2009 ya se leyó entonces como una señal de debilidad más que de fortaleza, y las informaciones sobre impagos y situación concursal se acumularon en distintos tramos de la década siguiente. Un cierre anunciado muchas veces, ejecutado al final por la vía rápida: sin nota de prensa al uso, sin plan de reestructuración, sin fecha de reapertura de la web.
Y a vivir.
Queda el consuelo de que la marca se despide «con gratitud» y de que los niños seguirán jugando. Solo que lo harán con dos puertas cerradas y una pantalla entre las manos.