Tractores cortan Valencia mientras la TV mira a otro lado
Miles de agricultores han cortado carreteras en Valencia y han rodeado Mercazaragoza. La Guardia Civil ha tenido que intervenir para controlar el tráfico en la A3. En televisión, según quienes seguían la jornada, apenas se decía nada. La protesta del campo vuelve a poner sobre la mesa el mismo pulso:
quien bloquea una carretera no sale en pantalla; quien cobra una subvención, tampoco.
Qué está pasando en el campo y por qué no se ve en televisión
El relato de la jornada lo abrieron quienes estaban atrapados en el atasco. La Guardia Civil tuvo que intervenir en la A3 para ordenar el tráfico. Los tractores rodearon Mercazaragoza. En paralelo, la cobertura televisiva fue, para buena parte de los seguidores del asunto,
inexistente o tardía. Hay quien sostiene que los medios están al servicio de los partidos y los gobiernos; otros apuntan a una hoja de ruta que decide qué se cuenta y cuándo. La discusión derivó pronto a un lugar incómodo: si el campo tiene o no razón, y si sus protestas son legítimas o funcionales al adversario.
La PAC, las paguitas y el negocio de la alimentación
El núcleo económico del asunto es la Política Agraria Común. Unos defienden que la PAC existe precisamente para garantizar la autonomía alimentaria europea en caso de crisis; otros recuerdan que el campo europeo está completamente subvencionado y que el libre mercado no se aplica igual a todos. La comparación que más circula:
los agricultores cobran paguitas, los intermediarios y los mercados no. De ahí la paradoja que se repite en cada movilización: quienes rechazan el sistema de subvenciones acaban pidiendo más subvenciones. Y una advertencia que sobrevuela el debate: si algún día escasea la comida y no las mascarillas, veremos qué pasa.
El origen real de la fruta y la guerra comercial con Francia
Una de las aportaciones más incómodas del debate apunta a que parte de los productos que se venden como españoles proceden de Marruecos: se envasan y distribuyen aquí sin cumplir la normativa europea, y se presentan como nacionales. Si eso es así, el boicot a la leche francesa no sería equitativo, porque esa leche sí cumple la normativa y su origen es Francia. La discusión se enreda con las cuotas, los excesos de producción permitidos a otros países y la competencia desleal dentro de la propia UE. Hay quien pide cortar la salida de los ferris que llegan desde Marruecos. El cálculo completo de cuotas y orígenes, desglosado producto a producto, da para un tratado.
Quién gana y quién pierde con el bloqueo
El campo no es un bloque homogéneo. Están los pequeños y medianos productores, sin riñón para aguantar pérdidas, que están pasando al gran capital. Están los intermediarios. Están los transportistas autónomos que se suman al paro. Y están los ciudadanos que se comen el atasco. La pregunta que recorre el asunto es si bloquear carreteras perjudica a los paisanos o a quienes diseñaron las leyes injustas. La respuesta no es unánime: unos creen que sin presión no hay cambio; otros, que el daño se lo hacen a sí mismos. Mientras, el Gobierno dio 115 millones al olivar en Marruecos. Ahí hay dinero, pero depende de dónde y para quién.
El relato que se impone: fachosfera, ultraderecha y agenda 2030
En pocas horas, el encuadre mediático empezó a girar hacia lo previsible: los manifestantes son de extrema derecha, están contra la agenda 2030, son la fachosfera. Incluso los catalanes. La etiqueta funciona como argumento y como escudo. Frente a eso, otra corriente sostiene que el campo es el último sector que produce algo tangible y que la independencia alimentaria es un asunto de seguridad nacional, no de ideología. La televisión, mientras, sigue a lo suyo.
La protesta del campo no va a resolverse cortando carreteras ni ignorándola en pantalla. Si la PAC se acaba y el libre mercado se aplica a todos, el sector que alimenta al país tendrá que competir con quien no cumple las mismas reglas. La predicción más prudente: el conflicto seguirá abierto, con más tractores en la carretera y menos cámaras en el arcén.