Las renuncias a herencias se multiplican por cinco desde 2007
¿Por qué alguien rechaza lo que le dejan sus padres? La respuesta corta: porque a veces lo que se hereda es una factura. Las renuncias a herencias en España pasaron de
11.047 en 2007 a 56.108 en 2023, un incremento del 408% en términos absolutos. La tasa nacional subió del 5% al 16% entre 2007 y 2024, y en comunidades como Asturias ya roza el 23,3%. En La Rioja y Asturias, durante 2025,
una de cada cuatro herencias se rechaza.
El relato oficial habla de subastas transparentes y de eficiencia recaudatoria. El relato de quien firma la renuncia es más prosaico: no hay liquidez para pagar al Estado antes de poder vender lo heredado.
Qué impuestos se pagan al heredar una vivienda
El Impuesto de Sucesiones se calcula sobre el
valor de mercado del inmueble menos el saldo pendiente de la hipoteca. La plusvalía municipal, en cambio, se paga por el 100% del valor catastral del suelo. Es decir: si heredas un piso con una hipoteca a medias, Hacienda te cobra como si fuera tuyo entero, aunque el banco aún tenga su parte.
A eso se suma el plazo. El impuesto se liquida en meses, no en años. Quien no tiene efectivo, malvende. Quien malvende, pierde. Y quien pierde, muchas veces firma la renuncia antes de empezar.
Aceptar a beneficio de inventario: la vía que casi nadie usa
Existe una figura legal que limita el riesgo: la
aceptación a beneficio de inventario. Con ella, el heredero responde de las deudas solo con los bienes heredados, nunca con su patrimonio personal. Si hay sobrante, se lo queda; si no, al menos no arruina su vida.
El problema es que, en la práctica, se usa poco. Hay quien sostiene que los notarios no la ofrecen por defecto y que muchos herederos llegan a la firma sin haber consultado a un asesor. La renuncia pura y simple, en cambio, es rápida, barata y definitiva.
Herencia entre hermanos, tíos y sobrinos: el tramo que sangra
El coste no es igual para todos. Entre padres e hijos, las bonificaciones autonómicas suavizan la factura. Entre hermanos, tíos y sobrinos, o entre personas sin parentesco directo, el tipo se dispara. Y el valor que Hacienda asigna al inmueble suele superar el precio real de venta.
El resultado es una trampa de liquidez: heredas un piso que no puedes vender rápido, pagas impuestos sobre una tasación optimista y, si aparece una okupa o el mercado se enfría, la operación se convierte en pérdida.
El caso de la viuda y los hijos del primer matrimonio
Hay un supuesto que se repite: el fallecido deja a sus hijos la nuda propiedad de un inmueble, pero la viuda conserva el usufructo vitalicio. Los hijos renuncian porque no quieren pagar reformas e impuestos de una casa que no podrán usar en décadas. La viuda, en muchos casos, es más joven que ellos.
No es codicia. Es aritmética.
Quién gana cuando se renuncia
Cuando nadie acepta, el Estado se queda el bien y lo saca a subasta. Hay quien apunta que esos inmuebles acaban adjudicados por una fracción del valor que Hacienda les asignó para calcular el impuesto. Los compradores habituales son profesionales del sector, con liquidez y paciencia.
El círculo se cierra: el heredero sin efectivo renuncia, el Estado subasta barato y el inversor con caja compra. La pregunta es si ese es el diseño o el accidente.
Renunciar no siempre es un drama
No todas las renuncias responden al mismo patrón. Una parte de los casos son viviendas ruinosas, parcelas sin acceso o propiedades con más deudas que valor. Renunciar, ahí, es sentido común.
Pero el crecimiento del 408% en dieciséis años no se explica solo con ruinas. Se explica con un sistema que exige liquidez inmediata sobre bienes que tardan meses en venderse. Y con una pregunta que nadie responde del todo: si el Estado cobra igual, ¿por qué corre tanto?