rafabogado
Será en Octubre
A continuación, el Evangelio de hoy sábado y las lecturas:
“ Sois de Cristo ”
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3, 22-29
Hermanos:
La Escritura lo encerró todo bajo el pecado, para que la promesa se otorgara por la fe en Jesucristo a los que creen.
Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe.
La ley fue así nuestro a yo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al a yo. Pues todos sois descendientes de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa.
Salmo de hoy
Salmo 104, 2-3. 4-5. 6-7 R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas.
Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
descendientes de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de Fray Antoni Miró Gallego O.P., del Convento de Santo Domingo Ra`ykuéra (Asunción. Paraguay).
Reflexión del Evangelio de hoy
“Todos sois descendientes de Dios por la fe en Cristo Jesús”
En tiempos de polarización a nivel internacional, del aumento del racismo, el repruebo, la mentira y la violencia ¡qué bien nos hace volver los ojos a la Palabra De Dios!Demasiadas veces los seres humanos, incluidos los cristianos, incluidos los representantes de la comunidad eclesial, incluidos aquellos que hablamos del Príncipe de la paz, de la cultura cristiana, de las tradiciones humanistas… dividimos por raza, por género, por ideologías y nos olvidamos que, por encima de las leyes de la humanidad está la llamada a ser UNO en Cristo Jesús: “…os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Palabras acertadas de San Pablo que reflejan el pensamiento más íntimo de Jesús: "Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste" (Jn. 17,21)
“Bienaventurado el vientre que te llevó”
¡Qué arrebato, qué alegría muestra el grito de la mujer al escuchar las palabras de Jesús! Le sale del alma, de lo más profundo al sentirse liberada, que, de repente, puede volar porque Alguien le ha abierto las alas y le ha mostrado que es amada por un Padre que no hace acepción de personas y que está por encima de las leyes de una religión misógina -muchas veces como la cristiana- clasista y opresora.Sin poder seguir la reflexión, enseguida me surge una pregunta ¿provoca en nosotros este entusiasmo escuchar al Cristo que nos ama, que nos libera, que nos ofrece un camino eternamente nuevo, eternamente ilusionante y que da sentido a la existencia? Ahí queda.
Nombrar a la progenitora de Jesús, a la íntima de Jesús, a la ternura de Jesús, seguro que provocó en Él una vuelta a los abrazos, palabras y sonrisas de su progenitora, pero también una mirada a la vida de los que le rodeaban: no, no consiste ene elogiar al Profete, consiste en saber escuchar y hacer realidad en la vida lo escuchado, en contemplar el mundo y la realidad y, lo contemplado, convertirlo en vida en oración («Contemplari et contemplata aliis tradere»)
Ya desde los documentos de Puebla hasta los de Aparecida, se nos urge a no separar la fe de la vida, no convertir en una ideología, por hermosa que sea, todo lo que Jesús nos transmitió, porque ahí reside una de las razones más importantes de la deserción de tantos y tantas de la comunidad de los seguidores de Jesús, la “hipocresía religiosa” de proclamar una cosa y luego hacer otra, apoyar esa extrema derecha que desprecia la vida de los niños y niñas porque son de otro sitio o apoya un exterminio masivo porque no merecen vivir…
¡Qué escándalo oír a supuestos cristianos apoyar esa xenofobia asesina que justifica el desprecio a otros seres humanos! La fe no es una serie de ritos, ni de dogmas, es una vida que surge del seguimiento consciente, de una opción radical lejos del sentimentalismo y fortalecida por el Espíritu que robustece en nosotros el Evangelio de la Alegría.
Revestidos de Cristo, no podemos olvidar que ese encuentro con el Cristo vivo, nos envía a cambiar nuestro mundo y trabajar para que sea lo más parecido posible al que Dios soñó para nosotros. Separar fe y vida, “El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (Gs,43)
Qué hermosas las palabras de la mujer, pero que esclarecedoras las Palabras de Jesús: con ellas nos permite entender el proyecto de la Bienaventuranzas, de la parábola del Juicio Final… nos permite trabajar con los que creen en un mundo de hermanos, de justicia, de paz…. Un mundo alejado completamente de la ideología que está dominando cada vez más en una sociedad inhumana, en una sociedad que está olvidando que el Logos se hizo carne y que, sin encarnación, no hay salvación.
Fuente: Sois de Cristo
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
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Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
