Religión: Santo evangelio de hoy. Jueves, 8 de octubre, "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo" **********Sto.Rosario a las 22.00

Santo evangelio de hoy. Jueves, 8 de octubre, "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo" **********Sto.Rosario a las 22.00
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Las lecturas del jueves 8 de octubre enfrentan dos actitudes ante Dios: la de los gálatas, que quisieron terminar por sus propias fuerzas lo que empezó el Espíritu, y la del amigo que llama a medianoche y no se marcha sin respuesta. La parábola del amigo inoportuno, en Lucas 11, 5-13, enseña que la oración perseverante no es una falta de respeto, sino la expresión de una necesidad profunda.

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Las lecturas del jueves 8 de octubre enfrentan dos actitudes ante Dios: la de los gálatas, que quisieron terminar por sus propias fuerzas lo que empezó el Espíritu, y la del amigo que llama a medianoche y no se marcha sin respuesta. La parábola del amigo inoportuno, en Lucas 11, 5-13, enseña que la oración perseverante no es una falta de respeto, sino la expresión de una necesidad profunda.

Hay una escena que se repite en muchas casas y que casi nadie cuenta. Alguien llama a una puerta a una hora intempestiva. No es un desconocido. Es un amigo. Y no viene a pedir para sí: viene a pedir para otro, porque tiene un huésped que llegó de viaje y no tiene nada que ponerle en la mesa. La respuesta desde dentro es la más humana del mundo: la puerta está cerrada, los niños duermen, no me levanto. Y sin embargo, al final se levanta. No por amistad, dice el texto, sino por importunidad. Por pesado.

Esa es la imagen que Lucas 11, 5-13 pone en boca de Jesús para hablar de la oración. No un Dios que hay que convencer a base de méritos, sino un Padre al que se le puede insistir sin miedo. La parábola no describe a un vecino gruñón para compararlo con Dios, sino para hacer lo contrario: si un hombre cualquiera termina dando los tres panes por pura insistencia, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.

Qué dicen las lecturas del jueves 8 de octubre

La primera lectura es de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas, 3, 1-5. Pablo arranca con una interpelación que suena dura incluso hoy: «¡Insensatos Gálatas!». Les pregunta quién los ha fascinado, a ellos que tenían a Cristo crucificado delante de los ojos. Y les lanza la pregunta clave: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

La comunidad de Galacia había empezado por el Espíritu y pretendía terminar con la carne, es decir, con sus propias fuerzas. Pablo no discute un matiz teológico menor. Discute si la salvación es un don o un salario. Si es algo que se recibe o algo que se conquista. La antítesis que plantea es tajante: obras de la ley o fe. Y les recuerda lo que ya habían vivido: el Espíritu se les había concedido, y se les había concedido por la fe escuchada, no por el cumplimiento de normas.

El salmo responsorial, tomado del Lucas 1, 69-75, pone el acento en la memoria. «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo». Habla de una fuerza de salvación suscitada en la casa de David, de una misericordia que recuerda la santa alianza, de un juramento hecho a Abrahán. Es un texto que invita a mirar atrás para volver a confiar. La memoria de lo que Dios ya hizo sostiene la confianza en lo que puede hacer.

Pedir, buscar y llamar: tres verbos que van en crescendo

El Evangelio de Lucas 11, 5-13 no se queda en la parábola. Después de contar al amigo inoportuno, Jesús añade una triple invitación: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Y remata con una promesa que no admite matices: todo el que pide recibe, el que busca halla, al que llama se le abre.

Los tres verbos no son sinónimos intercambiables. Expresan un movimiento creciente. Pedir es un acto de humildad: supone reconocer que no se tiene todo y que se necesita a Dios y a los demás. Buscar es un acto de apertura: implica dejar de mirarse solo a uno mismo y aceptar que la respuesta puede estar donde no se esperaba. Llamar es un acto de confianza: se toca una puerta esperando que alguien responda al otro lado, aunque exista la posibilidad del silencio.

Jesús cierra el pasaje con dos comparaciones domésticas. ¿Qué padre, si su hijo le pide un pez, le da una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le da un escorpión? La lógica es sencilla: si los padres humanos, con todas sus limitaciones, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo. Y lo que da no es un objeto cualquiera. Lo que promete es el Espíritu Santo.

La conexión entre Pablo y Lucas que propone la liturgia

Las lecturas de este jueves no están puestas al azar. La carta a los Gálatas y el Evangelio de Lucas establecen una conexión que la liturgia subraya. Pablo corrige a quienes quieren alcanzar por sus propias fuerzas lo que empezó como un regalo. Jesús, en la parábola, enseña que al Padre no hay que convencerlo ni negociar con él, sino confiar en él como hijos.

Hay una tentación que reaparece con frecuencia: convertir la fe en una lista de obligaciones que hay que cumplir para tener a Dios contento. Pablo la denuncia con energía en Gálatas 3, 1-5. Y el Evangelio responde con una imagen distinta: la de un amigo que insiste a medianoche no porque tenga derecho a los panes, sino porque confía en quien está al otro lado de la puerta.

La reflexión que acompaña a estas lecturas, a cargo de las Monjas Dominicas Contemplativas del Monasterio de la Stma. Trinidad y Sta. Lucía, en Orihuela, Alicante, insiste en esa idea. La vida cristiana es un don. Pedir el Espíritu Santo no es una fórmula para conseguir favores, sino reconocer la propia necesidad de Dios y dejarse transformar por su gracia. La pregunta que dejan caer es directa: ¿vivimos la fe como una obligación de cumplir normas o como una respuesta confiada al amor de Dios?

Por qué la insistencia no es una falta de respeto

El amigo de la parábola no se marcha. Llama, insiste, se queda. Su gesto podría parecer una impertinencia, y de hecho el texto griego usa una palabra que apunta a la desvergüenza, a la falta de vergüenza. Pero Jesús no presenta esa insistencia como un defecto. La presenta como el modelo de la oración.

Eso choca con una idea bastante extendida: que pedir mucho a Dios es de desconfiados, que lo elegante es aceptar lo que venga sin molestar. La parábola dice lo contrario. La oración perseverante no es una falta de respeto, es la expresión de una necesidad profunda. El que llama a medianoche no está negociando con un juez, está hablando con un amigo.

El salmo insiste en la misma dirección. «Recordando su santa alianza», «el juramento que juró a nuestro padre Abrahán». La confianza no se apoya en el mérito propio, sino en la fidelidad de Dios a lo que ya prometió. Por eso la memoria es tan importante en estas lecturas. Recordar lo que Dios ha hecho es la base para volver a confiar en lo que puede hacer.

La liturgia de este jueves deja, además, una cita concreta: el rezo del Santo Rosario a las 22.00. Una hora tardía, casi la misma a la que llamaba el amigo de la parábola. Puede que no sea casualidad.

Claves

- El Evangelio del jueves 8 de octubre es Lucas 11, 5-13, la parábola del amigo inoportuno que pide tres panes a medianoche.

- La primera lectura es Gálatas 3, 1-5, donde Pablo pregunta a los gálatas si recibieron el Espíritu por las obras de la ley o por la fe escuchada.

- El salmo responsorial, Lucas 1, 69-75, repite «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo».

- La reflexión de las Monjas Dominicas Contemplativas del Monasterio de la Stma. Trinidad y Sta. Lucía, en Orihuela, Alicante, subraya que la vida cristiana es un don y no un salario.

- El rezo del Santo Rosario está convocado para las 22.00 de este jueves.

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A continuación, el Evangelio de hoy jueves y las lecturas:

“ Recordar para volver a confiar ”

Primera lectura​

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3, 1-5​


¡Insensatos Gálatas!

¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos se presentó a Cristo crucificado?

Solo quiero que me contestéis a esto: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

¿Tan insensatos sois? ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar con la carne?

¿Habéis vivido en vano tantas experiencias? Y si fuera en vano...

Vamos a ver: el que os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

Salmo de hoy​

Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75 R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo​


Suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R/.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza”. R/.

Y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos
que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R/.

Evangelio del día​

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 5-13​


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:

“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, si su descendiente le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un cigot, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros descendientes, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de las Monjas Dominicas Contemplativas del Monasterio de la Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela, Alicante).



Reflexión del Evangelio de hoy​

"¡Insensatos Gálatas!"​

Esta semana, en la Eucaristía diaria, estamos escuchando la carta de san Pablo a los Gálatas y el Evangelio según san Lucas. Las lecturas de este jueves establecen una conexión muy sugerente entre la recriminación de Pablo a los gálatas y la parábola del amigo inoportuno que nos presenta Lucas. A partir de esta relación, podemos contemplar la enseñanza de Jesús sobre la perseverancia en la oración a la luz de la experiencia de fe que vivieron los primeros cristianos de Galacia.

La primera lectura pone ante nosotros una interesante pregunta de Pablo a los Gálatas: después de haber comenzado por el Espíritu, ¿por qué pretenden ahora alcanzar la plenitud con sus propias fuerzas? Asusta la sinceridad y la energía con las que Pablo plantea esta antítesis teológica. Presenta a la comunidad de Galacia dos principios que parecen excluirse mutuamente a la hora de recibir el Espíritu: las obras de la Ley o la fe. Y les recuerda cómo experimentaron, desde el principio, la acción de Dios y los dones del Espíritu: a través de una fe vivida y anunciada.

Muchas veces nos falla la memoria. No recordamos los abrazos que Dios nos ha dado en los distintos momentos de nuestra vida cristiana: el agua del bautismo, el aceite de la confirmación, la absolución en el sacramento de la reconciliación. Son signos concretos de una presencia que nos acompaña y nos recuerda que Dios sigue actuando en nuestra vida.

Por eso, tampoco nosotros hemos de olvidar que nuestra fe en Cristo se funda en la experiencia de la acción del Espíritu. No somos nosotros quienes hacemos posible la obra de Dios con nuestras propias fuerzas; es Él quien sale a nuestro encuentro, nos transforma y nos sostiene.

Pedid, buscad, llamad: la oración que confía​

El Evangelio nos presenta a un hombre que pide pan, que llama a medianoche, que no deja de insistir, que no se detiene ante lo incómodo del momento y que no se marcha sin recibir una respuesta. Su gesto no es una falta de respeto, sino la expresión de una necesidad profunda. Jesús nos enseña que, si alguien, aun siendo perezoso, termina respondiendo a la petición insistente de un amigo, ¡cuánto más el Padre celestial responderá al clamor de quienes se dirigen a Él con fe! Por eso, Jesús nos invita a una oración perseverante: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá”.

Esta enseñanza del Evangelio puede entenderse como una “triple invitación a la oración”: pedir, buscar y llamar. Estas tres acciones nos llevan a reconocer nuestra vulnerabilidad, nuestras limitaciones y nuestra necesidad de los demás y, sobre todo, de Dios. Los verbos pedid, buscad, llamad expresan un movimiento creciente de la acción, tanto física como espiritual, y nos hablan de la perseverancia que ha de caracterizar la oración. En ella se entrelazan la confianza del creyente y la gracia de Dios.

Pedir es un acto de humildad. Supone romper con el orgullo de creer que lo sabemos o lo tenemos todo y reconocer que necesitamos de Dios y de los demás.

Buscar es un acto de apertura. Implica dejar de mirarnos únicamente a nosotros mismos para abrirnos a nuevas respuestas, reconocer que no lo sabemos todo y atrevernos a salir de nuestra “zona de confort”.

Llamar es un acto de confianza. Cuando tocamos una puerta esperamos que alguien responda al otro lado, aun sabiendo que podemos encontrarnos con el silencio o el rechazo. En la oración, llamar significa confiar en que no estamos solos y que, al otro lado de nuestra súplica, hay un Padre que escucha.

Cabe recordar que la vida cristiana es un don. Mientras Pablo denuncia la tentación de querer alcanzar la salvación por medio de las obras, Jesús nos asegura que al Padre no tenemos que convencerlo ni negociar con Él, sino confiar en Él como descendientes. Pedir el Espíritu Santo es reconocer nuestra necesidad de Dios y dejarnos transformar por su gracia.

No podemos alcanzar la plenitud por nuestras propias fuerzas; es Dios quien realiza su obra en cada uno de nosotros por medio de su Espíritu. Las lecturas de hoy nos ofrecen, cada una desde su perspectiva, una enseñanza vital que nos ayuda a alimentar nuestra fe y nuestra experiencia de Dios.

¿Oramos sabiendo que Dios siempre nos da lo mejor? ¿Vivimos nuestra fe como una obligación de cumplir normas o como una respuesta confiada al amor de Dios?

Esta semana, os invitamos a vivir la oración como un diálogo de confianza con el Padre, que ya sabe lo que necesitamos y que, por encima de todo, quiere regalarnos su Espíritu.

Fuente: Recordar para volver a confiar

Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.

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Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
 
Última edición:
Homilía (padre Santiago Martín, Franciscanos de María):

[...]

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Por petición popular, incorporo los enlaces del Santo Evangelio del día anterior:


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Coronilla de la Divina Misericordia
LO IDEAL ES REZAR LA CORONILLA A LAS 15 HORAS
Porque es la hora de la Misericordia y la hora en que Jesús dio su vida por nosotros

 
APOTEGMAS de los Padres del Desierto
(ἀποφθέγματα τῶν ἁγίων γερόντων)
Colección Alfabética

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Libro en línea: surco.org
Compiladas por el jesuíta Heribert Rosweyde (s.XVII). Traducción francesa por Guy, Regnault y los monjes de Solesmes.
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(mensaje citado en revisión)
 

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