La DANA deja 95 muertos y un parque móvil destruido en Valencia
La cifra de fallecidos por la DANA que arrasó Valencia y parte de Castilla-La Mancha se situaba en 95, según los datos que manejaban los afectados y que se reflejaban en las primeras horas del recuento. La catástrofe dejó tras de sí un reguero de daños materiales incalculables, pero sobre todo un rastro de vidas rotas que los participantes en el análisis no tardaron en poner por delante de cualquier balance económico. «El problema no son los incalculables daños materiales sino las irreparables vidas que esta DANA se ha llevado», resumía uno de los primeros mensajes, una idea que sobrevoló toda la conversación.
El drama humano y la gestión política
Las primeras reacciones fueron de consternación pura. «Brutal. DEP por los fallecidos», escribió uno. «Acojonante...DEP», añadió otro. Pero pronto el tono derivó hacia la política. La lentitud en la comunicación oficial de las cifras de víctimas mortales fue uno de los primeros puntos de fricción: «cuando escuché al sultán de la taifa Valenciana decir que las víctimas eran indeterminados y que no iban a decir números por respeto a sus familiares, le dije a mi mujer que iban a ser más de 100 y que irían controlando y filtrando toda la información posible», relataba un participante. La gestión de la Generalitat y del Gobierno central se convirtió en el blanco de buena parte de las críticas, con acusaciones de ocultación y de falta de previsión.
La comparación con otras administraciones y con la ayuda internacional también apareció. «¿Dónde está la organización de los políticos? ¿Dónde está el ejército?», se preguntaba un mensaje que citaba a vecinos llevando ayuda a pie. Frente a eso, otro participante ironizaba con que «menos mal que hay sanidad universal y gratis», en referencia a la respuesta institucional.
El negocio de los desguaces y el futuro del coche
Uno de los hilos argumentales más repetidos fue el destino de los miles de vehículos sepultados por el barro. «¿Todos esos coches van a la chatarra? Si es así ¡Joder a comprar coche nuevo todo dios en Valencia!», lanzaba un participante. La respuesta no se hizo esperar: «Los dueños y gerentes de desguaces frotándose las manos... Euros frescos...», apostillaba otro. El consenso era que la mayoría de esos vehículos acabarían en el desguace, aunque con matices: «Olvídate. Muy pocos volverán a andar y los que lo hagan será reemplazando módulos, centralitas y limpiando mucho», sentenciaba un mensaje.
La paradoja medioambiental también salió a relucir: «Nuestros gobernantes obligando a que tengas un coche lo más ecológico posible que no contamine 1,3 partículas por millón, y después viene un desastre de estos y tu coche forma parte de un escombro y jamás compensará su ecología. Qué irónico que es todo», reflexionaba un participante.
La teoría de las presas y el cambio climático
Entre los mensajes más compartidos apareció la teoría de que la demolición de azudes y presas en la cuenca del Júcar había agravado la riada. «Mirad también el tema de los embalses y presas demolidos en los últimos años siguiendo la directiva europea (pura Agenda2030)», sostenía un mensaje que atribuía la catástrofe a «la supresión del sistema de retención fluvial que levantó el franquismo». Esta hipótesis, sin embargo, no está respaldada por pruebas en el material analizado y se presentaba como una sospecha más que como un hecho.
Otros participantes optaron por señalar al cambio climático y a la falta de previsión: «Lo llaman culpa del cambio climático porque decir que ya se sabía que venía una gota fría pero el gobierno está a otras mierdas y no se le ocurrió decir a la gente que no salga de casa y cerrar los colegios, atrapando a mucha gente en la carretera», criticaba un mensaje. La polémica sobre si se avisó a tiempo a la población recorrió todo el análisis.
La solidaridad y la descoordinación
Frente a la crítica política, también hubo espacio para la solidaridad. «Vecinos llevando a pie ayuda y comida a los afectados. Agricultores dirigiéndose a ayudar a las tareas de reconstrucción», se destacaba en un mensaje. La imagen de ciudadanos organizándose por su cuenta, ante la lentitud de las administraciones, se convirtió en uno de los motivos más repetidos. «Todo mi apoyo a los valencianos y manchegos, habría que hacer algo para echarles una mano», escribía un participante.
La comparación con la ayuda a otros colectivos también generó polémica: «Millones de euros a invasores para que no les falte de nada en los hoteles de 5 estrellas. ¿Qué apostamos a que no se destinará ni la mitad a ayudar a miles y miles de afectados por la dana?», se preguntaba un mensaje. Estas opiniones, cargadas de hostilidad hacia un colectivo, se reproducen aquí de forma atribuida y sin compartirlas.
El relato de los que lo vivieron
Los testimonios directos aportaron la dimensión más cruda. «Mi familia es de un pueblo muy cercano a Paiporta y Picanya y aún están con el susto en el cuerpo. No tengo a nadie afectado de gravedad (entiéndase por gravedad muertes). Un amigo sí ha perdido el coche y le ha entrado el agua a casa. Las imágenes que me han ido llegando a lo largo de la mañana son acojonantes. En mi vida había visto nada igual», relataba un participante. Otro describía la odisea logística: «esta mañana he conseguido llegar de Sagunto a Quart de Poblet, al final para nada porque el cliente estaba cerrado, intentando salir por la A-3 he pinchado una rueda del remolque y ya me han dicho que con suerte vienen mañana, pero es que en el carril contrario hay una montaña de coches, muchos camiones no arrancan, hay días de trabajo».
La cifra de víctimas mortales, que empezó en 51 y fue escalando hasta 95, se convirtió en el termómetro de la tragedia. «Ya van 95 fallecidos y no creo que esta sea la última cifra. Alguien tendrá que asumir responsabilidades y dar muchas explicaciones», zanjaba un mensaje. La pregunta sobre quién debe responder por lo ocurrido quedó flotando en el aire, sin respuesta.