El MIT alerta de la rendición cognitiva en las aulas universitarias
El comité del MIT que ha revisado el impacto de los chatbots en la docencia no pide prohibirlos. Reconoce, en cambio, que la IA ya resuelve «casi cualquier trabajo del grado»: ensayos, problemas, demostraciones y código. El fenómeno tiene nombre, rendición cognitiva (cognitive surrender): la incapacidad de buscar una solución propia porque se da por sentado que la respuesta ya la tiene ChatGPT. El esfuerzo, sencillamente, deja de tener sentido.
Un escalón no es la escalera entera
La escritura, la imprenta y las calculadoras atrofiaron habilidades concretas. Nadie discute que un universitario medio divida peor que su abuelo. El argumento que recorre el análisis es que todas aquellas eran etapas intermedias: te ahorraban el cálculo, no la búsqueda de la solución. Con la IA, sostiene la tesis dominante, la respuesta final ya está disponible y desaparece la propia secuencia del esfuerzo. Hay quien matiza que la IA no crea nada ni innova, que da información falsa y que se le nota el texto, y que eso acabará revalorizando el trabajo humano. La objeción contraria es más incómoda: sin las capacidades que permiten detectar el error, tampoco hay criterio para exigirle algo mejor a la máquina.
Lo que la IA resuelve y lo que nadie aprende a pensar
El matiz decisivo señala la fase de aprendizaje. Quien usa hoy la IA para producir no la tuvo disponible cuando aprendía a aprender: atascarse, preguntar, fallar y corregir. Un examen de la UNED de 430 páginas de temario, corregido después por ChatGPT, arrojó un 7,5 estimado, casi idéntico a la nota real según la experiencia acumulada de quien lo probó. La IA como corrector funciona. Como profesor particular también: hay quien ha aprendido contabilidad y fiscalidad en dos meses con un instrumento disponible a cualquier hora, sin depender de asesores humanos divergentes y a menudo equivocados.
«Nos anuncian el incendio y nos venden el extintor»
La lectura institucional del documento no es apocalíptica. El informe procede de un comité que propone adaptar la docencia: exámenes orales, carpetas de trabajos durante el curso y más profesorado de apoyo para corregir. La mención a la rendición cognitiva aparece una sola vez, con cita externa. De ahí una sospecha recurrente: que el aviso sirva también para justificar el propio negocio académico. La crítica de fondo apunta a un sistema educativo deteriorado desde hace décadas, al que la IA solo remata; la prueba que se propone es preguntar a chavales de 16 a 18 años cuánto es 8x8 o 5x5x5.
El rastro económico: menos cotizantes, menos recaudación
El asunto tiene traducción contable. Si un despacho pasa de 25 a 10 arquitectos y dobla su cartera de proyectos, la caída de cotizaciones y del empleo que depende de inversión pública —obra civil, defensa, servicios— no la compensa el aumento de beneficio empresarial. La réplica es que la recaudación crece sola con la actividad y que los desplazados acaban montando su propio despacho. Todo en teoría.
Si la máquina ya entrega la respuesta final, ¿quién queda para enseñar a dudar de ella?