Alicante ya supera a Sevilla y Murcia entra en el top 10
La quinta provincia más poblada de España no es Sevilla ni Málaga. Es
Alicante. La séptima es
Murcia y la octava,
Cádiz. El ranking provincial de población ha dejado de parecerse al mapa industrial que dibujó el siglo XX y se parece cada vez más a un mapa de insolación, playa y precio del metro cuadrado. En el extremo opuesto,
Soria, Teruel, Zamora o Palencia siguen perdiendo gente mientras sus capitales se sostienen a duras penas. La foto no es nueva, pero el orden de los nombres sí.
El punto de partida del análisis es una lista de provincias ordenada por habitantes. A partir de ahí, el diagnóstico se repite con distintos ejemplos: la costa crece, el interior y el noroeste se vacían y las dos grandes áreas metropolitanas —Madrid y Barcelona— siguen absorbiendo población por encima de cualquier otra consideración económica.
Gerona aparece como el caso más llamativo: de provincia turística y poco poblada hace cuatro décadas a crecer año tras año sin que nadie termine de explicarlo.
Canarias supera en habitantes a Zaragoza o Asturias con una fracción de su superficie.
El eje mediterráneo manda y el interior pierde
El corredor que va de
Murcia a Alicante funciona ya como una sola conurbación. Hay quien sostiene que, sumadas, ambas provincias superan a Valencia y que el día en que sus habitantes tomen conciencia de ello, el mapa político y económico de España tendrá que reordenarse. La foto nocturna desde el satélite, dicen, no deja lugar a dudas: la mancha urbana es continua.
En el lado contrario, el oeste y el norte pierden habitantes cada año.
Lugo tiene más vacas censadas que personas,
Asturias funciona como un geriátrico a cielo abierto y provincias que fueron motor industrial —León, la propia Asturias, incluso Pontevedra— ceden población pese al aporte migratorio. El caso de
Jaén es el más citado: de ser una de las provincias más pobladas de España en los años treinta del siglo pasado, con más de 800.000 habitantes, a quedarse por debajo de los 620.000 y bajando. La despoblación ya no es un fenómeno exclusivo de Castilla: ha entrado en Andalucía por el norte.
¿Por qué Málaga crece más que Sevilla?
Málaga sube más de 100.000 habitantes en un solo ejercicio y ya se coloca a un paso de superar a Sevilla. La consecuencia se nota en la ciudad: alquileres disparados, patinetes por todas partes, turismo extranjero y un coste de la vida que expulsa a los propios malagueños de los barrios donde nacieron. Hay quien lo resume con una frase que circula: la ciudad va a morir de éxito.
Sevilla, en cambio, se sostiene a duras penas. Su área metropolitana supera el millón y medio de habitantes y actúa como polo económico, pero fuera de ese anillo la provincia empieza a mostrar los síntomas clásicos de la España vaciada: pueblos pequeños que pierden vecinos año tras año. El fenómeno ya no distingue entre comunidades autónomas.
El plan de repoblación que nadie termina de diseñar
La propuesta más repetida es que hace falta un plan estatal para llevar población al interior. Pero el consenso se rompe en cuanto se concreta cómo. Hay quien pide trabajo de calidad y no solo subvenciones; hay quien reclama que se permita el teletrabajo como herramienta de repoblación; y hay quien directamente sostiene que la inmigración no es la solución porque, argumenta, los recién llegados también acaban concentrándose en la costa y en las grandes ciudades. Ninguna de esas tesis ha pasado por encima de la evidencia contraria.
El otro gran debate es el del peaje. Para que
Ávila y Segovia crezcan y Madrid desahogue, se argumenta, habría que quitar el peaje de la AP-6 a la altura de Adanero. La crítica a la clase política castellano y leonesa por no presionar lo suficiente aparece varias veces en la conversación.
El País Vasco y el giro del norte
Uno de los datos que más sorprende es la recuperación demográfica del País Vasco. De ser provincias que hace décadas no destacaban por su crecimiento,
Vizcaya ha vuelto al top 10 provincial. El fenómeno se atribuye a la llegada de población de otras regiones y de origen extranjero, en un contexto de industria consolidada y servicios públicos fuertes.
También llama la atención la resistencia de
Pontevedra, que cede población pese a tener costa y un aporte migratorio significativo. Y la de
La Coruña y Pontevedra como provincias históricamente densas: ya en el siglo XVIII, según se recuerda en la conversación, la mayor concentración de población de la península estaba entre Lisboa y Ferrol, no en el Mediterráneo.
¿Cuánto tiempo puede sostener una provincia su población cuando el único motor que le queda es el turismo y la agricultura intensiva? Nadie en la conversación tiene la respuesta. Y mientras tanto, el ranking sigue moviéndose.