Tener un gato: 600 euros una cirugía y pienso de 6 a 12 euros el kilo
La pregunta parece de broma: ¿cuánto cuesta realmente un gato? La respuesta corta es que el gasto corriente es ridículo y el imprevisto puede arruinarte el mes. Un animal de compañía come entre 70 y 75 gramos de pienso al día, según los cálculos que manejan quienes conviven con ellos, y el kilo de alimento se mueve entre
6 y 12 euros según marca y composición. Ahí no está el problema. El problema llega cuando el bicho enferma.
Una noche de hospitalización veterinaria se factura a
60 euros. Las medicinas no están subvencionadas. Una insuficiencia renal felina, enfermedad crónica habitual, se trata con pastillas de unos
20 euros al mes más un pienso especial de otros
30 euros mensuales. Y una cirugía puede alcanzar los
600 euros. Ese es el verdadero coste de tener un gato, y no el saco de comida.
¿Cuánto come un gato al día y cuánto cuesta mantenerlo?
El cálculo básico lo tiene cualquiera que haya pasado por caja: una hembra europea esterilizada, de tamaño medio y buen apetito, consume entre
70 y 75 gramos diarios de pienso. Con sacos de 7,5 kilos comprados por internet, el kilo sale a poco más de
5 euros en las marcas sin cereales más populares. Un mes de comida para un solo animal no llega a 15 euros. Para dos, menos de 30.
La horquilla se abre cuando se compara calidad. Hay piensos desde
6 euros el kilo hasta
12 euros el kilo, y la diferencia no es cosmética: los que eliminan los cereales de la fórmula (el gato es carnívoro estricto) se han convertido en el estándar que recomiendan muchos veterinarios y casi todos los que han probado ambos. La transición, eso sí, no siempre es limpia. Hay casos de gatos que pasaron semanas con diarreas al cambiar de pienso, y otros que no notaron absolutamente nada.
La comida húmeda es otro capítulo. Media lata al día como desayuno es la rutina más repetida, y las marcas con menos azúcar añadido se han impuesto entre quien lee la etiqueta. El gasto extra es marginal comparado con el veterinario.
El gasto que nadie calcula: veterinario, esterilización y enfermedades crónicas
Aquí se rompe el relato del animal barato. La esterilización no es opcional si se quiere convivir con un gato: los machos sin capar se escapan y vuelven magullados, y las hembras maúllan sin parar cuando entran en celo. La operación tiene coste, pero evita camadas no deseadas y previene enfermedades. El consenso es claro: adoptar a un gato ya esterilizado ahorra dinero y disgustos.
Las vacunas y los tratamientos preventivos son otra partida que muchos propietarios deciden saltarse. Hay quien reconoce abiertamente que no ha vacunado a sus gatos porque no salen de casa. Es una decisión económica defendible y sanitariamente discutible, y conviene saber que existe antes de tomar la contraria.
El escenario realista incluye imprevistos. Una noche de hospitalización son
60 euros. Una cirugía,
600. Una enfermedad crónica puede sumar
50 euros al mes entre pastilla y pienso especial. Quien tenga dos gatos multiplica por dos la exposición. El cálculo completo, partida a partida, desmonta la idea de que un animal de compañía es un gasto menor.
¿Es mejor tener uno o dos gatos?
La respuesta que domina es dos. Un gato solo pasa muchas horas sin compañía, y aunque el dueño juegue con él, no puede relacionarse como lo haría otro gato. Quien ha tenido uno solo durante años y luego ha incorporado un segundo compañero describe un cambio evidente: juegan, duermen juntos, se dan mimos. El gasto adicional es casi todo comida, porque el veterinario, el arenero y los juguetes se comparten.
La excepción razonable es el gato adulto. Los cachorros son más trastos, rompen cosas y pueden cambiar de carácter al crecer. En las asociaciones hay gatos de un año o más, ya con carácter formado, que nadie adopta por la obsesión de querer algo nuevo. Adoptar un adulto es más barato, más predecible y más útil socialmente.
Comprar o adoptar: el argumento que no se sostiene
La adopción gana por goleada en el consenso, pero no sin matices. Hay quien defiende que la compraventa regulada de animales existe y funciona: criaderos registrados, con normas, que no entregan crías a cualquiera. Y hay quien responde que comprar en tienda perpetúa el ciclo de criaderos masivos, porque cada animal vendido deja un hueco en el escaparate que otro ocupa.
El punto intermedio que más se repite: si se compra, que sea directamente al criador, nunca a un intermediario que no dice de dónde salen los animales. La comparación que circula es la del pollo del supermercado frente al de la pollería del pueblo.
Lo que nadie te cuenta del gato: agua, ventanas y riñones
El punto flaco del gato son los riñones. Cuanta más agua beba, mejor. El truco que funciona no es comprar fuentes ni cacharros caros: es separar el bebedero del comedero. Por instinto, el gato considera sucia la zona donde come y bebe menos de un recipiente próximo a ella. Cambiar el agua de habitación aumenta el consumo de forma visible.
Las ventanas son otro riesgo silencioso. La curiosidad del gato y un descuido pueden acabar en caída. La solución barata es una malla resistente instalada en la ventana, no una mosquitera convencional.
Y una advertencia sobre razas: los gatos de razas seleccionadas por su instinto cazador o por su tamaño necesitan espacio y dedicación. Tener un bosque de Noruega en un piso es, en palabras de quien los conoce, como encerrar a una persona en un ataúd. Los mestizos europeos salen más sanos, más baratos y más adaptables.
Al final, la decisión no es económica. Es de compromiso. Un gato puede vivir quince años, enfermar, necesitar medicación diaria y condicionar tus vacaciones. Quien haya perdido uno lo sabe: en tres días puede pasar todo, y el hueco que deja no se mide en euros. ¿Merece la pena? Depende de si estás dispuesto a que un animal decida por ti cuándo te levantas los sábados.