Zhao Lijian y el tuit que acusa a EEUU de 10 guerras sin sanción
¿Cuántas guerras puede librar un país antes de que alguien se atreva a sancionarlo? El subdirector del Departamento de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, respondió con tres cifras y un destinatario: «1987-2017. USA. 10 guerras, 6 millones de muertos, 0 sanciones». El mensaje, escoltado por las etiquetas #NoDoubleStandards y #NoSanctions, se convirtió en el punto de partida de una discusión que salta del recuento de víctimas al estado real de la industria europea.
La lectura inmediata es también la más obvia: si el mecanismo sancionador se activa contra unos y nunca contra quien firma las guerras, entonces no es un instrumento jurídico, sino una
herramienta de poder. Otra cosa es si quien lo señala tiene autoridad para hacerlo.
Qué dice el tuit y por qué se publica
El tuit atribuye a Estados Unidos
diez guerras en tres décadas, seis millones de muertos y ninguna sanción internacional, en un contexto en el que el eje de la política internacional son las medidas punitivas contra Rusia. La etiqueta #NoDoubleStandards concentra la tesis: la sanción no se reparte según el daño causado, sino según la conveniencia de quien la firma.
Hay coincidencia amplia en que las intervenciones estadounidenses de ese periodo dejan un balance de víctimas civiles enorme y que ninguna ha tenido consecuencias jurídicas para Washington. También se repite un detalle viejo y difícil de rebatir: entre los autores de los atentados del 11-S no había ni un solo afgano, iraquí o libio;
17 eran saudíes, uno egipcio y otro de Emiratos. Si eso no bastó para redirigir la respuesta, el argumento de que las sanciones premian al fuerte se sostiene solo.
La respuesta que se repite es otra: la cifra es cierta, pero
el mensajero es el último que puede esgrimirla.
¿Cuántas víctimas se atribuyen al Gran Salto Adelante?
El contraataque no discute el fondo, discute quién firma. La réplica más recurrente consiste en recordar el propio recuento: hay quien habla de
78 millones de muertos atribuidos a Mao Zedong en una sola década, y quien añade otros 60 millones vinculados a la campaña contra los gorriones. Cifras que circulan desde hace años sin verificación independiente posible.
Sobre esa falta de acuerdo se libra la pelea. Una línea sostiene que las cifras del Gran Salto Adelante son un invento de origen anglosajón y apoya el argumento en la demografía: cómo se explica que la población china creciera a ritmos nunca vistos justo en los años de la hambruna. La réplica es que crecer y perder millones de habitantes no son incompatibles, sobre todo partiendo de una natalidad altísima.
En medio queda el dato de la
política del hijo único, aplicada después para frenar la superpoblación gestada entre 1960 y 1980, cuando el país rondaba los 969 millones de habitantes. Cada bando elige el tramo de la serie que le conviene.
¿Se pueden fiar de las estadísticas de la FAO?
Ahí se enreda todo. La serie demográfica que se usa como prueba procede de la FAO, y no falta quien recuerda que China dona millones de dólares a ese organismo y que su director general figura en la cúpula institucional china, el mismo reproche que se lanza contra la OMS. Si el problema son las instituciones, no queda cifra en pie: ni las del adversario ni las propias.
Bucha y el problema de verificar una guerra
La discusión derivó hacia la credibilidad de la información en tiempos de guerra. Sobre lo ocurrido en Bucha coexisten versiones incompatibles y ninguna prueba concluyente dentro del intercambio: hay quien sostiene que el escenario pudo prepararse y quien recuerda que
las mentiras son moneda corriente en cualquier conflicto. La conclusión que se impone, incómoda, es que verificar un hecho sobre el terreno se ha convertido en un acto de fe para el lector de a pie.
¿Por qué preocupa que China controle la industria europea?
Porque ya no es una hipótesis. Cualquiera que haya trabajado en un taller ha visto cómo la producción china se hacía con el mercado, primero con precios y después con patentes y materiales. La tesis que recorre esta parte del análisis es que si Pekín cortara el suministro, la cadena se para, y que el error de fondo fue deslocalizar la industria media convencidos de que lo importante era el conocimiento y no la fábrica.
A eso se suma la pata financiera. China figura como primer extractor mundial de oro y Rusia como segundo; juntas superan las
800 toneladas anuales, contando lo que compran fuera y lo que acumulan sus ciudadanos. Un colchón que no depende de ningún sistema de pagos.
Que el mecanismo sancionador es selectivo no lo discute casi nadie. Que quien lo denuncia publique su propio recuento, tampoco. El tuit, por cierto, no incluye ninguna cifra propia. Nadie ha pedido sanciones por eso.