Tres decisiones condenaron a Hitler: Rusia, EEUU y la gasolina
Uno de los participantes en el debate sostiene que la Alemania nazi aguantara hasta 1945 con una economía inferior a la de sus rivales es casi un milagro militar. El repaso de la derrota del Tercer Reich descarta la traición de los generales y la mala suerte: hubo una suma de decisiones que transformaron una ventaja inicial en una sentencia.
¿Por qué la entrada de Estados Unidos fue decisiva?
En diciembre de 1941 Alemania declaró la guerra a la mayor potencia industrial del planeta sin haber cerrado antes los frentes abiertos en Europa y el norte de África. Para varios intervinientes, ahí se acabó la partida: hasta ese momento Washington no había desplegado todo su potencial militar en el conflicto europeo.
Desde entonces la balanza dejó de ser militar y pasó a ser fabril.
Una economía que producía menos que sus enemigos no podía ganar una guerra de desgaste, por muchos avances tácticos que lograra al principio.
Rusia: territorio, invierno y combustible
La invasión de la Unión Soviética concentra las críticas más duras. Se argumenta que atacar un territorio tan vasto carecía de lógica logística, y que la Wehrmacht se empantanó
cuando se le acabó la gasolina y terminó la guerra de maniobras.
Las decisiones del propio Hitler agravan el diagnóstico: impuso una defensa estática y rechazó la defensa elástica que le proponían sus generales, además de postergar el caza a reacción mientras priorizaba los bombardeos. Detalles que, sumados, cuestan meses.
La soberbia de creerse racialmente superior
Aquí el análisis se divide. Una corriente sostiene que la ideología del régimen le impidió medir a sus enemigos: creyó que sus rivales, al este y al oeste, no resistirían. Otra apunta que el problema no fue la doctrina racial sino la incapacidad de anticipar la resistencia ajena.
Lo cierto es que en 1941 casi nadie apostaba por el Ejército Rojo, que había perdido una guerra contra Japón, se había colapsado en 1917 y había hecho el ridículo contra Finlandia. Ese contexto explica la apuesta alemana.
Siete frentes y aliados que no ayudaban
El este, los Balcanes, el oeste, la retaguardia, la batalla aérea, la marina y África.
Siete frentes para un país con recursos limitados y con un aliado italiano al que se le atribuye más estorbo que ayuda.
Y una pregunta incómoda sobre Dunkerque: según uno de los intervinientes, el Tercer Reich permitió que
350.000 soldados aliados -250.000 británicos y 100.000 franceses, belgas y luxemburgueses- se retiraran durante más de seis días hacia Dover, un país que decía tener planeado invadir.
Con la gasolina contada y los frentes multiplicados, el repaso se atasca siempre en el mismo punto: qué habría pasado si el Estado soviético se hubiera colapsado como esperaba Hitler. No ocurrió, y ahí se agota el margen de la historia contrafactual.